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El mito del “control absoluto” – Análisis de Patricio Krateil

Se ha vuelto a poner sobre la mesa gracias a algunos emisarios del centrismo bien pensante que el fujimorismo mediante Keiko Fujimori, ha tomado desde hace años el control del Congreso y que, gracias a ese supuesto dominio absoluto, ha hecho y deshecho a su antojo, sin la necesidad de conciliar con nadie. Sin embargo, cuando se revisan las votaciones parlamentarias con lupa y se pone analiza de forma consciente, vemos que la historia de las reformas constitucionales y la propia composición del Parlamento, no es para nada como la izquierda la dibuja.

En ese sentido, el excandidato presidencial Jorge Nieto Montesinos afirmo hace no mucho que Keiko Fujimori tuvo el poder suficiente para cambiar más de 50 artículos de la Constitución.

La afirmación parte de un dato real, el Congreso sí modificó 53 artículos constitucionales mediante la reforma que restableció la bicameralidad en el Perú. Pero una cosa es modificar múltiples artículos y otra muy distinta es afirmar que una sola bancada impuso unilateralmente todos esos cambios.

El principal problema de esa narrativa es matemático. Fuerza Popular tiene 21 votos en el Congreso, mientras que una reforma constitucional necesita al menos 87 votos para aprobarse sin referéndum. Es decir, el fujimorismo nunca tuvo los números suficientes para ejecutar una reforma de esa magnitud por sí solo.

La bicameralidad fue aprobada gracias a acuerdos políticos con otras bancadas como Alianza para el Progreso, Renovación Popular, Avanza País y diversos congresistas independientes. En otras palabras, fue una reforma multipartidaria, no una imposición exclusiva del fujimorismo.

Además, varios constitucionalistas han explicado que el cambio de un sistema unicameral a uno bicameral obligaba necesariamente a modificar decenas de artículos dispersos a lo largo de toda la Constitución. Muchas de esas modificaciones fueron ajustes técnicos y normativos. Pasar por ejemplo palabras de “Congresista” o “Diputado” a “Senador”, dada que ahora contaremos con estos en toda una cámara. Cambios simples, casi gramaticales.

Por eso, modificar 53 artículos no significa realizar 53 reformas constitucionales independientes. Son cosas completamente diferentes tanto en forma como en fondo.

Ahora cabe mencionar que la Constitución de 1993 ha sido reformada de manera gradual durante más de tres décadas y por gobiernos de distintas tendencias políticas. Hubo modificaciones durante el propio gobierno de Alberto Fujimori, pero también durante los gobiernos de Alejandro Toledo, Alan García, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski y un largo etc.

Entre las reformas ejecutadas que hoy por hoy han alterado y modificado la política peruana destacan la creación de la Junta Nacional de Justicia, la eliminación de la inmunidad parlamentaria, el reconocimiento del acceso al agua potable como derecho constitucional y la ampliación del número de congresistas. Algunas acertadas, otras evidentemente nos han dejado terribles males y retrocesos. Pero el punto es claro, la constitución si ha tenido cambios, no siempre de la mano del Fujimorismo e incluso cuando fue Fuerza Popular la abanderada no lo hizo de forma unilateral. Por el contrario, al igual que cualquier grupo político, este requirió del apoyo de otras bancadas.

De hecho, varias de las más grandes reformas a nivel político pasaron directamente por las urnas. El referéndum del 2018 fue el que finalmente permitió aprobar la creación de la Junta Nacional de Justicia, regular el financiamiento de partidos y prohibir la reelección inmediata de congresistas.

Paradójicamente, años después el propio Parlamento restableció la reelección parlamentaria mediante la reforma bicameral. Esto evidencia que nuestra Constitución sí cuenta con mecanismos efectivos de reforma, al punto de permitir la modificación de decisiones constitucionales adoptadas apenas unos cuantos años atrás. Por ende, resulta caprichoso que luego de tantas reformas constitucionales efectivas, escuchar a Roberto Sánchez y Juntos Por el Perú sobre una Asamblea Constituyente alegando que esta tiene muchos errores, pero olvidando que incluso esos aparentes errores para el socialismo, pueden, eventualmente ser cambiado.

Pero volviendo al tema Keiko Fujimori – y del mito que la pinta como si fuese la mismísima Palpatine de Star Wars manejando todo tras bambalinas- recordemos que incluso en los periodos donde Fuerza Popular tuvo más representación parlamentaria, el sistema político peruano siguió mostrando altos niveles de fragmentación, conflicto y pugnas internas.

El propio Congreso dominado por Fuerza Popular entre 2016 y 2021 terminó siendo disuelto tras el choque con el gobierno del encarcelado Martín Vizcarra. Es decir, el supuesto dominio total termino siendo removido muy fácilmente.

La evidencia parlamentaria actual sugiere que el problema del Perú no ha sido un control absoluto del Estado por parte de una sola agrupación política como osadamente sostiene Steven Levitsky sino más bien la precariedad institucional y la incapacidad política conjunta para gestionar recursos y conciliar agendas duraderas en favor del ciudadano.

No obstante, afirmar que Keiko Fujimori “domina” el Congreso simplifica demasiado y con malicia una realidad política donde lo que reina es el desorden y la negligencia institucional en todas sus facetas, algo que, para variar, omiten los ideologizados diarios progresistas. 

Last modified: 31 de mayo de 2026
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