Día 54. La violencia en la capital ya no es un presagio. Tras una mala estrategia de disuasión, Lima se convirtió en un eco de los excesos posgolpe de Estado de Pedro Castillo: elementos rebeldes provocando a las fuerzas del orden —lanzando rocas, pirotecnia, bolas de aluminio, etc.— para que se materialicen sus demandas inconstitucionales, entre estas la renuncia de Dina Boluarte y la instalación de una asamblea constituyente. Este último sábado 28 de enero, con el Centro de Lima como epicentro, se experimentó el episodio más cruento. El saldo: un fallecido. Por la antesala de esta encrucijada —injerencia de organizaciones terroristas como Sendero Luminoso, de criminales como de la minería ilegal, de extranjeros como los ponchos rojos de Bolivia—, el origen de este deceso está en disyuntiva. La izquierda, sin embargo, viene acusando a la Policía, pese a que la institución no tiene licencia para portar armas. Apelando a su hegemonía en redes sociales, vienen torciendo la realidad para jalar agua para su molino.