Escrito por 12:25 Informes • One Comment

¿Te miro, pero no te toco?

El presidente interino José Jerí acudió este último miércoles 21 de enero a la Comisión de Fiscalización para responder por el llamado Chifagate: reuniones no registradas con empresarios chinos, presunto tráfico de influencias y la sombra persistente de un entramado empresarial que, en los pasillos del poder, ya tiene nombre propio: el Club del Dragón. Hasta ahí, el libreto parece conocido. Presidente bajo sospecha, supuesto Congreso inquisidor, cámaras encendidas, indignación en mínimas y máximas cuotas.

A esto, se ha sumado un problema paralelo. Ya no hablo solo del guion, sino de quién o quiénes hacen las preguntas. Y aquí me pongo al margen de la izquierda incendiaria y de la derecha tibia.

Porque Jerí no declaró ante una comisión cualquiera, sino ante un grupo parlamentario presidido e integrado por congresistas que arrastran investigaciones fiscales por exactamente el mismo patrón que hoy dicen fiscalizar: intermediación política, lobby informal y vínculos con empresas chinas beneficiadas con contratos públicos.

En términos simples —y brutales—: el presidente investigado habló ante investigados.

La paradoja institucional

La Comisión de Fiscalización está presidida por Elvis Vergara, congresista de Acción Popular e integrante del grupo conocido como ‘Los Niños’. No es un apodo mediático ni una exageración retórica: es una categoría fiscal. La Fiscalía de la Nación lo investiga —junto a otros parlamentarios— por presunta organización criminal, tráfico de influencias y colusión agravada, en el marco de las negociaciones políticas y administrativas durante el régimen de Pedro Castillo.

Vergara no es una excepción. En la misma comisión figuran congresistas como Ilich López y otros legisladores que han sido señalados en investigaciones fiscales y reportajes de largo aliento por actuar como intermediarios entre el Ejecutivo y empresas interesadas en contratos del Estado, especialmente en el sector Transportes.

No se trata de sospechas etéreas. La Fiscalía ha documentado que varios de estos congresistas habrían facilitado, promovido o acompañado gestiones para que consorcios específicos accedan a adjudicaciones millonarias, a cambio de respaldo político al Ejecutivo castillista.

En otras palabras, el mismo ecosistema político que hoy se rasga las vestiduras por el Chifagate fue parte —según expedientes fiscales— del engranaje que permitió que empresas chinas y consorcios mixtos accedieran a obras públicas de gran envergadura.

El antecedente que nadie quiere recordar

Nada de esto empezó con Jerí. La exministra de Transportes Paola Lazarte lo advirtió con claridad quirúrgica entre 2022 y 2023: en el Estado peruano operaban clubes de empresas chinas que se coludían para repartirse obras públicas, presentando información inexacta y utilizando intermediarios políticos como lubricante del sistema.

Durante su gestión, Lazarte anuló contratos millonarios obtenidos por China Railway Tunnel Group, empresa investigada por irregularidades graves que, aun así, había recibido luz verde para contratar con el Estado. En paralelo, reportes periodísticos y fiscales identificaron consorcios integrados por firmas como China Civil Engineering Construction Corporation (CCECC), China Railway N.º 10 Engineering Group y empresas peruanas asociadas —como INIP Ingeniería Integración de Proyectos— que concentraron adjudicaciones por cientos de millones de soles en Provías y el MTC.

No eran teorías conspirativas ni paranoia geopolítica. Eran expedientes administrativos, informes técnicos, registros de reuniones y alertas internas.

El problema es que, cuando el ruido político bajó, todo volvió a archivarse.

El Club del Dragón y el déjà vu

El Chifagate solo reabre un expediente incómodo. Las reuniones no registradas de Jerí con empresarios chinos, el presunto uso de intermediarios informales y la opacidad en la agenda evocan el mismo patrón que ya conocimos: diplomacia paralela, lobby sin actas, puerta giratoria sin control. Todo, hasta ahora, en condicional por supuesto

Lo corrosivo ahora es que la comisión encargada de investigar el presunto tráfico de influencias está integrada por actores que fueron —y en algunos casos siguen siendo— investigados por facilitar tráfico de influencias con empresas chinas. No es una acusación moral. Es un conflicto de interés político estructural.

Tras la sesión del 21 de enero, el propio Elvis Vergara declaró que las explicaciones de Jerí no agotan las líneas de investigación y anunció que evaluarán solicitar facultades de comisión investigadora especial: reuniones permanentes, profundización del caso y, eventualmente, herramientas más incisivas como el levantamiento del secreto bancario y tributario u obligar comparecencias bajo apercibimiento de ley.

El anuncio no despeja el panorama. Lo vuelve más inquietante. Porque no se trata solo de que un presidente bajo sospecha sea fiscalizado, sino de quién pretende ampliar sus facultades para hacerlo. Que un congresista investigado por colusión e intermediación con actores chinos proponga profundizar una pesquisa del mismo patrón multiplica la desconfianza.

Fiscalizar sin espejo

En el Perú, la fiscalización se ha convertido en un ritual extraño, casi esquizofrénico. Quienes no aclararon sus propios vínculos hoy exigen explicaciones ajenas. Quienes fueron señalados como intermediarios hoy preguntan por intermediarios. Quienes guardaron silencio cuando los consorcios avanzaban hoy descubren el problema.

Esto no exonera a José Jerí. Los indicios existen y deben investigarse con rigor. Pero sí desnuda la fragilidad del sistema. Esto parece más un teatro de control.

Si el Club del Dragón existe —como advirtieron ministros, periodistas y fiscales desde hace años—, entonces no es patrimonio de un presidente ni de un solo gobierno. Es una estructura transversal que sobrevive a partidos, mandatos y crisis.

Y si eso es cierto, entonces el problema no es solo qué dijo hoy José Jerí, sino quiénes están sentados frente a él fingiendo sorpresa.

Porque cuando los fiscalizadores comparten prontuario político con los fiscalizados, el país no avanza hacia la verdad. Gira en círculos sobre su propio cinismo.

Y luego se pregunta —con una mezcla de indignación selectiva y memoria frágil— por qué todo vuelve a estallar.

Visited 342 times, 2 visit(s) today
Last modified: 22 de enero de 2026
Close