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La izquierda se rearma en las regiones

Verónika Mendoza quiere convertir Cusco en plataforma frente al Gobierno, Roberto Sánchez ya la respalda y figuras del castillismo reaparecen en Cajamarca y Huánuco. Las regionales pueden devolverle territorio a una izquierda que perdió Palacio.

Verónika Mendoza ya encontró una explicación para el Cusco que quiere gobernar: Lima se lleva el gas y el sur se queda mirando. “Desde hace 25 años se están llevando ese gas a Lima y lo están rematando fuera del país, mientras que para los pueblos del sur, nada”, dijo durante la campaña. La frase tenía todo lo necesario para prender en una elección regional. Solo le faltaba una cosa: ser cierta.

PerúCheck revisó las cifras y la calificó como falsa. Cusco ha recibido alrededor de S/30.000 millones por canon gasífero; miles de vehículos de la región utilizan gas natural y parte de la electricidad que llega al departamento se genera con ese combustible. Otra discusión, perfectamente válida, es por qué la masificación domiciliaria sigue rezagada. Pero “nada” significa nada. Y Cusco sí recibió.

La exageración no es un detalle lateral de la campaña. Toca precisamente el nervio sobre el que Mendoza intenta reconstruir su carrera política. Presentar a Cusco como una región maltratada por el centralismo y colocarse ella como su voz frente a Lima. Después de sus derrotas nacionales, la candidata de Venceremos ya no necesita conquistar Palacio para volver a instalarse en la primera línea. Le basta con ganar territorio.

Su plan de gobierno lo reconoce con una claridad bastante mayor que sus discursos. Venceremos propone que Cusco lidere una “agenda macroregional del sur”, articule intereses con otras regiones y fortalezca su capacidad de presión frente al poder central. Sus adversarios han utilizado incluso una formulación todavía más incómoda para ella. Convertir Cusco en un “bastión de resistencia” frente al Gobierno de Keiko Fujimori. El concepto importa porque convierte una elección administrativa en una operación política de alcance nacional.

Mendoza llega, además, con respaldo desde otra esquina de la izquierda. Roberto Sánchez, ex candidato presidencial de Juntos por el Perú y rival de Fujimori en la segunda vuelta presidencial de junio, se ha aproximado públicamente a su candidatura. Meses atrás Venceremos respaldó a Sánchez contra Fujimori; ahora, con JPP sin candidato propio fuerte en Cusco, los caminos vuelven a juntarse. No prueba la existencia de una dirección única de la izquierda regional, pero sí muestra que después de competir separados por Palacio, algunos de esos espacios vuelven a encontrarse cuando el premio termina siendo, al menos, una porción de territorio.

NO SOLO ES CUSCO

En Cajamarca, JPP presenta a José Nenil Medina, exalcalde de Anguía y personaje conocido por su proximidad al entorno político de Pedro Castillo. Medina sigue comprendido en investigaciones por presunta organización criminal, colusión y lavado de activos; ninguna de ellas equivale a una condena. Su presencia, sin embargo, muestra que el castillismo tampoco desapareció con la caída del golpista. Todavía una parte de sus antiguos operadores intenta regresar por las urnas regionales.

La competencia cajamarquina revela además que la izquierda no tiene una sola puerta. Venceremos lleva allí a Yuri Neyra, que aparece primero en uno de los sondeos digitales locales disponibles, mientras Medina registra cifras mucho menores en ese mismo ejercicio. El dato no sirve para proyectar un resultado —se trata de votaciones voluntarias, no de una encuesta probabilística—, pero sí exhibe una característica del nuevo mapa. Venceremos, JPP y organizaciones regionales disputan muchas veces el mismo electorado sin necesidad de compartir candidato.

Huánuco ofrece otro regreso más reconocible. Rosendo Serna, exministro de Educación de Pedro Castillo, busca ahora el Gobierno Regional con Unidos por el Desarrollo de Huánuco. Serna intenta vender un perfil técnico y regional, pero llega a estas elecciones con una credencial política imposible de borrar: formó parte del último tramo del gobierno castillista y ahora busca reconstruir poder desde su región.

Puno completa la fotografía por el sur. Juntos por el Perú participa mediante una alianza regional y comparte cancha con candidatos regionalistas que mantienen discursos duros sobre minería, descentralización y relación con Lima. Las mediciones públicas allí son demasiado débiles para presentar a alguno como eventual ganador, pero la región importa por algo más elemental: fue uno de los territorios donde Keiko Fujimori encontró mayor rechazo en la segunda vuelta. Una gobernación enfrentada al Ejecutivo en Puno tendría un valor político muy superior al de su simple presupuesto.

Y Arequipa recuerda que el eventual frente contra Lima ni siquiera necesita ser estrictamente de izquierda. Elmer Cáceres Llica, hoy candidato de APP, ha sido uno de los actores regionales más confrontacionales en torno a Tía María y vuelve a aparecer entre los primeros lugares de mediciones recientes. Puede no compartir partido con Mendoza y coincidir con ella mañana en presupuesto, minería o descentralización. La política regional construye alianzas más rápido alrededor de un conflicto que alrededor de un manifiesto.

Eso es lo que convierte estas elecciones en algo distinto de un reparto de gobernaciones.

La izquierda perdió el Ejecutivo nacional, pero conserva cuadros, dirigentes, antiguos ministros, excandidatos presidenciales y territorios donde el rechazo al Gobierno sigue siendo alto. Mendoza quiere convertir Cusco en plataforma. Sánchez se acerca. Figuras del castillismo reaparecen bajo otras siglas. JPP conserva presencia en el sur. Y los nuevos gobernadores asumirán, además, con una disputa ya abierta: la Asamblea Nacional de Gobiernos Regionales cuestiona una reducción de 19,12% en el presupuesto inicial previsto para inversiones regionales en 2027.

La primera pelea, por tanto, ni siquiera necesita ser inventada. Puede comenzar por dinero. Después vendrán el gas, la minería, el canon, las carreteras y la vieja discusión entre las regiones y Lima.

La izquierda no necesita ganar nuevamente Palacio este domingo. Necesita algo mucho más modesto y, políticamente, mucho más útil: volver a tener desde dónde pelearlo.

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Tony Tafur

Tony Tafur

Periodista del diario El Reporte

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Last modified: 3 de octubre de 2026
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