Escrito por 12:23 Opinión

¿Cómo debe afrontar un católico el próximo proceso electoral?, por Alfredo Gildemeister

Cuando vemos, leemos u oímos a diario en los noticieros de la TV, en las redes sociales, en la prensa o en la radio, en donde se nos “informa” y presentan, entre otras cosas, toda una relación variopinta de políticos corruptos, procesados, reciclados, reinventados, prófugos inclusive, muchos con prontuariado, acusaciones y procesos penales en curso, tales como líderes de partidos, congresistas, presidentes regionales, alcaldes, funcionarios, opinólogos, politólogos, etc., y que ahora tienen el cuajo de presentarse como candidatos a la presidencia de la República, a la cámara de senadores o de diputados o al Parlamento Andino, todo ello hace que medio aterrados, nos preguntemos a diario, ante este trágico “panorama”, lo siguiente: el próximo domingo 12 de abril, ¿Por quién voy a votar? ¿A quiénes voy a dar mi voto?

Al margen de la incapacidad e ineptitud de muchos, es clamorosa la falta de formación ética o moral en la clase política actual. Se ha perdido por completo el sentido ético de las cosas, actuando cual veletas a donde les lleve el viento, de acuerdo con sus intereses particulares, dejando al margen el bien común, el Perú y el bien de las mayorías.

Ante este triste y nada motivador panorama hay dos aspectos a tomar en cuenta: De un lado, ¿Puede un cristiano católico ser político? ¿Debería serlo de presentarse la oportunidad? Claro que sí. Constituye un deber moral por supuesto. De lo contrario, vemos lo que estamos viendo: un ambiente de corrupción y primacía de intereses egoístas en detrimento del país y de las mayorías más necesitadas. De otro lado, un católico ¿Por quienes debe votar y por quienes no debe votar de ninguna manera?

La mayoría de la población del Perú es cristiana católica. De ahí que para ser coherentes con su fe y con lo que establece la Iglesia y la doctrina cristiana, no podrían votar por quien atenta o contradiga las enseñanzas de Cristo. Un católico al menos, si es coherente con su fe, no debería votar por un candidato cuyo plan de gobierno —si es que lo tiene— atenta, contradice o afecta la doctrina católica.

En el año 2003, la Santa Sede divulgó un importante documento en donde se establecen diversas normas de comportamiento a través de las cuales se prohíbe, a los políticos católicos de todo el mundo, por ejemplo, el apoyo con su voto de cualquier ley que atente contra la vida. Este documento titulado: “Nota Doctrinal sobre Asuntos Relacionados con la Participación de los Católicos en la Vida Política”, aprobado por San Juan Pablo II y redactado por el entonces cardenal Joseph Ratzinger —que unos años más tarde sería el Papa Benedicto XVI— comienza denunciando un hecho del que todos de alguna forma hemos sido testigos en nuestro propio país: “Asistimos a ataques legislativos contra la intangibilidad de la vida humana y que no tienen en cuenta las consecuencias sobre la formación de la cultura de los comportamientos sociales para la existencia y el futuro de los pueblos”.

Efectivamente, vemos como algunos países en el mundo se han venido debatiendo proyectos de leyes sobre el “aborto terapéutico” o el aborto para casos de violación, la eutanasia y normas que no respetan al embrión humano, sino que apoyan su burda manipulación y cosificación, atentándose contra el derecho más sagrado de la persona humana: el derecho a la vida.

Estas leyes que erradamente son vistas como “de avanzada” o “progresistas”, son precisamente las que deterioran o destruyen al ser humano, esto es, atentan contra el hombre mismo, creando una “cultura de muerte”. Así mismo, hay también candidatos que promueven un nuevo concepto de “familia” y de “matrimonio” por el cual un católico no debe estar de acuerdo ni votar por un candidato que promueva estas nuevas “tesis” que en el fondo destruyen la familia y el matrimonio.

Ante este triste panorama, el documento en cuestión señala lo siguiente: “Los católicos tienen el derecho y el deber de intervenir en ese proceso, para recordar el sentido profundo de la vida y la responsabilidad que afecta a todos en esa materia”. El documento recuerda lo que el Papa pidió en su momento y en diversas ocasiones “a todos aquellos comprometidos directamente con los poderes legislativos, que tienen la obligación grave y precisa de oponerse a cualquier ley que atente contra la vida humana. Para ellos como para todo católico, existe la imposibilidad de participar en una campaña a su favor, y no se permite que nadie los apoye mediante su voto”. Mas claro que el agua.

Lamentablemente, llama la atención ver a muchísimas personas que se auto declaran católicas, opinando a favor del aborto, de la clonación para fines terapéuticos en donde se experimenta con óvulos fecundados como si fueran simples objetos descartables, esto es, con seres humanos; o del “derecho” al asesinato (aborto) del hijo concebido que tendría una mujer que ha sido violada —como si el delito de violación se solucionara cometiendo otro delito: el asesinato del que está por nacer—, entre otros temas.

Respetamos la opinión de estas personas pues vivimos en una democracia, pero no la compartimos. Sin embargo, debe tenerse en claro que, si una persona es católica y quiere vivir de verdad la fe católica, debe ser coherente con su fe y obedecer las normas y reglas de dicha religión, tal como sucedería si fuera musulmán, budista o hinduista, en donde tendría que seguir los mandatos o reglas de dichas religiones, por lo que no podría de ninguna manera estar a favor de los referidos actos que atentan contra la vida humana. Lo contrario significaría una seria incoherencia entre dicha conducta y lo que la religión católica establece.

Podemos, pues, concluir que muchas personas al vivir hoy “su propia religión” católica, “a la medida” tipo “combo”, según les acomode mejor, una especie de “religión buffet” o “a la carta”, en donde tomo lo que me gusta y dejo lo que no me gusta, apoyan temas que atentan contra la vida humana y contra el bien común, contraviniendo lo que establece la Iglesia Católica.

En el documento en cuestión, San Juan Pablo II pidió a los políticos católicos ser personas íntegras y coherentes con la fe católica. De lo contrario tendremos personas de conductas contradictorias —como viene sucediendo hoy— con respecto a sus creencias, normas de conducta y falta de ética, en donde lo mejor sería que optasen por tratar de ser católicos íntegros o simplemente no serlo, pues el punto medio no existe en estos casos. El Papa pide coherencia, algo que hoy cuesta mucho, especialmente a los políticos, pero que de ninguna manera es imposible.

De allí que, quien se considere católico no puede votar por candidatos que atenten contra la fe católica en sus propuestas de gobierno o sea cómplice de la corrupción. Y si se votase por estos candidatos, estaría entrando en una grave contradicción e incoherencia con la fe que dice profesar. Seamos coherentes con nuestra fe y elijamos al que consideremos el candidato o los candidatos mas aptos para gobernar con miras al bien común, promoviendo principios y valores por el bien del Perú.

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Etiquetas: , , , , , , , Last modified: 21 de marzo de 2026
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