Hace unos días terminé de leer uno de los interesantes libros del filósofo surcoreano Byung-Chul Han titulado “Infocracia”. En dicha obra, el referido filósofo llama la atención sobre lo que él denomina “régimen de la información”, el cual consiste en una forma de dominio en la que la información y su procesamiento mediante algoritmos e inteligencia artificial, determinan de modo decisivo los procesos sociales, económicos y políticos. Byung-Chul Han advierte además que el factor decisivo en la actualidad para obtener el poder ya no es la posesión de los medios de producción —como en los siglos XIX y XX— sino el acceso a la información, que se utiliza para la vigilancia psicopolítica y el control y pronóstico del comportamiento. Lo curioso de este régimen de la información es que le hace creer al individuo que es libre, auténtico y creativo, produciéndose y realizándose a sí mismo, cuando en realidad sucede todo lo contrario: lo vuelve dócil, sumiso y obediente ante esa “información” que cree que domina y maneja.
El régimen de la información se apodera pues de las mentes o psiques mediante la psicopolítica y en el fondo la tecnología de la información digital hace de la comunicación un medio de vigilancia. De allí que cuanto mas intensamente nos comuniquemos, más eficaz será la vigilancia. Es así como el celular, por ejemplo, como instrumento de vigilancia y sometimiento, explota la libertad y la comunicación, pese a que, en el régimen de la información, la personas no se sienten vigiladas sino libres. Es la sensación de libertad la que asegura la dominación. Un ejemplo que menciona el filósofo es el rol de los denominados influencers, como inductores o motivadores, los cuales se venden como salvadores, dirigen y manipulan la opinión y sobre todo el consumismo de sus seguidores. En resumen, nos creemos libres, mientras nuestras vidas están sometidas a toda una protocolización para el control de la conducta psicopolítica. En el régimen de la información, ser libre no significa “actuar”, sino hacer clic, dar al like y postear. Punto.
En el Perú nos encontramos a menos de tres meses de las elecciones generales. Muchos de los candidatos a la presidencia de la República -así como candidatos a diputados y senadores en el congreso- ya están mostrándose en las redes sociales y publicitándose en campaña electoral. La televisión como medio social se ha visto subordinada ante las redes sociales. El régimen de la información digital hoy manda. En principio la mayoría de las personas le “creen” a lo que sale en las redes sociales: informes, fotografías, videos, declaraciones, etc. Nos bombardean a diario con esta “información” instantánea al momento. Como bien indica Byung-Chul Han: “El tsunami de información desata fuerzas destructivas… se ha apoderado también de la esfera política y está provocando distorsiones y trastornos masivos en el proceso democrático” y concluye que “la democracia está degenerando en infocracia”.
Lo que está comenzando a pasar en el Perú a raíz de las próximas elecciones generales es una guerra de información, la cual se lleva a cabo con todos los medios técnicos y psicológicos imaginables. Byung-Chul Han menciona a modo de ejemplo: “En Estados Unidos y Canadá, los votantes son llamados por robots e inundados con noticias falsas. Ejércitos de troles intervienen en las campañas electorales difundiendo de forma deliberada noticias falsas y teorías conspirativas. Los bots, cuentas falsas automatizadas en las redes sociales, se hacen pasar por personas reales y publican, tuitean, “likean” y comparten. Difunden fake news, difamaciones, y comentarios cargados de odio. Los ciudadanos son sustituidos por robots. Generan voces masivas con un coste marginal cero que infunden determinados sentimientos. Así es como distorsionan masivamente los debates políticos. También inflan de manera artificial el número de seguidores, fingiendo de este modo un estado de opinión inexistente. Con sus tuits y comentarios pueden cambiar el clima de opinión en los medios sociales en la dirección deseada”. Como se puede apreciar, las encuestadoras con sus “encuestas” al gusto, han sido relegadas por los likes y los seguidores en las redes sociales.
Hoy en la infocracia, la información se utiliza como un arma. Infocracia es el poder de la información. Todo este fenómeno nos conduce a una crisis de la verdad. ¿Qué noticia, hecho, acontecimiento, dato, etc. es verdad y cual no? ¿A quien o en quien o a qué le creemos? Mas aún en un proceso electoral tan importante en donde debemos depositar nuestra confianza y representatividad en personas. Pero si nos dejamos conducir, manipular y llevar por lo que nos “informan” las redes ¿Estaremos eligiendo y votando bien? Como advierte Byung-Chul Han: “En la era de la fake news, la desinformación y la teoría de la conspiración, la realidad y las verdades fácticas se han esfumado. La información circula ahora, completamente desconectada de la realidad, en un espacio hiperreal. Se pierde la creencia en la facticidad. Vivimos en un universo desfactificado.” Si a ello le agregamos la “información” que la inteligencia artificial (IA) nos puede “brindar” hoy —información que debemos corroborar, confirmar y verificar definitivamente— con videos e imágenes falsas, montadas, arregladas y compuestas para engañar, direccionar política e ideológicamente a la opinión pública de una manera determinada, tenemos como resultado que el poder de la información o infocracia puede direccionar fácilmente nuestro voto, haciéndonos creer que votamos de una manera libre y transparente, cuando en realidad hemos sido manipulados sumisamente por el régimen de la información y la infocracia, para votar, opinar y pensar de una manera determinada.
En conclusión, ante el presente proceso electoral en el Perú, la desconfianza en la información, imágenes, videos, audios, informes, ultimas noticias, etc. que recibamos en las redes sociales, sobre tal o cual candidato, será la regla por seguir. No nos “traguemos” todo lo que leamos, veamos o escuchemos. Hoy, la infocracia es una realidad mundial que no nos debe sorprender, pero es un poder que manipula y direcciona la información, políticamente engañando inclusive y convenciendo a los incautos e ilusos que han perdido el pensamiento critico y la capacidad de verdadero análisis y reflexión. Que el sentido común no nos abandone y a votar con seriedad y con verdadera información corroborada. De lo contrario, después no se quejen y comiencen con los procesos de revocación, pues señores, ya no podemos continuar cambiando de presidentes como si fueren calzoncillos. A informarse bien y a votar bien.
