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El heredero, el caudillo y la académica, por Tony Tafur

Con el 93% de las actas procesadas, Roberto Sánchez Palomino, candidato de Juntos por el Perú, disputa el segundo lugar con Rafael López Aliaga en la primera vuelta de las elecciones generales 2026. Su ascenso no es una anomalía estadística: es el resultado calculado de una alianza que combina, en una misma lista, al castillismo golpista, al caviarismo académico y al etnocacerismo de un hombre condenado por homicidio. Este informe radiografía esa estructura, sus personajes y los riesgos concretos que representa para la estabilidad del país.

El segundo sombrero

Sánchez no emergió del vacío. Fue el hombre que Pedro Castillo eligió para mantener con vida el proyecto político después del fracaso del autogolpe del 7 de diciembre de 2022. Desde el Penal Barbadillo, Castillo publicó el 29 de marzo de 2026 que le entregaba su sombrero para que recorriera ‘la ruta castillista rumbo a Palacio’. El heredero designado cumplió el encargo.

Durante sus 17 meses al frente del MINCETUR, la institución se convirtió en agencia de empleos para militantes de Juntos por el Perú. Según la investigación de Cuarto Poder, funcionarios del partido recibieron sueldos de hasta 15,000 soles mensuales bajo el Fondo de Apoyo Gerencial, mecanismo que no exige concurso público. Los fondos de caja chica financiaron consumos en pollerías y cevicherías. La lavandería institucional procesó prendas personales del ministro con cargo al Estado.

El caso más grave es la denuncia por rebelión vinculada al autogolpe. Según la acusación fiscal, Sánchez buscó que el mensaje golpista de Castillo llegara a la radio, contactando periodistas para amplificar el anuncio de disolución inconstitucional del Congreso. Renunció minutos después de que el golpe colapsara. Hoy afirma que el golpe fue ‘perpetrado contra Castillo’ y promete indultarlo si llega a Palacio. La secuencia es conocida: participación, abandono, negación, reivindicación.

Por otra parte, la investigación por falsedad ideológica detectó que en el congreso partidario usado para legitimar su control de Juntos por el Perú, al menos diez de los 63 asistentes registrados se encontraban fuera de Lima o llegaron cuando el evento había concluido. Sus firmas aparecían como presentes. El quórum que lo instaló como cabeza del partido fue construido documentalmente.

No olvidemos lo que dijo, en conversación con Willax, Yehude Simon, fundador de Juntos por el Perú. Sobre Sánchez: “No llegó al nivel de Judas, porque Judas se arrepintió. Roberto Sánchez se robó el partido, manipuló y traicionó a Verónika Mendoza y a todo el mundo.”

El factor de fuerza

Antauro Humala lideró en enero de 2005 el ‘Andahuaylazo’, toma del cuartel policial de Andahuaylazo con 150 reservistas que dejó cuatro policías muertos. Al salir de la cárcel en agosto de 2022, sus primeras declaraciones públicas fueron que se sentía ‘muy orgulloso’ de lo que hicieron. Años después, en un acto proselitista captado en video, afirmó que lo mejor que ha dado la izquierda peruana ‘como partido político ha sido Sendero Luminoso. Y que me graben, carajo. Tenía ideología, tenía liderazgo y tenía martirologio’.

La declaración no fue un exabrupto aislado. Forma parte de una cosmovisión coherente. Humala es el principal exponente del etnocacerismo, ideología que combina nacionalismo étnico, reivindicación del ‘Tahuantinsuyo’ y pena de muerte para ‘traidores’, categoría que en su propia definición incluye a su hermano Ollanta, a Toledo, a PPK y a otros expresidentes. Ha amenazado con fusilar políticos corruptos, expropiar canales de televisión para entregarlos a campesinos y enviar ‘comandos etnocaceristas’ a secuestrar al rey de España en reparación histórica por la conquista.

Su retorno al escenario electoral no fue casual. El JNE canceló la inscripción de su partido A.N.T.A.U.R.O. en 2025. Entonces negoció con Sánchez el ingreso de su estructura a Juntos por el Perú, con la condición de que el partido cambiara nombre y símbolo para incorporar el programa etnocacerista. La alianza se selló en la misma reunión virtual donde, según documentación presentada ante la ONPE, el partido simulaba capacitaciones para justificar gastos partidarios con fondos públicos.

El componente ideológico

Durand representa la fracción académica de la izquierda peruana: la que publica en Jacobin, la revista marxista neoyorquina; la que debate interculturalidad en FLACSO; la que se reivindica feminista desde la cátedra universitaria. Su coexistencia con Antauro Humala en la misma lista parlamentaria no es accidental ni incómoda para el partido: es el producto de una arquitectura política que necesita los votos del sur andino y el discurso de los claustros universitarios al mismo tiempo.

La tensión interna es estructural. Durand defiende la despenalización del aborto y los derechos LGTBIQ+. Humala ha declarado que la comunidad LGBTQ+ es incompatible con su ideología. Ninguno de los dos ha explicado cómo se administraría esa contradicción desde el poder. Tampoco se les ha preguntado con la insistencia que merecería.

La estructura

La lista parlamentaria de Juntos por el Perú es el mapa más preciso de lo que sería un eventual gobierno. Figuran Yenifer Paredes, cuñada de Castillo, investigada por el caso Dinámicos del Centro; los hermanos José Mercedes e Inés Castillo Terrones; el patriarca etnocacerista Isaac Humala, padre de Antauro y Ollanta; el exministro de Defensa Walter Ayala, investigado por ascensos irregulares durante el gobierno de Castillo; Hernando Cevallos, exministro de Salud; Iber Maraví, exministro de Trabajo señalado por vínculos con Movadef; y César Tito Rojas, fundador del Movadef en Puno, brazo político de Sendero Luminoso.

El apoyo externo incluye a Guillermo Bermejo, congresista sentenciado por afiliación terrorista, quien desde el penal instruyó a sus seguidores a escoltar la candidatura de Sánchez. Los ‘ponchos rojos’ aymaras y estructuras etnocaceristas del sur han anunciado movilización activa hacia Lima en caso de una segunda vuelta.

La mirada hipotética

Un gobierno de Roberto Sánchez no replicaría el de Pedro Castillo. Sería más coherente en sus objetivos destructivos. Castillo no se atrevió a remover a Julio Velarde del Banco Central de Reserva, el último ancla de estabilidad macroeconómica del país y referente para inversionistas internacionales. Sánchez lo anuncia como promesa de campaña. Antauro Humala, en términos más crudos, lo llama ‘zarrapastroso’ que carece de soberanía.

La primera vuelta arrojó una fractura geográfica que reproduce la de 2021: Sánchez obtuvo el 33.8% en el ámbito rural frente al 7.9% en zonas urbanas. El voto rural no votó por ignorancia: votó contra décadas de promesas incumplidas desde Lima. Pero ese voto legítimo en su origen llega empaquetado con una estructura que incluye a un apologista de Sendero Luminoso, a la familia del golpista en las listas y a un candidato con ocho denuncias fiscales que no declaró ante el árbitro electoral.

El 7 de junio, en el caso de que llegue Sánchez, la pregunta que el Perú tendrá que responder en la cabina de votación no es ideológica. Es funcional: qué país quieren que amanezca el 28 de julio. Uno con Velarde o sin él. Uno con Antauro en la cadena de mando de la seguridad o sin él. Uno que indulta al hombre que intentó disolver el Congreso, o uno que no lo hace.

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Etiquetas: , , , , , , Last modified: 19 de abril de 2026
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