Escrito por 20:12 Informes

Los cazas que Chile no quiere que Perú tenga, por Tony Tafur

Durante casi tres décadas, la Fuerza Aérea del Perú (FAP) voló con fantasmas. Los Mirage 2000 adquiridos en los años ochenta y los MiG-29 comprados a Bielorrusia en 1996 constituían una flota cuya obsolescencia era, para el Comando Sur de los Estados Unidos, una preocupación tanto como para los propios pilotos peruanos. Mientras Chile acumulaba 48 F-16 y actualizaba sus escuadrones con regularidad, la FAP sobrevivía con aviones que rozaban el límite de sus horas de vuelo. El cielo del Pacífico sur, en términos de poder aéreo, era chileno por omisión.

Todo eso cambió este último 22 de abril de 2026, cuando el Ministerio de Economía y Finanzas transfirió 462 millones de dólares a Lockheed Martin como primer pago de un contrato histórico: 24 cazas F-16 Block 70 por un total de 3,500 millones de dólares. La transacción, la mayor adquisición militar de la historia republicana peruana, no se celebró con fanfarria. Se consumó en medio de una crisis de gabinete que incluyó la renuncia de dos ministros (Carlos Díaz en Defensa y Hugo de Zela en Relaciones Exteriores), un presidente Balcázar que negaba haber firmado nada y un embajador norteamericano Bernie Navarro que amenazaba en redes sociales con utilizar “todas las herramientas disponibles” si el gobierno negociaba de mala fe.

Lo que sucedió en esa semana no fue solo un proceso de compra que se desbordó. Fue la síntesis visible de un conflicto geopolítico de fondo que lleva años cocinándose a fuego lento: Washington contra Beijing, con Lima como escenario.

El avión: no es chatarra, es el presente

Las redes sociales peruanas, sobre todo el sector izquierdista, han propagado una narrativa: que el F-16 es un avión viejo, diseñado en los años setenta, un dinosaurio disfrazado de tecnología de punta. La narrativa es, técnicamente, una falsedad.

El F-16 Block 70, también llamado F-16V, es una aeronave tan distante del prototipo original como un smartphone de hoy lo es del teléfono celular de 1983. La célula base evolucionó porque era buena —robusta, maniobrable, eficiente— pero lo que vuela adentro de ese fuselaje es, en varios sentidos, el estado del arte en aviónica occidental. El corazón del Block 70 es el radar AN/APG-83 AESA, una plataforma de detección activa de barrido electrónico que permite rastrear múltiples objetivos simultáneamente, resistir interferencias y mantener precisión en entornos saturados de señales enemigas. La cabina es completamente digital. Los sistemas de misión son de última generación. Dos sistemas de armas específicos fueron incluidos en la oferta para Perú que, según la propia Embajada de EE.UU., nunca antes habían sido instalados en un F-16.

El embajador Bernie Navarro lo dijo sin rodeos en RPP: “No hay ningún país en la región que tenga los F-16 Block 70. Son aviones nuevos, los más avanzados del mundo.” Con este acuerdo, Perú se convierte en el único operador latinoamericano de la versión más moderna del caza. Chile vuela Block 50, una generación atrás. Argentina incorporó F-16AM/BM usados de segunda mano, adquiridos de Dinamarca. Perú, si la comparación regional importa —e importa— llega tarde, pero llega mejor.

Tres candidatos, un ganador y una historia política

El proceso de selección comenzó en octubre de 2024 con tres postores: el F-16 Block 70 de Lockheed Martin, el Gripen E/F de Saab (Suecia) y el Rafale F4 de Dassault (Francia). Cada uno representaba una filosofía de defensa diferente y, también, una apuesta geopolítica distinta.

El Rafale F4 es el caza más capaz de los tres en términos de carga útil —10,750 kg frente a los 7,200 del F-16— y sus dos motores M88-2 generan 38,000 libras de empuje combinado. Su radar RBE2 AESA es considerado por analistas el más avanzado en términos de guerra electrónica. Sin embargo, el Rafale nunca llegó a presentar una oferta formal y válida ante la Fuerza Aérea Peruana. Su precio unitario y las condiciones de mantenimiento lo alejaban del presupuesto disponible.

El Gripen E fue, durante meses, el favorito técnico de una parte de la FAP. Diseñado por Saab, es un caza de generación 4.5 con capacidades de guerra electrónica pasiva, radar AESA Raven ES-05 y compatibilidad con el misil Meteor de largo alcance. Tiene la ventaja de operar desde pistas cortas y su costo de hora de vuelo es menor que el de sus competidores. Pero su historia en la región es problemática: Colombia lo seleccionó en 2025 y el proceso quedó envuelto en sospechas de irregularidades. El 10 de abril de 2026, Lars Tossman, vicepresidente de Saab Aeronautics, dirigió una carta al Ministerio de Defensa del Perú reclamando que nunca recibió una solicitud formal para presentar oferta final. Ese mismo día, su propuesta expiró. El camino quedó libre.

El F-16 ganó por una combinación de factores técnicos y políticos que, en este caso, resultaron inseparables. En términos técnicos, el Block 70 supera al Gripen en empuje (29,600 lb frente a 22,800 lb), en radio de combate (1,556 km frente a ~1,300 km) y en la eficiencia de patrullaje: para cubrir una zona de 300 millas náuticas durante 12 horas con dos cazas activos, el F-16 requiere seis aeronaves mientras el Gripen necesita siete. En términos políticos, la elección fue dictada por Washington antes de que se abriera el sobre.

ESPECIFICACIÓNF-16 Block 70 (EE.UU.)Gripen E/F (Suecia)Rafale F4 (Francia)
Generación4.5+ (más avanzado)4.54.5
RadarAPG-83 AESARaven ES-05 AESARBE2 AESA
Empuje (lb)29,600 (1 motor)22,800 (1 motor)38,000 (2 motores)
Radio de combate1,556 km ★~1,300 km~1,850 km
Carga útil7,200 kg5,250 kg10,750 kg ★
Vel. máximaMach 2.0Mach 2.0Mach 1.8
Motores1 (F110-GE-129)1 (F414G)2 (M88-2)
CAP (2 caza, 12h, 300nm)6 caza requeridos ★7 caza requeridos8 caza requeridos
Resultado en PerúSELECCIONADO ✓RETIRADO — sin oferta formalNO OFERTÓ formalmente

El tablero real: Chancay, China y la “Doctrina Donroe”

Para entender por qué la compra de 24 aviones de combate generó una crisis diplomática sin precedentes en la historia reciente del Perú, hay que mirar 60 kilómetros al norte de Lima, en la bahía de Chancay.

El megapuerto de Chancay, operado por COSCO —la gigante logística estatal china— inauguró sus operaciones en noviembre de 2024 con la presencia del propio Xi Jinping. Es la infraestructura logística más ambiciosa de China en el hemisferio occidental: 1,300 millones de dólares de inversión, un control operativo que el gobierno de Boluarte, para no complicar su visita de Estado a Beijing, cedió mediante un cambio en la ley peruana que eliminó la supervisión de Ositran sobre el puerto. Una corte peruana confirmó en 2024 que Ositran no tiene autoridad legal sobre Chancay.

El General Laura Richardson, entonces jefe del Comando Sur de EE.UU., alertó sobre el potencial uso militar del puerto —lo que en la terminología de inteligencia se llama instalación de “uso dual”— antes de retirarse del cargo. The Diplomat, publicación de referencia geopolítica en el Indo-Pacífico, publicó en febrero de 2026 un análisis que lo decía sin eufemismos: en caso de un conflicto mayor en el Indo-Pacífico, Chancay podría ser utilizado para reabastecer buques de guerra de la Armada del Ejército de Liberación Popular chino en el Pacífico Oriental. No porque los militares peruanos lo permitieran conscientemente, sino porque el control físico de COSCO sobre el puerto hace que la operación pueda completarse al margen de la voluntad de Lima.

En enero de 2026, la administración Trump formalizó la designación de Perú como Aliado Principal no OTAN —un estatus que abre acceso a tecnología militar avanzada y financiamiento preferencial— y aprobó simultáneamente una modernización de 1,500 millones de dólares de una base naval peruana próxima a Chancay. El mensaje geopolítico era inequívoco: Washington quería presencia armamentista en el entorno del puerto chino. Los F-16 son el componente aéreo de esa ecuación.

Perú compra 24 cazas que necesitan el soporte técnico y la aprobación operativa de EE.UU. para funcionar. Sin el sello de Washington, esos aviones no despegan en guerra. Eso no es una debilidad de la soberanía peruana: es el precio de la alianza. Y el precio, en el contexto del tablero Indo-Pacífico, es lo que EE.UU. cobró por garantizar que Perú no quedara militarmente en la órbita equivocada.

Chile mira de reojo

Cuando la DSCA notificó al Congreso de EE.UU. la posible venta de F-16 Block 70 a Perú en septiembre de 2025, Santiago reaccionó con una mezcla de alarma oficial contenida y nerviosismo real. La Comisión de Defensa del parlamento chileno convocó sesión de urgencia. El diputado Andrés Jouannet, de Amarillos por Chile, no escatimó palabras sobre el desequilibrio que implicaría la adquisición peruana.

El gobierno de Boric intentó restar importancia al asunto. La ministra vocera repitió que la modernización de vecinos no representa amenaza directa. Pero el análisis técnico contó otra historia: el Block 70 que llegará al Perú incorpora un radar más potente, mayor capacidad de enlace de datos y sistemas electrónicos que superan ampliamente a los F-16 Block 50 que opera la FACH, muchos de ellos con más de dos décadas de servicio y sin actualización reciente. El exministro de Defensa peruano Jorge Luis Chávez lo resumió con precisión: “La compra garantiza el desarrollo tecnológico de la FAP por los próximos 25 años.” Veinticinco años durante los cuales Chile tendrá que responder.

La lógica histórica sudamericana de balanza de poder —que en este continente tiene nombre propio y raíz en siglos de tensiones limítrofes— ha operado silenciosamente detrás de cada etapa de este proceso. No se trata de que Perú y Chile vayan a la guerra. Se trata de que el equilibrio disuasivo cambia de manos cuando uno de los vecinos da un salto tecnológico. Y el Block 70 es un salto.

La semana en que todo estalló

Por otra parte, respecto al panorama nacional, lo que debió ser una firma protocolar el 17 de abril se terminó convirtiendo en la crisis política más aguda del gobierno interino de Balcázar, en quien ya pesa una posible moción de vacancia. El presidente —que es aliado de Vladimir Cerrón, prófugo y líder del movimiento izquierdista Perú Libre— anunció en Radio Exitosa, en la mañana de ese jueves, que suspendía la firma para que el próximo gobierno tomara la decisión. Todo esto mientras el equipo de EE.UU. y los ejecutivos de Lockheed Martin esperaban en Las Palmas. El comunicado llegó por la radio nacional.

La reacción del embajador Bernie Navarro fue inmediata y sin precedentes en el estilo diplomático que Lima estaba acostumbrada a recibir de Washington. Publicó en X que, si se detectaba mala fe, utilizaría “todas las herramientas disponibles” para proteger los intereses de EE.UU. Fuentes peruanas interpretaron el mensaje como una advertencia sobre posibles sanciones de visas a los funcionarios involucrados.

El 20 de abril, el ministro de Defensa Carlos Díaz firmó el contrato técnico en Las Palmas. El 22 de abril, con Balcázar insistiendo en que “no se había firmado nada”, Díaz y el canciller Hugo de Zela renunciaron simultáneamente, revelando la existencia del contrato y exigiendo que se honrara el pago. El MEF ejecutó la transferencia ese mismo día. El presidente del Congreso, Fernando Rospigliosi, lo confirmó públicamente.

Lockheed Martin emitió comunicado el 23 de abril. Perú se convertía en el país número 30 en operar el F-16.

El futuro que comienza

Los primeros doce F-16C/D Block 70 llegarán a la FAP en 2029. Serán producidos en el centro de fabricación de Lockheed Martin en Greenville, Carolina del Sur. Junto a los aviones llegará un Boeing KC-135R Stratotanker para reabastecimiento en vuelo —incluido sin costo adicional— y un paquete de radares TPS-77 para modernizar el sistema de defensa aérea nacional. La segunda fase, otros doce cazas por 1,500 millones de dólares, está prevista para 2027.

La FAP entrará entonces a una era distinta. No solo por los aviones, sino por lo que los aviones representan. Un sistema de armas que requiere entrenamiento conjunto con EE.UU., soporte logístico norteamericano y, en última instancia, la bendición de Washington para volar en escenarios de conflicto real. Es una alianza que se firma también en acero y aleaciones de titanio.

El Perú de 2029 tendrá la flota de combate más moderna de la región en términos de Block 70. Pero también tendrá, en Chancay, el puerto chino más estratégico del hemisferio occidental. Esa contradicción —aliado de Washington en el aire, vecino de Beijing en el mar— es la verdadera fisura. Y ningún F-16, por avanzado que sea su radar, puede detectar la complejidad de lo que viene.

Visited 6 times, 3 visit(s) today
Etiquetas: , , , , , , , , Last modified: 25 de abril de 2026
Close