Escrito por 09:15 Editorial

El día siguiente

El próximo martes 17 de febrero se llevará a cabo un pleno extraordinario en el Congreso en el que se debatirán las siete mociones de censura presentadas contra José Jerí. Más allá de la controversia jurídica que se ha abierto respecto del mecanismo adecuado para remover al presidente en funciones —si corresponde una moción de censura, por su condición de congresista, o una vacancia, por su calidad de presidente constitucional—, el congresista Fernando Rospigliosi ha sido categórico: si la censura alcanza la mayoría simple, Jerí deja el cargo.

Entonces, nos encontramos ante un escenario distinto a todos los anteriores. Esta vez ya no es necesario censar a las bancadas y a los congresistas independientes para hacer el sufrido cálculo de los imposibles 87 votos, como fue con Vizcarra, Castillo y Boluarte. No. En esta oportunidad bastará una mayoría simple —alrededor de cincuenta votos— para que, en cuestión de segundos, José Jerí, Ernesto Álvarez, los dieciocho ministros y los planes del gobierno transitorio pasen al olvido.

La experiencia en destituciones presidenciales nos ha enseñado que cuando “hay los votos”, la suerte está echada. La izquierda y algunas agrupaciones de derecha quieren sacar a Jerí. Y si el umbral requerido es considerablemente más bajo, no es exagerado afirmar que el destino del gobierno “A Toda Máquina” dependerá del buen humor de los parlamentarios el martes. De si pelearon con su esposa en la mañana, de si su equipo favorito ganó el partido el fin de semana o de si lograron conseguir “el viajecito” de cierre de quinquenio. En esa circunstancia, los actos presidenciales ya pasan a un segundo plano. Ya no importa evaluar con justicia la conducta del mandatario. Si el cálculo político ha ganado, entonces el inquilino de Palacio debe empacar.

Pero una vez tomada la decisión de destituir, surge de inmediato la pregunta central: ¿quién lo reemplaza? ¿Tiene hoy el Congreso un mejor cuadro que José Jerí para asumir la conducción del país en este tramo final?

Al cierre de este informe ha trascendido que tres bancadas habrían dado su respaldo al congresista Edwin Martínez como posible sucesor. El mismo Martínez que fue duramente cuestionado por las contrataciones realizadas en su despacho a jóvenes modelos sin experiencia política. Un perfil que, en ese aspecto, guarda similitudes con el de Jerí. ¿Sería eso una corrección o simplemente otro salto al vacío?

También se han mencionado otros nombres: Luis Aragón, Wilson Soto y Alex Paredes. Sin embargo, la disyuntiva persiste: ¿constituyen realmente alternativas más sólidas? ¿Ofrecen mayores garantías institucionales y políticas?

Jerí es un presidente cuestionado, aunque no condenado. Tras un balance exhaustivo de sus actos y un debate amplio sobre los episodios que han deteriorado su imagen, muchos podrían concluir —como ya lo han hecho veteranos actores políticos— que no merece el honor de entregar la banda presidencial el próximo 28 de julio. Esa es una posición legítima.

No obstante, la responsabilidad política exige mirar más allá del castigo inmediato. ¿Está Edwin Martínez a la altura de una entrega de mando ordenada? ¿Lo están Luis Aragón, Wilson Soto u otros nombres que circulan en los pasillos del Parlamento?

Los escándalos que rodean al presidente —Chifagate, las visitadoras nocturnas, el caso Andrea Vidal y la ausencia de resultados en materia de inseguridad ciudadana— no desaparecen. Pero la decisión responsable no puede limitarse a la sanción política; debe considerar también la consecuencia inmediata de esa sanción. Destituir a José Jerí sin contar con una alternativa más idónea podría convertirse en un acto de profunda irresponsabilidad.

Porque no están en juego solo cuatro o cinco meses de gestión. Lo que se pone en riesgo es la estabilidad del proceso electoral más determinante de los últimos veinte años. Y ya hemos aprendido que las transiciones improvisadas suelen tener costos que el país paga durante mucho tiempo.

Los congresistas que hoy emergen como posibles sucesores, ¿están en condiciones de conformar un mejor gabinete? Recordemos que el gabinete Álvarez tardó semanas en completarse, precisamente por el desconocimiento que existía sobre Jerí y por el corto horizonte del gobierno.

En momentos como este, la prudencia no es cobardía: es responsabilidad. Antes de alcanzar los votos necesarios para la censura, el Congreso debería tener claridad sobre el día siguiente. La pregunta no es solo si Jerí debe irse, sino si el país avanzará hacia un rumbo mejor con los sucesores voceados.

Esa es la verdadera discusión.

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Last modified: 18 de febrero de 2026
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