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Gabinete Balcázar: la guerra por las cuotas, por Tony Tafur

El gabinete que prepara José María Balcázar no puede leerse como un simple recambio ministerial. Es la primera prueba de fuerza del interinato. Y también la primera factura que deben cobrar las bancadas que lo hicieron presidente.

El punto de partida es político, no administrativo. Balcázar llega con 64 votos que no responden a una coalición ideológica coherente, sino a una convergencia funcional entre Perú Libre, APP, Podemos, sectores de Somos Perú, el bloque magisterial y otros apoyos dispersos. Ese mismo bloque ahora mira las carteras ministeriales como extensión natural de su decisión parlamentaria.

La pregunta central no es quién será ministro, sino cómo se repartirá el poder sin desordenar la economía ni fracturar la mayoría que sostiene al presidente.

El núcleo económico, continuidad como condición

APP ha planteado públicamente la necesidad de mantener estabilidad en carteras estratégicas como Economía y Finanzas, Producción, Comercio Exterior y Relaciones Exteriores. El argumento es institucional, evitar sobresaltos en mercados y comercio exterior, pero el efecto político es evidente, blindar el eje económico bajo parámetros de continuidad.

El nombre que aparece con mayor probabilidad de ratificación es Denisse Miralles en el MEF. Balcázar se reunió con ella en sus primeras horas en Palacio, lo que fue leído como señal de continuidad. Ratificarla implicaría enviar un mensaje claro a inversionistas y al sistema financiero: el interinato no alterará el modelo macroeconómico.

Sin embargo, el MEF no es un terreno fácil. Desde el Congreso, Podemos ha activado presión política vinculada al caso Petroperú, lo que convierte la continuidad de Miralles en una negociación cruzada. Si Balcázar la mantiene, fortalece la señal económica pero tensiona con parte de la bancada que lo respaldó. Si la reemplaza, podría abrir una ventana de incertidumbre que APP no está dispuesto a tolerar.

En Cancillería, el escenario es similar. La lógica predominante es evitar movimientos bruscos en un momento electoral y con la atención internacional puesta en el país. Un perfil técnico o continuidad serían las opciones más probables. Lo mismo ocurre con Producción y Comercio Exterior, carteras que no generan conflicto político inmediato y permiten proyectar estabilidad.

El núcleo económico, en síntesis, tiende a la continuidad. No por convicción ideológica, sino por necesidad estructural.

Las carteras de negociación, donde se cobra la mayoría

El equilibrio comienza a tensionarse fuera del eje económico.

Transportes y Comunicaciones es una de las carteras con mayor probabilidad de convertirse en cuota política. El MTC combina presupuesto, infraestructura y presencia territorial, lo que lo convierte en pieza atractiva para una bancada que busca incidencia real. El nombre específico aún no se consolida públicamente, pero el consenso en el ecosistema político es que Podemos aspira a influencia directa en ese sector.

Interior es otro punto crítico. Balcázar ha señalado que será una definición prioritaria. En un contexto de inseguridad creciente, el ministro del Interior marcará el tono del interinato. Aquí la lógica política choca con la lógica pública. Convertirlo en cuota partidaria sería un error de alto costo. La opción más probable es un perfil técnico con respaldo institucional, aunque políticamente eso reduzca el margen de intercambio con el Congreso.

Justicia es particularmente sensible por el clima político posterior al gobierno de Castillo y por la propia historia de Balcázar como parlamentario cercano a ese entorno. Nombrar un ministro con fuerte identificación partidaria reabriría tensiones innecesarias. La señal que envíe en esta cartera definirá si el interinato busca neutralidad o reafirmación ideológica.

Desarrollo Agrario, Vivienda y Desarrollo e Inclusión Social aparecen como espacios donde podrían materializarse acuerdos menos visibles pero igualmente significativos. Son carteras con impacto territorial y presupuestal, útiles para sostener alianzas parlamentarias sin afectar directamente la estabilidad macroeconómica.

La PCM y la señal externa

La reunión con Hernando de Soto introdujo un elemento adicional, la posibilidad de un premier con perfil técnico de alta exposición pública. Más allá de la confirmación formal, el solo hecho de tantearlo como opción para la Presidencia del Consejo de Ministros tiene lectura estratégica, enviar un mensaje de moderación y competencia técnica.

Sin embargo, la PCM en un interinato no es un espacio de brillo personal sino de gestión de crisis. Un premier con peso propio puede estabilizar expectativas, pero también concentrar el desgaste político. Si De Soto no asume o la negociación no prospera, la alternativa será un perfil técnico-político de menor confrontación, capaz de dialogar con bancadas diversas sin convertirse en eje de conflicto.

Perú Libre y la presión interna

No debe perderse de vista que Balcázar pertenece a Perú Libre y ha reconocido mantener comunicación con Vladimir Cerrón. Eso introduce una variable adicional, la presión interna para que el interinato no se convierta en un gobierno completamente desvinculado del partido que lo llevó al Congreso.

Esa influencia no necesariamente se expresará en el MEF o Cancillería. Es más probable que busque incidencia en sectores sociales, regulatorios o de menor exposición internacional, donde el costo político sea manejable pero la señal interna quede clara.

El gabinete probable

Si se observan los incentivos en juego, el escenario más consistente es el siguiente.

Un bloque económico con continuidad o perfiles equivalentes que no alteren la estabilidad macro. Una o dos carteras de infraestructura o desarrollo como espacio de negociación parlamentaria. Un Ministerio del Interior con perfil técnico fuerte para sostener autoridad pública. Una PCM que funcione como articuladora y contención, más que como vitrina ideológica.

El gabinete de Balcázar no será radical ni homogéneo. Será híbrido. Y su estabilidad dependerá menos de la calidad individual de los ministros que de la coherencia política del reparto.

Porque el interinato no solo debe administrar cinco meses. Debe convertir una mayoría coyuntural en una mayoría capaz de sostener decisiones.

En el Perú reciente eso no es automático. Depende de cómo se reparta el poder y de qué tan bien se gestione el equilibrio que hoy lo respalda.

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Etiquetas: , , , , , , , , , , , , Last modified: 22 de febrero de 2026
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