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Perú en la mira de Washington y Pekín, por Tony Tafur

El Perú amaneció, otra vez, en el mapa de las grandes ligas. No por una medalla, ni por un milagro económico, ni por una reforma que nos haya civilizado. Amaneció por algo más crudo y más revelador, el país se convirtió en terreno de disputa geopolítica. Estados Unidos y China no están peleando por una idea abstracta llamada influencia. Están peleando por llaves. Llaves de puertos, de cielos, de rutas, de decisiones.

La escena que encendió la mecha tiene nombre propio y fecha exacta. El pasado 29 de enero de 2026, una resolución judicial ordenó que Ositrán se abstenga de regular, supervisar, fiscalizar y sancionar operaciones dentro del megapuerto de Chancay, tras una demanda de amparo presentada por Cosco Shipping Ports Chancay Perú. Se trata de un fallo emitido por un juzgado constitucional de Lima y ha sido descrito como una restricción directa a las facultades del regulador sobre el terminal, bajo el argumento de su naturaleza privada y la ausencia de un contrato de concesión estatal.

Esto podría ser un trámite más a tratar, pero para un Estado serio, también podría ser un problema jurídico acotado. Y como para un Estado como el nuestro, es una ventana abierta en pleno invierno geopolítico.

Porque Chancay no es un muelle más. Es un símbolo. Es inversión, es logística, es ruta del Pacífico, es la promesa de cortar tiempos de transporte y redibujar el comercio con Asia. Y por lo mismo, es infraestructura crítica. Cuando una infraestructura crítica queda, aunque sea temporalmente, envuelta en una zona de interpretación sobre quién puede fiscalizar y con qué alcance, el asunto deja de ser peruano. Se vuelve internacional por gravedad.

Washington lo leyó así y decidió hablar en voz alta. La Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado publicó un mensaje que, por el tono, parece escrito con guantes de box y no con guantes diplomáticos. Dijo estar preocupada por reportes según los cuales el Perú podría quedar imposibilitado de supervisar Chancay, bajo propietarios chinos calificados como depredadores. Y remató con la frase que ya se volvió consigna de esta disputa, el dinero chino barato cuesta soberanía.

China respondió con el libreto completo de una potencia que no acepta que le fijen la narrativa. El portavoz Lin Jian rechazó las afirmaciones estadounidenses y habló de fabricación, difamación y campaña de desprestigio. No fue una respuesta tibia. Fue una respuesta de choque.

Y Cosco Shipping, operador del puerto, se adelantó a reforzar la idea central del lado chino. Sostuvo que la naturaleza privada del terminal no implica afectación de la soberanía peruana ni extraterritorialidad, y que el Estado peruano mantiene control político, tributario y regulatorio.

En el medio, el Perú, que suele llegar tarde incluso a sus propias discusiones. La PCM afirmó que defenderá las prerrogativas de control del Estado sobre la infraestructura portuaria y anunció el uso de recursos procesales. Ositrán, por su parte, confirmó que apelará el fallo y sostuvo que no corresponde que una empresa decida quién la fiscaliza.

Hasta aquí tenemos el primer tablero. Chancay como nudo logístico y como eje de soberanía regulatoria. Pero esta historia no se agota en el puerto. Lo que se está jugando es más amplio. Y ahí entra el segundo tablero, el diplomático.

Bernie Navarro llegó como nuevo embajador de Estados Unidos en el Perú y su arribo no fue un simple relevo de libreto. Es un perfil escogido con intención. Navarro no viene de la carrera diplomática clásica. Viene del dinero, del financiamiento, de la negociación, de esa zona donde el poder se expresa sin uniforme y sin micrófono. El propio Departamento de Estado lo presenta como empresario y experto reconocido en finanzas inmobiliarias y desarrollo, con trayectoria en banca e inversión, además de un perfil de liderazgo cívico y educativo. Nació en Puerto Rico, tiene herencia cubana, habla español y se formó en la Universidad de Miami y Harvard, un paquete diseñado para moverse con soltura en América Latina sin necesidad de traductores culturales.

No es menor cómo llegó. Su nominación fue enviada al Senado en junio de 2025 y fue confirmada el 18 de diciembre por votación estrecha, 53 a 43. Eso no suele ocurrir con perfiles puramente ceremoniales. Señala un nombramiento político de alto voltaje, de los que se discuten.

Y hay otro dato que ayuda a leer el subtexto. Medios estadounidenses lo describen como aliado cercano de Marco Rubio en el ecosistema político de Florida. Si Rubio es la cara del giro estratégico desde el Departamento de Estado, Navarro aparece como una extensión práctica de ese giro en un país donde hoy se cruzan infraestructura crítica, comercio, y seguridad.

En paralelo, se confirmó que Rubio visitará el Perú durante 2026 por los 200 años de relaciones diplomáticas, una señal política de primera línea. No es un viaje turístico. Es un acto de presencia en un momento en que Washington decidió disputar el relato sobre soberanía, inversión y control estatal, justo cuando Chancay dejó de ser una obra para convertirse en un tema de Estado.

En términos simples, cuando un país grande siente que un punto estratégico se le está yendo de las manos, no manda solo comunicados. Manda gente con peso, con agenda y con clave política.

El tercer tablero es el militar, donde el Perú también está a punto de tomar una decisión sensible. La Fuerza Aérea busca renovar su flota y la discusión pública se ha concentrado en el F 16 Block 70, aunque el propio primer ministro ha reconocido que no hay decisión final y que se evalúan también el Rafale y el Gripen.

Este punto es crucial porque no es solo qué avión se compra. Es qué relación se compra con ese avión.

Hay más piezas sobre la mesa. Se habla de adquirir 24 aeronaves y en el debate han aparecido cifras, rangos de costos por unidad, escenarios de financiamiento, además de la noticia de autorizaciones de endeudamiento para cubrir la compra. Incluso se ha reportado que Lockheed Martin habría planteado una oferta de 12 aviones en determinados términos, mientras el Perú apunta a 24.

En las últimas semanas también Estados Unidos oficializó al Perú como Major Non NATO Ally, un estatus de cooperación que no equivale a membresía en la OTAN, pero sí abre facilidades para cooperación militar, compras y acceso a programas.

Aquí es donde la película se vuelve capciosa, porque el país empieza a sumar señales que, vistas en conjunto, cuentan una historia. Un megapuerto con capital chino que se vuelve caso internacional. Un mensaje estadounidense sobre soberanía. Un embajador nuevo que llega con agenda fuerte. Una visita anunciada de Marco Rubio. Un estatus militar especial. Y una compra millonaria de cazas en discusión.

Cada elemento por separado puede explicarse. Juntos, dibujan un pulso.

La pregunta que el Perú evita, por pudor o por costumbre, es la que cualquier Estado maduro pondría primero. Qué estrategia tenemos nosotros. No qué estrategia tiene China. No qué quiere Estados Unidos. Qué queremos nosotros y qué estamos dispuestos a defender con reglas claras.

Porque el problema de fondo no es la inversión china en sí. Tampoco es la preocupación estadounidense en sí. El problema peruano es el vacío. El vacío normativo, el vacío de coordinación, el vacío de rectoría. Si Chancay puede terminar en una discusión global sobre quién fiscaliza, es porque nosotros no cerramos el candado antes de entregar la llave. Si una compra militar se vuelve leída como alineamiento geopolítico, es porque el país no ha construido un consenso mínimo sobre defensa como política de Estado. Si la diplomacia peruana parece siempre reactiva, es porque su músculo depende demasiado del día a día y muy poco de una hoja de ruta sostenida.

Estados Unidos está diciendo una cosa sin anestesia, que aceptar dinero barato puede costar soberanía. China está contestando otra con el mismo filo, que todo esto es una campaña de difamación.

El Perú, mientras tanto, sigue actuando como si el mundo fuera un conjunto de noticias y no un tablero de poder.

Y eso es lo más peligroso. Porque cuando un país no se toma en serio su propia soberanía, siempre habrá alguien dispuesto a tomársela en serio por él, aunque sea para usarla a su favor.

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Last modified: 15 de febrero de 2026
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