Escrito por 15:39 Opinión

Perú al límite: entre la incertidumbre y la urgencia de liderazgo, por Aitana Heras

El Perú llega a estas elecciones en un momento crítico debido a la pérdida de la seguridad ciudadana y el deterioro de la democracia. Con más de 35 candidatos presidenciales y decenas de partidos, el voto se fragmenta de manera preocupante, generando confusión y debilitando aún más las instituciones. Más de 27 millones de peruanos están habilitados para votar, pero la dispersión política hace que el futuro del país dependa de decisiones tomadas en un escenario extremadamente frágil.

La fascinación por el “outsider” se repite y resulta peligrosa por candidatos que prometen romper con todo lo anterior, capitalizando el malestar ciudadano. Ya ocurrió con Pedro Castillo, y antes con otras figuras que representaron una salida al descontento. Sin embargo, gobernar un país no se trata de ser “distinto”, sino de ser capaz. La inexperiencia, la improvisación y la falta de equipos sólidos terminan debilitando al Estado y dejando a los ciudadanos expuestos a la inseguridad, la corrupción y la inestabilidad.

Este riesgo se ve intensificado por la fragilidad de los partidos políticos en el Perú, que suelen centrarse en figuras individuales y funcionar muchas veces solo como plataformas electorales, perdiendo cohesión una vez finalizada la campaña. Esta debilidad institucional permite que prácticamente cualquiera pueda llegar a la presidencia, aumentando la improvisación y la inestabilidad. En este caso, la izquierda peruana ha buscado históricamente destruir las instituciones desde dentro. Un ejemplo claro se observa al comparar los años 90 con la actualidad. Durante esa década se implementaron reformas económicas que sacaron al país de la hiperinflación, estabilizaron la economía y, junto con la pacificación tras el terrorismo de izquierda, sentaron las bases para un Perú más seguro y con desarrollo sostenido. Hoy, a pesar de los problemas, Perú mantiene una economía sólida, con buen manejo macroeconómico y un Banco Central fuerte. No obstante, la izquierda insiste en impulsar proyectos como una asamblea constituyente, similares a los que intentaron en Chile, que buscan reformar el país desde dentro y amenazan con desestabilizar lo logrado. Este patrón refleja un modus operandi de la izquierda en el mundo, que pone en riesgo la institucionalidad y la estabilidad del país.

Actualmente, la inseguridad, la corrupción y la inestabilidad política han alcanzado niveles que afectan directamente la vida diaria. El avance del crimen y la extorsión evidencia un Estado débil, incapaz de cumplir su función más básica que es proteger a las personas. Sin seguridad no hay inversión, no hay empleo y no hay futuro. Por eso, recuperar el principio de autoridad es urgente. La corrupción también erosiona el país desde dentro, destruye servicios básicos como la educación y la salud, frena obras de infraestructura y quita oportunidades a millones de peruanos. No es solo un problema ético, es un obstáculo directo al desarrollo. Por eso, de cara a estas elecciones, el Perú no necesita más experimentos ni discursos vacíos. Necesita liderazgo serio, capacidad de gestión y compromiso con reglas claras. La clave no es elegir al más nuevo o al más confrontativo, sino al más preparado: ¿tiene equipo?, ¿tiene experiencia?, ¿puede gobernar sin destruir lo que funciona?

A esto se suma la inestabilidad política permanente. En menos de una década, el país ha tenido ocho presidentes, reflejo de un sistema inestable que impide gobernar con rumbo. Además, hay un error recurrente en el electorado, concentrar toda la atención en la elección presidencial y descuidar el Congreso. En los últimos años, el Parlamento ha demostrado tener un enorme poder, incluso para destituir presidentes. Esto genera una dinámica en la que el ejecutivo llega debilitado y subordinado a un Congreso que concentra gran parte del poder, imponiendo decisiones y limitando la capacidad de liderazgo del gobierno. Esta relación tensa entre ejecutivo y Parlamento ha convertido al país en un escenario de polarización y fragmentación permanente, donde apostar por la improvisación, una vez más, es un riesgo.

Asimismo, a esta compleja dinámica se incorpora la creación y restablecimiento de una nueva cámara, el Senado, una institución de gran importancia que jugará un papel central en la estructura política y no será disuelto. De todos modos, la mayoría de la población desconoce sus funciones y el alcance de su influencia, lo que aumenta la desconexión entre los ciudadanos y la gobernanza efectiva.

El Perú necesita instituciones sólidas, respeto a la ley y valores que sostengan la convivencia. No podemos permitir que la izquierda, como ha intentado históricamente, desestabilice las instituciones desde su propia estructura o reescriba la Constitución para concentrar poder, como casi sucedió en Chile. Las reformas de los años 90 mostraron que con liderazgo, orden y visión podemos transformar el país, de la hiperinflación y el terrorismo, a una economía sólida y un país más pacífico. La verdadera esperanza proviene de ciudadanos conscientes, que exijan responsabilidad y dispuestos a defender un país que merece estabilidad, porque sin principios ni valores, el Perú no puede avanzar.

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Etiquetas: , , , , , , , , Last modified: 11 de abril de 2026
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