Lo sucedido en el país la noche del pasado miércoles 18 de febrero, en que sesenta y cuatro congresistas eligieron al nuevo presidente transitorio José María Balcazar, luego de un cuestionado proceso mediante el cual se sacó del cargo al presidente transitorio en funciones, José Jerí, no tiene antecedente alguno en la historia del Perú.
¿Cómo puede ser posible que, repito, sesenta y cuatro congresistas hayan elegido a una persona totalmente cuestionada por su conducta: expulsión del Colegio de Abogados de Lambayeque, imputación de presuntos delitos por prevaricato, fraude, estafa, suplantación de identidad, cohecho, denuncia y apertura de juicio oral por presunto delito de apropiación ilícita, sentencia por difamación ordenándose el pago de una indemnización de S/50,000 soles y haber afirmado que “las relaciones sexuales tempranas ayudan la salud psicológica de la mujer” y sostener que el matrimonio forzado entre adolescentes es una “tradición” en zonas rurales que no debía ser criminalizada, declaración por la cual fue sancionado por el Congreso? ¿Son conscientes acaso estos 64 congresistas que el sujeto que han elegido representará —teóricamente— a los más de treinta y cuatro millones trescientos cincuenta mil peruanos que conformamos la población del Perú? Al parecer, no fueron conscientes de ello, y si lo fueron, simplemente les importó un comino y eligieron al susodicho sujeto.
Efectivamente, el sujeto en cuestión representa a todos los peruanos. Mas aún, ¡“personifica a la nación”! El artículo 110 de la Constitución así lo establece: “El presidente de la República es el jefe del Estado y personifica a la Nación”. Como bien señala el constitucionalista Carlos Hakansson Nieto, con relación a esta personificación, el presidente de la República “encarna a todos los peruanos. Se trata de la primera magistratura del país. La institución de la presidencia de la República se distingue por representar y personificar a la nación…” (“La Constitución y tú”, Lima 2022, pág.68). A ello debemos agregar todas las facultades y atribuciones que le otorga al presidente el artículo 118 de la Constitución, de tipo políticas, económicas, judiciales, legislativas, de la defensa, Fuerzas Armadas, etc., así como las que le corresponden como jefe de Gobierno.
Por lo tanto, pregunto: ¿Cómo pueden haber decidido 64 congresistas elegir a un sujeto con esos antecedentes y conductas cuestionadas —por decir lo menos—, nombrarlo presidente interino de la República, esto es, darle la representación nacional de todos los peruanos pues “personifica a la Nación” y, en consecuencia, otorgarle por ende todas las facultades y atribuciones del artículo 118 de la Constitución? ¿Cómo se explica esta absurda “elección” y por decir lo menos, bufonesca investidura? Muy sencillo: intereses personales de los congresistas electores -no digo intereses partidarios pues partidos casi no existen sino agrupaciones de amiguetes con intereses-, ya sean de orden económico, de poder (cargos en el futuro gobierno, ministerios, viceministerios, asesorías, jefaturas, etc.), intención clara de imponer nuevamente una ideología marxista chavista (se nota la mano del prófugo Cerrón en esto), o por simple vanidad, orgullo o para resumirlo todo en una sola palabra: por joder y egoísmo puro y llano, olvidándose por completo del Perú, de la patria y de todos los peruanos que necesitamos resolver los serios y urgentes problemas que aquejan al país. Todo esto al parecer para esta gente, es algo muy secundario. Primero son sus intereses políticos, personales y punto.
De allí que, por tanto, tal como hiciera el gran escritor francés Émile Zola en 1898, cuando con motivo del caso Dreyfus publicó una carta a la que luego se le denominó: “Yo acuso” (J’acusse), acusando a las autoridades francesas de haber degradado, humillado públicamente y condenado a un militar inocente, Alfred Dreyfus, yo también me permito, al mejor estilo de Zola, decir públicamente y en nombre de todos los peruanos que de verdad amamos al Perú: Yo acuso al Congreso de la República y en especial a esos 64 congresistas que de manera irresponsable decidieron elegir presidente transitorio a una persona que no tiene las mas mínimas condiciones para tan alto cargo, mas bien, todo lo contrario, y los hago responsables del futuro de nuestra patria; acuso a los líderes de esos “partidos políticos” y bancadas que irresponsablemente ordenaron votar a estas por el sujeto en cuestión; y finalmente acuso a las autoridades que cobardemente o por intereses callaron ante tremenda aberración de la propia Constitución y de los altos principios y valores morales que la envuelven y que están por encima de ella y de las leyes, y que constituyen el fundamento de toda democracia y Estado de Derecho. Lo sucedido el pasado miércoles constituye pues un verdadero insulto al Perú y al pueblo peruano, ya que ese sujeto, definitivamente, no personifica a la Nación.
En conclusión, ya basta pues señores de que se nos estén imponiendo “presidentes” que nadie eligió. De allí que, tomando en cuenta lo señalado anteriormente, y diga lo que diga con todo respeto la Constitución, puedo concluir que el sujeto que funge de presidente, en mi modesta opinión, no personifica a la Nación de ninguna manera y, por lo tanto, no me representa ni representa al pueblo peruano.
