Escrito por 07:07 Opinión

¿Se entenderá hoy la Familia Ingalls?, por Alfredo Gildemeister

Personalmente, casi no veo televisión de señal abierta, pues sinceramente, deja mucho que desear y la verdad, ya estoy cansado de que —salvo honrosas excepciones— por lo general se transmitan programas en donde se destacan, especialmente la vulgaridad, el doble sentido, la violencia, connotaciones sexuales, familias y matrimonios rotos, programas en donde los diferentes tipos de morbo son explotados al máximo en todas sus formas, violencia, etc. En resumen, la carga negativa de la programación es avasalladora, sin mencionar los noticieros y dominicales en donde la mayoría de las “noticias” y reportajes son principalmente crímenes, robos, asesinatos, extorsiones, múltiples casos de corrupción, etc., toda una crónica policial, con una variedad de delitos para todos los gustos y colores.

Por otro lado, las series, telenovelas, etc. básicamente son de acción, violencia, adulterios, personajes solitarios sin familia ni proyectos de vida, ni valores, etc. todo lo cual hace que casi no vea televisión —prefiero leer un buen libro o realizar otra actividad como escribir, componer música o pintar un cuadro—, y si se trata de la televisión por cable, es mas de lo mismo en donde solo nos queda los servicios de Netflix, Direct TV, etc. para poder encontrar de vez en cuando algo aceptable o de calidad.

Hace unos días, en un arranque de coraje y esperanza en ver algo medianamente aceptable, prendí una tarde el televisor y me encontré con que estaban transmitiendo una serie de cuándo yo era adolescente: “La familia Ingalls”. Me puse a verla mientras recordaba aquellos años de los finales de los setenta y principios de los ochenta, en que se transmitía la serie. Michael Landon ya era conocido por la serie “Bonanza” en aquellos años, por lo que hacer el papel de padre de familia en la serie no llamó la atención de muchos.

Al ver la serie ya no con los ojos de mi adolescencia sino con los ojos de alguien que ya ha vivido buena parte de su vida, en una época tan difícil y compleja como la actual, me hizo apreciar algo que en su momento no había podido apreciar, pues a mi y a la mayoría de los televidentes que veíamos la serie nos parecía lo que veíamos en la vida de una familia, lo más normal del mundo. La serie trata de una familia conformada por un padre (Charles), una madre (Caroline) y tres hijas pequeñas (Mary, Laura y Carrie), que van a establecerse en las praderas del norte de los Estados Unidos (Minnesota) allá por 1870.

Dicho sea de paso, la serie está basada en una serie de nueve libros escritos precisamente por una de las hijas: Laura Ingalls. El libro más importante, el segundo para ser más específico, lleva por título en inglés: “Little house on the prairie”, que en español fue traducida como “La casa de la pradera” y es la que titula la serie. Cada capitulo de la serie está basado en las historias y anécdotas que Laura Ingalls vivió realmente, cuando montada en una carreta con sus hermanas tuvo que enfrentar con sus padres un largo viaje a las lejanas praderas del oeste para luego establecerse en plena pradera, para lo cual el padre, Charles, construye con sus propias manos una cabaña, un establo, adquiere un par de bueyes, un arado, cultiva la tierra, etc. y toda la familia ayuda en lo que puede, para lo cual deben enfrentarse a un clima muy duro, manadas de lobos, indios ya que la familia estaba establecida en su territorio, etc. Por esta razón —pues estaban en plena reservación india— la familia abandona la cabaña y nuevamente continua su viaje al oeste en donde finalmente se establecen cerca a un pueblito, y nuevamente el padre construye una cabaña, un establo, cultiva la tierra, etc. para lo cual se “recursea” trabajando en lo que puede en el molino del pueblo o reparando alguna cabaña o almacenando sacos de grano. Destacan la amistad y solidaridad entre las familias del pueblito.

Les cuento esto porque lo que me llamó la atención de la serie fueron diversos aspectos que hacía años que no veía en un programa o serie de televisión —por no mencionar el cine— y que hoy brillan por su ausencia. Al fin veía en una serie en televisión —o recordaba en todo caso— a una familia normal conformada por padre, madre e hijas(os), pues hoy la mayoría de las series más tratan de personas que viven solas o están divorciadas, separadas, emparejadas, familias desechas, destruidas o simplemente personas que no quieren saber nada de matrimonio y menos de formar una familia y tener hijos, etc. como si la familia hubiera desaparecido del planeta o fuere algo pasado de moda que hoy no se estila.

En “La familia Ingalls” no se idealiza a la familia, se la muestra tal como es: con sus alegrías y tristezas, con sus éxitos y sus fracasos. Los padres se aman, pero también discuten, pelean, tienen desacuerdos, pero… finalmente se piden perdón, se arrepienten y se perdonan mutuamente para seguirse amando mas aún. Las hijas también se pelean entre sí, discuten, se tienen celos, se alteran, etc. pero… también se reconocen sus errores o equivocaciones y se piden perdón y se perdonan entre ellas, para seguirse queriendo mucho como hermanas que son. La familia Ingalls es una familia que, con todos los defectos de cada miembro de la familia, se aman, se quieren, bailan y se alegran, pero también se entristecen, discuten y lloran, se enfurecen, etc. como seres humanos comunes y normales. Pero, sobre todo, se aman. Se aprecia como el amor de los padres, el amor entre padres e hijos, siempre se impone y prima; la comunicación que existen entre ellos especialmente a la hora de tomar desayuno o cenar es impresionante —gracias a Dios aun no existían los celulares—.

Adicionalmente, también llama la atención en la serie la presencia en la familia de Dios y una enorme fe suceda lo que suceda, en las buenas y en las malas. Se aprecia como todos rezan a diario, las hijas rezan antes de acostarse en la noche, los padres rezan y se abandonan a Dios ante los problemas y contrariedades de la vida, le piden cosas como todo el mundo y especialmente le agradecen a Dios siempre por todo lo que reciben, en medio de una vida sencilla, sobria, austera y sin lujo alguno. No se aprecie un afán de lucro o poder desmedido ni violencia o esa obsesión y bombardeo permanente por lo sexual que se aprecia hoy por todos lados. Cabe añadir que aún hoy constituye todo un éxito la colección de libros de Laura Ingalls Wilder sobre “La casa de la pradera”. Les invito a buscarla en Buscalibre, comprarla y leerla.

En conclusión, llama pues hoy la atención el poder ver una serie en televisión que al fin destaca a la familia como protagonista, núcleo y base de la sociedad, así como destaca valores como la sinceridad, la honestidad, el trabajo, el sacrificio, el honor y, especialmente, el amor y respeto que se tienen cada miembro de la familia, amándose y perdonándose siempre. Lamentablemente hoy el mundo y la humanidad han cambiado tanto, caído en ese permisivismo, hedonismo, relativismo, materialismo y -por qué no decirlo- un egoísmo a ultranza donde solo se piensa y busca el éxito y el placer personal sobre todas las cosas, que me pregunto si hoy en día: ¿se entenderá “La familia Ingalls”? ¿Gustará o entretendrá al menos a los televidentes millenials, generación Z, Alfa, etc.? Esperemos que no la quiten de programación, aunque… hoy ya nada me extrañaría.

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Last modified: 15 de febrero de 2026
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