Escrito por 07:26 Opinión

Elecciones Perú: ganar no garantiza gobernar, por Berit Knudsen

La visión internacional ofrece una óptica estructural distinta para entender las elecciones peruanas. Para Reuters, no es una contienda abierta en condiciones normales, sino un sistema político que llega a las urnas con 35 candidatos, electores que no se identifican con ninguno y una inestabilidad acumulada tras años de rotación presidencial. El País y Le Monde van más lejos: describen una crisis de representación con partidos que no estructuran el voto e instituciones sin capacidad para ordenar el resultado. En ese marco, la incertidumbre es institucional, no electoral. La pregunta no es quién gana, es quién podría convertir su victoria en un mínimo de gobernanza.

En el terreno electoral, conviene fijar la “foto del momento”. El tablero no está compuesto por decenas de candidatos en condiciones iguales. Hay tres bloques en competencia.

La parte superior muestra una derecha consolidada, con Keiko Fujimori y Rafael López-Aliaga. Ambos concentran el liderazgo en primera vuelta. Tienen voto duro, reconocimiento y una posición estable. Pero se vislumbran límites, están más cerca del techo que de una expansión.

Debajo, el segundo pelotón competitivo, mueve la elección. Aquí está Carlos Álvarez, Roberto Sánchez y Alfonso López-Chau. Sin superioridad clara, podrían crecer si logran convertirse en una opción viable. Es un bloque inestable, en constante disputa.

Finalmente, en el nivel emergente, destaca Jorge Nieto. Su reciente crecimiento lo coloca como referente en un centro aún incompleto, que existe como espacio político, sin fuerza decisiva.

Esta estructura muestra patrones que explican la dinámica de la elección. Primero, la derecha ya está posicionada. Fujimori y López-Aliaga no necesitan crecer para pasar a segunda vuelta; su problema no es ingresar, sino expandirse después. El segundo patrón es el crecimiento que ocurre en el segundo pelotón. Ahí está el espacio disponible. El tercero es un crecimiento poco homogéneo, dependiendo del tipo de votante que se active.

El sistema peruano no reparte votos ideológicos, impulsa segmentos distintos del electorado. Si se activa el voto indeciso, emocional, que rechaza al sistema y decide tarde, el principal beneficiado podría ser Álvarez, como outsider. Si se activa el voto urbano moderado, que busca estabilidad y rechaza extremos, Nieto se favorece, pero su base aún es pequeña. De activarse el voto territorial, orgánico y menos mediático, se beneficia Sánchez, por su anclaje en provincia. López-Chau se mueve en la izquierda, sin expandirse al centro.

La geografía refuerza esa lógica. Lima es volátil, mediática y decisiva para saltos rápidos. Allí crece López-Aliaga, Álvarez y, en menor medida, Nieto. El interior es más lento, estructurado, menos sensible a la coyuntura. Allí pesa Sánchez y parcialmente Fujimori por su presencia histórica. La división territorial explica candidaturas que crecen rápido, sin profundidad, y otras lentamente, con estabilidad.

Integrar todo refleja la dinámica. Arriba, el sistema estabiliza dos liderazgos. Abajo, está la reconfiguración. El resultado dependerá de quién logre romper el empate técnico del segundo pelotón. Ese candidato necesitará volverse receptor dominante del voto útil.

La lectura internacional es decisiva. La dinámica sobre quién sube primero o absorbe votos, define la segunda vuelta, pero no la gobernabilidad. La capacidad de estabilizar el sistema político peruano dependerá de la legitimidad de origen, capacidad de atraer votantes fuera del núcleo propio, relación con un Congreso fragmentado y credibilidad frente a instituciones debilitadas.

Esta es la paradoja. El sistema elegirá al candidato más competitivo: quien capture votos disponibles. Pero no a quien pueda construir una coalición para gobernar después. La derecha llega ordenada, con límites de expansión. El segundo pelotón concentra crecimiento, sin capacidad de articulación institucional. El centro existe, pero no consolidado como alternativa.

La elección peruana no es incierta porque esté equilibrada, sino porque no hay estructuras que ordenen lo que ocurra después. El sistema se mueve pensando en la competencia, sin claridad en la gobernabilidad. Ganar y gobernar deja de ser una consecuencia automática. Ese es el verdadero problema político.

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Etiquetas: , , , , , , , , Last modified: 29 de marzo de 2026
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