Escrito por 06:29 Opinión

Elecciones 2026: ¿Se equivocaron de caudillos?, por Franco Consoli

Nos encontramos frente a las elecciones más desabridas, anónimas y carentes de épica que haya conocido nuestra historia reciente. La intención de voto se ha desplomado dentro del electorado, sin que surja un solo nombre que cautive el nombre siquiera de una pequeña porción de los peruanos. El caudillismo que siempre ha caracterizado el sufragio nacional esta vez ha fracasado estrepitosamente, al no poder colocar referentes significativos dentro de los espectros políticos.

Entre inhabilitaciones oportunas y decepciones acumuladas, tanto la derecha como la izquierda han visto erosionarse la consistencia de sus candidaturas. Hay menos dispersión interna, es cierto, pero también una preocupante ausencia de convicción y una alarmante carencia de contundencia. En este contexto, la incertidumbre no es una anomalía: es la regla.

Sin embargo, el plan de la izquierda se consolida de manera mucho más clara que el de la derecha, la cual se ha partido en frentes completamente disparejos. El ex burgomaestre de Lima, Rafael López Aliaga domina el espectro sin pena ni gloria, sostenido más por inercia que por un gran apoyo del electorado. Su campaña colinda más con soberbia y optimismo que con el trabajo de la persuasión. Y su estabilidad, debemos decirlo, responde menos a su campaña electoral que a la ausencia de competidores de peso en su propio campo ideológico.

Por otro lado, el coronel José Williams intenta liderar a la derecha menos ortodoxa, pero lo hace desde una candidatura deslucida, insípida, evidentemente apresurada y casi desatendida. Las expectativas, por ende, son bajas. Todo dentro de un partido que no ha sabido como prepararse de cara a este 2026, desde candidaturas exasperadas y fracasadas, en búsqueda de un voto como sea, hasta la candidatura de emergencia del ex Comando Chavín de Huántar buscando salvar un naufragio sin salvavidas. El resultado es evidente: un partido sin dirección clara ni proyecto reconocible.

El fujimorismo, atraviesa el periodo de mayor debilidad de los últimos 15 años, pero se resiste a reconocerlo. Se aferra a la falaz creencia que sus votantes pasados optaban por ellos por convicción n, cuando en realidad solo se remontaban a un voto nostálgico y anhelo de injerencia del fallecido expresidente Fujimori. Y el resto de los candidatos dizque derechistas, debido a su irrelevancia, no ameritan mención.

La izquierda en cambio, por más de que esté profundamente fracturada, tiene un plan más estructurado: la reivindicación del castillismo. Definitivamente el “efecto Pedro Castillo” tendrá impacto en el proceso electoral Probablemente sea el peor presidente de nuestra República, pero la izquierda sabe que ello, a un notable sector del pueblo, recaído en retoricas y narrativas simplistas, no importa.

Durante tres años el discurso ha sido orientado por su parte en negar el golpe de Estado y construir la imagen de un “pobrecito “como preso político. Es cierto que ese respaldo no garantiza triunfos, pero en un escenario atomizado puede inclinar balanzas. No sorprende entonces, que figuras como el dueño de Telesup, José Luna, haya transitado sin rubor desde la condena inicial al golpe hasta su negación sistemática, siguiendo el pulso de la conveniencia política.

La derecha no capta nuevos votantes mientras la izquierda juega a la democrática mientras prepara el indulto al golpista frustrado.  En este terreno baldío emerge de Carlos Álvarez, el Zelensky “Bukelizado” peruano quien puede lograr raspar algo más que solo una muerte en primera vuelta. Candidatura que nos deja más incógnitas que respuestas.

Con más de treinta postulantes en carrera, el país enfrenta unas elecciones sorprendentemente anónimas. No hay liderazgos claros, no hay proyectos estructurados, no hay narrativas movilizadoras. Lima debería ser la región con la situación más clara, sin embargo, las encuestas y casas de apuestas nos indican que el trabajo no está bien hecho. ¿Fracaso de los candidatos? Es posible. Todo aquel que conoce nuestra política sabe que siempre se ha referido a nombres y no tanto a ideas o partidos, y los actuales parecen no mover ni a un alma.

Será un tiro de moneda al aire. Menos de tres meses para la primera vuelta y ni siquiera entre los candidatos están intentando desacreditar la imagen del puntero de las encuestas, como es usual. Nadie sabe que quiere y ni a quien quiere, lo que puede ser un nefasto presagio para una eventual segunda vuelta.

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Etiquetas: , , , , , , , , , Last modified: 1 de febrero de 2026
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