Hace algunos días, consulté con un amigo muy cercano mi voluntad de escribir sobre plantear una tregua política en medio del “todos contra todos” en el que se ha convertido el escenario electoral en nuestro país. Su respuesta fue categórica: “No seas iluso, eso es una candidez, (ellos) son gente que quiere (ver) solo sangre”. Sin embargo, creo que necesitamos esa tregua para concentrarnos en el verdadero objetivo: luchar contra el fenómeno criminal sui generis que sufre el país, evitar que partidos de izquierda radical y progresistas lleguen al poder del Estado o a ser mayoría en el congreso, e impulsar el desarrollo económico aprovechando el boom minero y el ascenso impresionante de las exportaciones agroindustriales, para empezar.
Como es de público conocimiento, los candidatos Rafael López-Aliaga (RP) y Keiko Fujimori (FP) se acusan mutuamente de ser “culpables” por el nombramiento de José Maria Balcázar como nuevo presidente del Perú del partido del “lapicito” de Pedro Castillo y Dina Boluarte. Si bien Renovación Popular (RP) pidió la cabeza de Jerí por sus nefastas acciones de gobierno y Fuerza Popular (FP) rechazaba esta medida; las dos posturas eran legítimas, con sentido, pero tenían un problema de fondo: no contaba con la voluntad política de ambas partes para concertar posiciones, analizar todos los escenarios y tomar una decisión política magnánima que responda al interés nacional. El resto es historia conocida.
Sin embargo, no bastaron las declaraciones del prófugo Vladimir Cerrón, quien confirmó en entrevista clandestina en medios digitales, en vivo y en directo, que todo fue un contubernio urdido juntamente con César Acuña (APP), José Luna (PP) y un sector de Acción Popular (AP), que, como es harto conocido por todos, estos partidos prebendarios y hambrientos de cuotas de poder (ministerios) canjearon sus votos por la traición al país, sin importar que entregaban el gobierno al comunismo y el socialismo radical encarnado en el señor Baltazar. Con esto, los candidatos de RP y FP solo confirmaron que el camino para erigirse como estadistas aún está lejano. No basta ser líderes de un partido, deben ser estadistas para un país.
En la historia existen claros casos de acuerdos históricos y emblemáticos nacidos entre adversarios, casos donde enemigos declarados terminaron negociando porque el costo de no hacerlo era mayor (Acuerdos de Camp David (1978), Acuerdos de Paz de París (1973), Acuerdo de Viernes Santo (1998), entre otros). Es decir que, con magnanimidad, caridad, visión de futuro y pensando en el país, es mejor llegar a acuerdos que seguir enfrentándose.
Es por eso que, desde este espacio de reflexión, pido a los candidatos Rafael López-Aliaga y Keiko Fujimori, una tregua política, que demuestren voluntad política para eso, que se reúnan, eviten los insultos y acusaciones y salgan nuevamente a la arena a plantear sus propuestas ante las necesidades reales de los millones de ciudadanos que tienen esperanza en ellos. No olviden que sino llegan a tener 31 senadores, ni haber ganado las presidenciales les servirán y serán expectorados por la otra mayoría, y si no cambian el rumbo, más gente votará por los adversarios. Estamos advertidos.
Espero no tener que decirle a mi amigo que tenía razón, que soy un cándido y que los candidatos solo están pensando en cómo destruir uno al otro. Espero que eso no suceda. ¡Vamos con todo!
