Once millones de peruanos viven con carencias graves en servicios básicos. Once millones. Y no necesitamos irnos muy lejos para darnos cuenta, pues tan solo en Lima vemos como en las periferias no llega el agua, ni saneamiento y mucho menos poseen un sistema de salud confiable.
En el ámbito rural, casi 7 de cada 10 personas sufren privaciones graves. Esto significa que tienen afecciones en temas como el acceso al agua potable, saneamiento, salud, educación, vivienda digna o conectividad. Esta cifra es más de 30 puntos porcentuales mayor que la pobreza monetaria rural (alrededor del 39–40%), lo que evidencia que medir solo ingresos es insuficiente.
Aquí empieza la verdadera responsabilidad política. Porque no estamos ante un país sin recursos. El presupuesto público supera largamente los 200 mil millones de soles. El problema no es cuánto se gasta, sino cómo, dónde y para qué.
Por ejemplo, para el Año Fiscal 2026, el Ministerio de Cultura tiene asignado un presupuesto de S/ 826.8 millones. ¿Para que realmente ese monto?
Pues, un proyecto completo de agua potable y saneamiento para una comunidad rural en Perú —como la obra que se realizó en Dos de Mayo, en Ucayali— puede costar alrededor de S/ 7millones para un sistema integrado de agua y saneamiento básico en una localidad pequeña. Es decir que con la mitad del presupuesto del MINCUL se podría financiar 50 proyectos de ese tipo.
Y en otra área, construir o equipar una posta de salud rural en Perú puede costar entre varios cientos de miles a algunos millones de soles (dependiendo de tamaño y equipamiento), pero con un presupuesto de S/ 826.8 millones se podrían financiar decenas de postas de salud.
Con esto no estoy diciendo que nos bajemos de cajón el MINCUL, sino que pongamos prioridades dentro de la cartera ministerial y si algo tiene que desaparecer en totalidad por el bien de la buena asignación presupuestal, puesto que viven personas en la indigencia, se tendrá que hacer. Antes de subir impuestos o asfixiar más al privado, se debe reducir al burócrata y hacer un verdadero ajuste.
Hay cosas que demuestran una clara frivolidad gubernamental, es indigannte que mientras millones de peruanos viven sin acceso a servicios básicos como agua potable el estado destina casi mil millones de soles para ciertas actividades culturales que no alimentan,ni abrigan y muchos menos medican. Eso refleja una desalineación clara entre el gasto público y las necesidades de la población.
Ese es el sesgo caviar. Pretender que el Perú tiene los problemas de Paris o Quebec.
Lo más grave es que esta pobreza multidimensional no es invisible por falta de datos. Es invisible por falta de voluntad política. Un país donde millones viven sin agua, salud o educación no es un país que avanza, es un país que se estanca.
Pero claro, mientras todo esto ocurre, tenemos congresistas como Ruth Luque marchando y montando una verdadera pantomima política para impedir el cierre o la privatización de Petroperú, pese a las enormes pérdidas millonarias que esta empresa le saca al país. Con el dinero que se ha drenado para sostener Petroperú, perfectamente se habría podido —si se gestionaba con seriedad— cerrar la brecha de personal médico, modernizar hospitales o incrementar la capacidad hospitalaria. Hoy el Perú apenas tiene 1,6 camas por cada 1.000 habitantes, cuando la OMS recomienda al menos 3. Pero antes de gestionar mejor el dinero para reducir esas brechas, prefieren mantener a la casta.
En el tema Petroperú es evidente, pues seguimos despilfarrando recursos públicos en rescates financieros, gastos superfluos y joyerías institucionales, solo para mantener a un fósil empresarial que no genera valor ni bienestar, bueno bienestar unicamente para los funcionarios de turno y la argolla burocrática de siempre que vive a expensas de nuestro trabajo.
El problema del país no se resuelve con aumentar la extracción del dinero de los contribuyentes, sino como estamos viendo, reducir las joyerías, ajustarse a las prioridades del país y minimizar el gasto publico para que funcione y rinda. Dejar la fiesta política a un lado y comenzar a actuar como un verdadero estadista.
Plata hay, el tema es que se la roban, se la mal gastan o sencillamente nuestros gobernantes tienen las prioridades tan desfasadas que creen que Miraflores es el Perú, o el Perú es Miraflores. Da igual.
La hipocresía siempre reina en las poltronas del poder.
