Cada semana van saliendo nuevas encuestas de cara a los comicios de abril. En el análisis electoral suele ponerse mucho énfasis en las diferencias geográficas, las cuales son fundamentales para decidir a un ganador, quien tome el sur o Lima evidentemente tiene un pie casi adentro de la segunda vuelta.
Del mismo modo es igual de importante las brechas generacionales, que además pueden dar una idea al partido político de cómo se ira moviendo de cara a otras elecciones o incluso poder comprender mejor el discurso que se está ofreciendo, analizar si están quedando en el pasado o, por el contrario, está siendo popular en las juventudes.
Todo esto informa y genera acciones específicas en función de mantener o revertir la situación.
No obstante, hay otra variable que a menudo recibe menos atención en el debate público pero que puede ser igual de determinante o al menos que en la derecha puede estarles costando votos precisamente por no atenderla. Estamos hablando de la variable del sexo del electorado. La llamada “brecha de género en el voto”.
Un ejemplo reciente lo ofrece la última encuesta de Datum Internacional, que muestra una diferencia significativa en la intención de voto hacia Rafael López Aliaga.Según el estudio, 13,3 % de los hombres declara que votaría por él, frente a solo 6,8 % de las mujeres. Es decir, el apoyo masculino es casi el doble que el femenino, lo que evidencia una brecha clara dentro de su potencial electorado. Y es pues ya evidente que su base política está mucho más concentrada en varones, mientras que entre las mujeres su respaldo es considerablemente menor.
Este fenómeno no es exclusivo de la derecha peruana. En Estados Unidos, por ejemplo, las elecciones presidenciales han mostrado consistentemente una brecha entre hombres y mujeres. En los últimos comicios, aproximadamente 55 % de los hombres votaron por Donald Trump, mientras que alrededor de 46 % de las mujeres lo hicieron, lo que representa una diferencia cercana a 9 puntos porcentuales entre ambos grupos.
Además, desde la década de 1980 las mujeres estadounidenses tienden a inclinarse más hacia el Partido Demócrata, mientras que los hombres muestran mayor preferencia por el Partido Republicano.
Algo similar ocurrió en Argentina con el ascenso de Javier Milei. Otro gran personaje de la nueva derecha. Diversos estudios de comportamiento electoral indicaron que entre el 62 % y el 64 % de sus votantes eran hombres, frente a apenas 36 % o 38 % de mujeree.
Incluso, en algunas encuestas de intención de voto previas a la elección, 41 % de los hombres apoyaban a Milei frente a solo 26 % de las mujeres, lo que refleja una brecha que supera los 15 puntos porcentuales, al menos en ese ranking que no dista mucho de los otros.
Cuando se observan estos casos en conjunto, aparece un patrón que algunos politólogos han identificado como el “gender gap”.
En esa misma línea, diversos estudios han identificado brechas fuertes entre hombres y mujeres respecto al comportamiento electoral, especialmente en el apoyo a movimientos o liderazgos de derecha. El politólogo Herbert Kitschelt, profesor en la Universidad de Duke, ha documentado que los votantes de derecha más dura tienden a ser desproporcionadamente hombres, particularmente entre sectores jóvenes y trabajadores. Sus investigaciones muestran que estos partidos suelen atraer con mayor fuerza a varones que se sienten desplazados por cambios económicos o culturales, lo que genera una base electoral donde la presencia masculina supera ampliamente a la femenina.
Por su parte, Ronald Inglehart, profesor de la Universidad de Michigan, explica esta diferencia desde una perspectiva de cambio cultural. Sus estudios sobre la transición hacia valores “postmaterialistas” sostienen que las mujeres tienden a adoptar posiciones más progresistas en temas sociales, mientras que los hombres muestran mayor propensión hacia posiciones más conservadoras.
En conjunto, estos enfoques sugieren que la brecha entre ambos sexos en el voto no solo responde a estrategias electorales, sino también a transformaciones profundas en los valores y percepciones sociales de hombres y mujeres dentro de los espectros políticos vigentes.
En ese contexto, el caso peruano comienza a mostrar señales similares. La diferencia registrada en la encuesta de Datum para López Aliaga podría interpretarse como parte de lo mismo. No logra captar el voto femenino con la misma intensidad que el masculino.
Y ojo, que es importante señalar que esta brecha no se explica simplemente porque sean los candidatos de derecha sean hombres. De hecho, el mismo patrón se repite incluso cuando las candidatas son mujeres. En Europa, por ejemplo, tanto Giorgia Meloni como Marine Le Pen han mostrado niveles de apoyo mayores entre votantes masculinos que femeninos.
En el caso de Meloni, estudios del Italian National Election Study y encuestas previas a su victoria en 2022 indicaban que su partido tenía entre 6 y 8 puntos más apoyo entre hombres que entre mujeres. Algo similar ocurre con Le Pen en Francia, en donde distintos sondeos han mostrado que su respaldo entre hombres suele superar al femenino por alrededor de 7 a 10 puntos, especialmente en los jóvenes.
Pues esta brecha no responde ni depende necesariamente del sexo del candidato, sino de factores relacionados a las agendas culturales y las percepciones subjetivas de los candidatos mismos a nivel del discurso, tanto el fondo como la forma.
¿Acaso el feminismo —aun cuando la gran mayoría de mujeres no se identifique como tal— logró instalar culturalmente la idea de que lo “femenino” es más cercano a los valores de la izquierda? ¿O quizá, en su exitosa y necesaria estrategia de confrontación contra el feminismo y el progresismo en general, la derecha si bien ha sido eficaz criticando las ideas, ha sido poco cuidadosa al diferenciar entre la ideología y el sujeto que sigue las ideas?
Esas respuestas habrán de ser contestadas en otro análisis que ciertamente será necesario ahondar en algún momento. Sin embargo, mi motivación es poner sobre la mesa que entre las múltiples variables necesarias para comprender como se mueve la política local – y también internacional- es fundamental no dejar de lado la brecha entre hombres y mujeres, pues cada voto vale.
Y en estas elecciones la derecha peruana no puede permitirse dejar votos al azar, pues del otro lado está resurgiendo una suerte de Castillismo con mejores modales, pero igual de peligrosa para el Estado de Derecho.
