A lo largo de la historia humana, la paz absoluta ha sido una excepción inexistente. Una mera casualidad momentánea. Por ello, en términos científicos, la evidencia histórica es contundente, nunca ha existido un solo año, desde que hay registros de sociedad, en el que no haya habido al menos un conflicto armado en alguna parte del mundo.
Siempre han coexistido guerras, insurgencias, rebeliones, revoluciones o enfrentamientos locales, incluso en épocas donde no había conflictos directos entre grandes potencias o estados.
Los historiadores Will y Ariel Durant estimaron que, en aproximadamente 3 400 años de historia registrada, solo 268 años no tuvieron guerras “importantes”, lo que representa una fracción mínima del tiempo histórico. Y aun en esos años considerados “sin guerras importantes”, existieron conflictos menores y violencia organizada interna, lo que implica que, en sentido estricto, nunca ha habido un año de paz total planetaria.
Pero incluso cuando nos vamos únicamente a Occidente, pensando que somos la cima del civismo, el análisis es casi igual. En otras palabras, nunca ha existido un solo año con paz total simultánea en toda Europa y América.
De hecho, el continente de las artes y el renacimiento, ha sido históricamente, el más belicoso del planeta. Desde la Antigüedad hasta 1945, prácticamente no existen décadas completas sin guerras grandes.
Historiadores como Niall Ferguson estiman que Europa ha pasado aproximadamente el 90% de su historia en guerra organizada.
No obstante, eso es solo Europa, pues en América el patrón es similar, aunque con menor escala interestatal. Por ejemplo, se puede afirmar con evidencia que América jamás ha tenido un año entero sin algún conflicto armado interno en todo el continente.
Incluso en los llamados “años tranquilos” (1990 y primeros 2000), siempre existió al menos una guerra civil, insurgencia o conflicto armado activo en algún país europeo o americano.
Ahora bien, si es que dejamos los filtros geográficos y nos vamos a lo temporal, la realidad no es tan distinta.
En los últimos 200 años, aproximadamente entre 1826 y la actualidad, la evidencia histórica muestra que casi el 100% de los años han tenido guerras activas en alguna parte del mundo. Incluso se vuelve más alarmante la situación cuando mediante bases de datos ampliamente utilizadas y referenciadas como Correlates of War (COW) y el Uppsala Conflict Data Program (UCDP), confirman que, desde 1946, el promedio global ha oscilado entre 20 y 40 conflictos armados activos por año, sin que la cantidad haya descendido nunca a cero. Esto significa que la guerra no ha sido un evento ocasional, sino una condición persistente del sistema internacional moderno de los países.
Si el análisis se restringe a Occidente y hacemos la síntesis entre lo geográfico y temporal, el patrón se mantiene con una leve reducción relativa.
Aproximadamente entre el 85% y el 90 % de los últimos 200 años han registrado al menos un conflicto armado activo en alguno de estos dos continentes. El porcentaje no alcanza el 100 % únicamente porque existieron algunos años sin guerras interestatales, aunque incluso en esos períodos casi siempre persistieron guerras civiles, insurgencias o conflictos internos.
Esta continuidad también se refleja en el número de guerras simultáneas. Aunque no existen estadísticas oficiales que desagreguen exactamente a Occidente como bloque, los datos del Uppsala Conflict Data Program y del Peace Research Institute Oslo permiten una estimación razonable. Desde la posguerra, Europa ha mantenido en promedio entre 1 y 4 conflictos armados simultáneos por año, mientras que las Américas han registrado entre 1 y 3.
Combinados, ambos continentes han tenido históricamente entre 3 y 6 conflictos armados activos al mismo tiempo en un año típico. En 2024, por ejemplo, se registraron 3 conflictos activos en Europa y 2 en las Américas, lo que arroja un total de aproximadamente cinco conflictos simultáneos en Occidente.
La paz es una anomalía. Y eso nos tiene que quedar claro, es parte de la naturaleza de nuestra especie la violencia y, de hecho, esa violencia es parte de todas las especies vivas animadas de nuestra realidad, es difícil ver entonces algo que se mueve y tiene pulso sin que pueda ejercer violencia racional o no, contra otro ser que se mueve y también tenga pulso.
Si bien no me atrevería a decir que la guerra es necesaria, tampoco me atrevería a decir que es innecesaria.
Lo que si considero bueno acotar es que si ha cambiado considerablemente con el tiempo la forma de la práctica bélica. Aunque el número de conflictos sigue siendo alto, las muertes por guerra como porcentaje de la población mundial han disminuido de manera significativa.
La humanidad no ha eliminado la guerra; pero ciertamente si la ha transformado. Ha reducido los enfrentamientos directos entre grandes Estados, ha fragmentado la violencia de los daños en los conflictos internos y ha perfeccionado la forma de ejecutar la violencia con el fin de destruir más rápido al rival pero más lento al mundo.
Y es justo en ese orden de ideas, es que el filósofo francés, Raymond Aron, sostuvo alguna vez que “la paz es tan solo un interludio entre dos guerras”. Y en efecto, la evidencia empírica secunda dicha premisa.
