Hace cinco años, en un panorama bastante similar, escribí mi primera columna, publicada en el diario El Reporte, a puertas de la segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Pedro Castillo. Poco sabía mi yo de diecinueve años, que un lustro y cuatro presidentes después, los argumentos que expuse en dicha columna se repetirían.
Votar por Keiko Fujimori ciertamente no es fácil. En todos sus años en la política nos ha demostrado que no es capaz de ser una líder, ni de ser una política decente. Anhela el poder, pero nunca ha dado la talla para ostentarlo. Sin embargo, después de tres fracasos, los peruanos, nos vemos una vez más obligados a votar por ella, no por ser la mejor opción, sino por ser la única que no significa regresar a la década de 1980.
Roberto Sánchez, no era un desconocido como Castillo. Hace años que el nuevo político del sombrero forma parte de la política peruana. Ministro con el “prosor” y actual congresista de la República, información que la izquierda pretende que pase inobservada. Aun así, hasta hace unos meses, estaba muy lejos del radar. Muchos se enfocaron en López Chau, Pepe Luna, Nieto o incluso Pérez Tello. No obstante, muchos de ellos o no lograron marcar su presencia en el electorado o se dedicaron a ir por los socialistas de salón, esos que sirven únicamente para condenar el país en una segunda vuelta. Pero Sánchez, San Borjino, vestido de campesino pese a jamás haber trabajado la tierra en su vida, logró convencer al voto castillista, gracias también a un proceso electoral que lo apoyó con todas sus irregularidades.
Hablemos primero del candidato izquierdista. Un indigenista que vive cómodamente en su departamento en uno de los mejores distritos de la capital, hablando de las desigualdades de condiciones de un pueblo que él en cinco años desde el Congreso nunca ayudó a cambiar. Un candidato que probablemente sin la inhabilitación de su compinche el asesino Antauro Humala, no estaría en la condición que está hoy; igual que Pedro Castillo años atrás. Roberto Sánchez, un izquierdista, que decidió aliarse con un asesino de policías, un homicida, que afirma que lo mejor que ha hecho la izquierda en el Perú fue Sendero Luminoso. Un grupo de radicales, que recurren a lo mismo que hizo Perú Libre en 2021 para ganar la elección: la contradicción.
Pese a ilegalmente cambiar su programa de gobierno -para moderarlo-, dado que existe una norma expresa del JNE que prohíbe dicho cambio tras la inscripción, hoy Roberto Sánchez sigue demostrando que no tiene, efectivamente, valores. Pese a hacerse pasar como un candidato del pueblo, hoy se junta con caviares como Pedro Francke o José Domingo Pérez, con la finalidad de obtener los votos de los socialistas de champán limeños, indecisos entre votar por el fujimorismo, pero que no querrían un Evo o un Chávez en el Perú.
Por otro lado, Sánchez había afirmado un respeto hacía la normativa peruana, sin embargo, con su nuevo e ilegitimo plan de gobierno, propone “nacionalizar” Telefónica del Perú. JP quiere apropiarse de las telecomunicaciones en el país y está dispuesto a trasgredir nuestras normas y atentar contra las empresas privadas para lograr su cometido. Un panorama que se asemeja bastante al “exprópiese” de Chávez en Venezuela. Como Pedro Castillo hace unos años, hoy Sánchez vuelve a prometer nacionalizaciones. ¿Y luego no creen que la inversión privada se va a correr?
Las empresas nacionales no sirven, no lo han hecho en décadas y hoy Sánchez quiere atentar contra la seguridad jurídica, y contra las empresas privadas para agrandar el negociado del Estado, y por supuesto, la corrupción. No le basta a Sánchez perder millones con Petro Perú, ahora quiere perder más millones en el sector de telecomunicaciones y nosotros peruanos, volveríamos a esperar seis meses por un nuevo teléfono. En su nuevo plan de gobierno, Sánchez ahora no promueve un cambio de Constitución, sino un referéndum para modificarla.
Desde que supimos que Sánchez sería básicamente el candidato en segunda vuelta, comenzó a esconder a Antauro Humala. Su mano derecha desapareció, incluso hoy lo niega, señalando que no sería parte de su gobierno; pero no podemos olvidar como en su cierre de campaña en la Plaza Dos de Mayo, el candidato de JP anunció que Antauro Humala, un homicida, sería quien dirigiría la política de seguridad y defensa nacional en un eventual gobierno de Sánchez. ¿Entonces Antauro será parte de su equipo?¿De su lista de asesores?
¿A quién le creemos? ¿Al Roberto Sánchez de abril, de mayo o de junio?
Muchos nuevamente hablan de dignidad, que Fujimori nunca más, se rajan las vestiduras como Hildebrandt diciendo que el fujimorismo no puede llegar al poder. Y como en el 2021, comparan a Alberto con Abimael, ambos criminales, ambos genocidas, pese a que solo el líder de Sendero Luminoso dejó miles de tumbas e instauró el terror en todo el país. Hablan de dignidad, de moral, que Keiko se querrá perpetuar en el Estado y que por eso es mejor votar por un partido y por un candidato que hoy se dan la mano con el Movadef, el brazo político de Sendero Luminoso. Porque si no les bastó con el condenado Guillermo Bermejo en Perú Libre ahora la situación es mucho peor.
Sánchez y JP le regalaron un escaño de nuestro parlamento a César Tito Rojas, diputado electo en Puno y uno de los fundadores de Movadef. Un congresista que reivindica a Sendero Luminoso y que apoya las masacres que vimos el siglo pasado. Luego está Serafin Luján, investigado por terrorismo desde hace seis años y hoy diputado electo por Huánuco. Alejandro Manay otro diputado de la mano de Sánchez vinculado con Sendero Luminoso, según afirmaciones de Max Anhuamán exjefe de la Dircote, quien afirma que otros personajes vinculados con Sánchez como Anahí Durán e Iber Maraví también están vinculados con grupos terroristas como Sendero Luminoso o MRTA.
Entonces sí, Sánchez está rodeado de personas vinculadas al terrorismo, invitándolos incluso a participar en el Parlamento. Pero claro, el votante, el socialista de salón, y los demás anti-Keiko, desmienten, dicen que son mentiras, que el Movadef y SL ya no existen. Muchos, dentro de su punto de vista obtuso, prefieren hacer de la vista gorda, su odio es más grande que su razón. Más facil es decir que -aun sin los números- el Congreso será naranja, que Keiko es una corrupta y que tiene tomado el Poder Judicial para perpetuarse.
Ahí está la dignidad.
No les importa las alertas, tanto nacionales como internacionales sobre Sánchez. No les importa que su partido reivindique Cuba o Venezuela, que el dólar suba, los precios incrementen y que en las sombras Sendero Luminoso vea este panorama como una oportunidad. Fujimori nunca más. No importa retroceder 40 años en cinco. Incluso están los negacionistas que afirman que, si no nos hundimos en año y medio de Castillo, cinco de Sánchez no será como el Titanic. Un peruano muere cada cuatro horas a manos del crimen organizado y queremos darle el Estado ahora a los que defienden el crimen.
Como dije hace cinco años, no soy fan de Keiko, para nada, pero no nos dan otra opción. La izquierda viene para quedarse; no lo logró Castillo, pero la fórmula la siguen trabajando. No creen en la democracia, pero saben usar sus falencias. Lograron restar la legitimidad a las elecciones para luego desde adentro corromperlas definitivamente.
Un país gobernado por golpistas, comunistas, senderistas, por el Movadef, por Antauros y demás, soñando ser Cuba. Un gobierno dispuesto a revolcar nuestra Constitución, liberar a chotanos golpistas y a entregar nuestro país a su perdición. Esa es la verdad de Juntos por el Perú y de Roberto Sánchez. Ese es el precio de su dignidad y de Fujimori nunca más. Votar con los ojos cerrados queriendo creer en promesas vacías y con una soberbia, pero nula autoridad moral creer que se está haciendo un bien para el país.
