Escrito por 23:52 Opinión

¿Nueva época?, por Víctor Andrés Belaunde Gutiérrez

Todos los acontecimientos sugieren, tanto en el Perú, como en el mundo, que estamos transitando por un cambio de época. El fin de la Guerra Fría marcó el inicio de un período en el que supuestamente predominaría la democracia liberal, tal como se la entendía en 1989. Fukuyama escribió un artículo y luego un libro hiper triunfalista, alegando que de ahí en adelante la historia terminaba y se cerraba el debate ideológico en el mundo.

Lo que ocurrió entonces, más que un triunfo del liberalismo (llamar así al abanico de políticas que aplicaban las principales potencias occidentales, es vaciar a las palabras de significado) fue el derrumbe de un modelo totalitario basado en la mentira, el comunismo. Una de las razones fundamentales de su caída, además, fue una desmoralización interna. El politburó soviético dejó de creer en sus supuestos dogmas, sabían que comandaban una farsa y carecían de la brutal determinación necesaria para preservar el poder.

El Partido Comunista Chino demostró tenerla cuando aplastó, a sangre y fuego, las primeras rondas de protestas estudiantiles. La situación china de entonces era muy distinta y la dirigencia del Partido Comunista Chino tenía muchos motivos para confiar en el futuro, cosa que no ocurría con sus pares soviéticos. Resulta difícil pronunciarse si la clase dirigencial china actual conserva el brutal apetito de poder necesario para su ejercicio vitalicio, pues cada vez es más evidente, que la potencia china, podría ser, al menos parcialmente, un castillo de naipes al ocultar muchas debilidades.

En Estados Unidos, las peculiaridades de Trump y su carácter odioso ocultan la radicalización del Partido Demócrata y su y consiguiente probable fracaso, más allá de lo que ocurra en las elecciones de mitad de período de noviembre, tradicionalmente desfavorables para el partido en el poder.  La guerra iraní, aunque no ha derribado al régimen ni eliminado por completo su capacidad de hacer daño, si lo ha debilitado seriamente, ha destruido buena parte de su infraestructura y ha retrasado sus pretensiones de convertirse en potencia nuclear. Por cuanto tiempo, no lo sabemos.

En nuestra patria, el triunfo de la señora Fujimori, marca un verdadero cambio de página. Desde la caída del primer fujimorismo, la política peruana estuvo determinada por una aparente lucha entre las fuerzas de la corrupción y la dictadura que este habría representado y las de la democracia y decencia. Este relato maniqueo fue poco a poco colapsando.

En primer lugar, porque la corrupción personal de Toledo y de buena parte de la izquierda envuelta en banderas morales, evidencio la falsedad de esta dicotomía. En segundo lugar, porque la izquierda progre creyó que podrían proscribir para siempre al fujimorismo de la sociedad educada, actitud que lo fue fortaleciendo, lenta pero sostenidamente.

Otro factor importante es que el paso del tiempo suavizó los sentimientos que provocaba Fujimori padre, empezando a pesar más los aciertos de su gobierno. Ello, sumado al celo vengativo con el que se lo mantuvo en la cárcel y se le mezquinó el mérito político de la derrota de Sendero Luminoso y la estabilización económica del país.

De igual manera, la cooptación izquierdista del aparato judicial y fiscal no sólo fue perdiendo efectividad, sino que evidenció un doble rasero. Sus operadores, se desprestigiaron. La mentira del relato fue emergiendo, lentamente.

Se mantiene un problema político, que superarlo es uno de los grandes desafíos de la señora Fujimori, y este es el secuestro por parte de la izquierda más retrograda de la representación del descontento rural y del interior del país. Este descontento no es una mera reacción a la pobreza, pues las condiciones materiales han mejorado sustancialmente en buena parte del país, pero si refleja una miopía en el discurso político que emana de Lima. La capacidad del gobierno por asumir el 28 de julio de restablecer la seguridad, ponerle coto a la aplanadora burocrática que paraliza y corrompe todo e incrementar el crecimiento económico, serán determinantes para que el cambio de época no sea cuestión de un día. También lo será hacer sentir al Perú descontento que su gobierno trabaja para ellos. La presencia de la Presidente, en diversos puntos del país, recorriéndolo, la ayudaría mucho a dar ese mensaje.

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Víctor Andrés Belaunde

Víctor Andrés Belaunde

Abogado

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Last modified: 5 de julio de 2026
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