Desde su fundación, JPP ha sido un vehículo electoral adaptable a los intereses de la izquierda menos popular. Hoy, con Roberto Sánchez, avanza a segunda vuelta reuniendo castillistas, etnocaceristas, y vinculados al Movadef, pero intentan ganar nuevos votos exhibiendo rostros de la farándula caviar.
Juntos por el Perú nació en 2017 con una promesa de unidad. Distintas organizaciones de izquierda decidieron reagruparse bajo una inscripción ya existente: la del Partido Humanista Peruano, liderado por Yehude Simon. La operación fue sencilla y eficaz: tomar una estructura legal disponible, cambiarle el nombre, incorporar nuevas fuerzas y presentarla como un proyecto político renovado.
Desde entonces, Juntos por el Perú ha sido muchas cosas. Fue el vehículo de Verónika Mendoza en 2021. Luego, bajo Roberto Sánchez, terminó convertido en refugio de sectores castillistas, cuadros sindicales radicales, etnocaceristas y personajes con antecedentes o menciones en investigaciones vinculadas al Movadef, Sendero Luminoso y el MRTA. Más que un partido, parece una carcasa electoral: una marca que se adapta al candidato, al momento y al cálculo político.

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