Escrito por 06:00 Opinión

La grandeza de toda madre, por Alfredo Gildemeister

Hace unos años, un viejo sacerdote jesuita, capellán veterano de la guerra civil española que desangró a España de 1936 a 1939, me contaba que una de las cosas que más le impresionó de los campos de batalla en esa espantosa guerra, era ver a los soldados heridos o agonizando al borde de la muerte, llamar a gritos a sus respectivas madres: “mamá… mamá… madre…”, balbuceaban los soldados heridos agonizantes. Llamaban a sus madres, querían a sus madres en sus últimos momentos.

Esta sencilla anécdota nos revela el importante lugar que ocupa la madre en el corazón de las personas. Sin embargo, al ver la realidad actual, no puedo dejar de preguntarme lo siguiente: ¿Cómo son las madres en la actualidad? ¿La mujer de hoy sabe ser madre? Y en todo caso y, aunque suene duro, ¿Le interesa a la mujer moderna, ejecutiva de hoy, ser madre o ello constituye más un “obstáculo” que otra cosa? Hace poco escuchaba una conferencia sobre la “mujer de éxito” de hoy, destacando que cada vez más mujeres ocupaban puestos ejecutivos importantes en empresas de prestigio, percibiendo inclusive altas remuneraciones a la par o mejores que los varones, y no se mencionaba para nada la maternidad. Pero ¿Qué deberíamos entender por “mujer de éxito”? ¿Acaso solo la que alcanza un cargo ejecutivo, gana dinero, compra los bienes que desea, cuida su cuerpo al máximo en un gimnasio o en un spa? ¿Dónde queda la madre entonces? ¿Relegada a un lugar muy secundario u olvidada por ahí, frente a la mujer ejecutiva de éxito?

Hablar de maternidad nos remite obviamente a la mujer y a ese don maravilloso que Dios le dio de coparticipar con Él en la creación de la vida de un nuevo ser humano. Lo más preciado que toda mujer tiene es el don de la maternidad, esto es, la capacidad de engendrar una vida y ser madre. Siendo grandes cualidades, sin embargo, lo mejor de toda mujer no será su éxito profesional, su belleza, su feminidad, su capacidad de trabajo, de organización o su capacidad de sacrificio y generosidad. Lo más preciado siempre será su maternidad o capacidad para ser madre y engendrar una vida. Sin embargo, nunca se ha atacado y criticado tanto a la maternidad como hoy. Se la ataca en toda una diversidad de ámbitos y países e irónicamente, más aún en los países supuestamente “desarrollados”. Nuestro país aún constituye una especie de “isla” a nivel mundial, en donde la maternidad aún es importante. Sin embargo, hoy las parejas de enamorados cada vez más deciden no casarse y menos aún, tener familia, esto es, tener hijos. El matrimonio como la posibilidad de tener hijos les aterra a muchos. ¿A qué se debe esta especie de miedo a la maternidad -y por qué también no decirlo, a la paternidad- a la posibilidad de ser padre o madre y tener hijos? ¿Está en crisis la maternidad?

Es lógico que esta especie de “fobia” a la maternidad —que lamentablemente pareciera estar hoy de moda— ocurra en una sociedad en donde se nos “vende” como meta suprema de la vida, el éxito profesional, acumular dinero y bienes, viajes a paraísos caribeños, poder, etc. esto es, acumulando bienes, y que uno deba ser feliz y pasarla bien siempre, sin complicarse la vida. En nuestra sociedad por tanto prima lo divertido, el pasarla bien y se descarta todo aquello que se oponga a esa “felicidad” egoísta y materialista con la que se nos bombardea a diario. Por tanto, si una “pareja” ya no te hace feliz, se la descarta o abandona y punto; si tu esposo o esposa ya no te hace feliz, se le deja, con hijos incluidos y listo, te buscas otro u otra y ya está. Es la cultura del “descarte” a la que se refería el Papa Francisco. Por tanto, si un hijo no te va a hacer feliz, puesto que significa complicarte la vida, una importante responsabilidad y un límite a tu “felicidad” o “nivel de vida” (viajes, compras, diversión, fiestas, paseos, reuniones, etc.), pues simplemente no se le tiene, o en todo caso, si por ahí terminaste embarazada, se le descarta, es decir, se le aborta (asesina) y se le arroja a un basurero como si fuera un trapo sucio y ya.

De allí que hoy la maternidad, el tener hijos, sea visto como una molestia, una pesada “carga” y un gran obstáculo a la “felicidad”. Mejor es no tener hijos, pasarla pipa, vivir el momento, buscar lo divertido y listo, evitando responsabilidades molestas. Este fenómeno de “fobia a la maternidad” olvida algo que es fundamental: que, precisamente, es en la posibilidad de ser madre y tener hijos, en donde radica la verdadera felicidad y realización de toda mujer y de todo matrimonio. El don más grande que tiene una mujer es la posibilidad de ser madre, la posibilidad de engendrar una nueva vida, un ser humano en cuerpo y alma. Se trata de un don de Dios y una bendición de Dios hacia la mujer, que le permite participar con Él, de la creación de una nueva vida.

Por ello constituye una aberración de la maternidad —un hecho contra natura— la promoción del aborto en todas sus formas, esto es, el asesinato del ser humano que está por nacer, promovido por una sociedad sumergida en un hedonismo, materialismo y egoísmo extremo, en donde un hijo es un “problema”, “un fastidio”, una responsabilidad y, por tanto, un obstáculo para la felicidad. De allí que lo mejor sea eliminarlo, descartarlo o, en todo caso, no tenerlo. Hoy el matrimonio y la familia son atacados por doquier, puesto que atentan contra los “principios” de una sociedad materialista, en donde solo se promueve el éxito económico —material, profesional— “la realización personal”, olvidándose que con esa “realización” egoísta, no vas a ser feliz. Por ello hoy tenemos una gran cantidad de personas, parejas y matrimonios que sufren ansiedad, angustia y la hoy famosa depresión, al rechazar la maternidad y la posibilidad de tener hijos, buscando su felicidad en lo mero material y efímero.

El ser humano nació para trascender, y una forma de trascender es la unión con tu cónyuge, basado en el amor —no quedarse solo en la simple sexualidad— para participar en la creación de una vida, esto es, tener hijos. De allí que la maternidad sea un don maravilloso, casi divino, en donde del amor de un hombre y una mujer, surge una nueva vida. Cuando una mujer aborta a su hijo, está actuando contra natura, esto es, contra su propia naturaleza, y no es feliz, todo lo contrario, tendrá una profunda amargura, una infelicidad para toda su vida. No hay acto más grave y aberrante que una madre que asesina a su propio hijo.

Por tanto, lo que celebramos hoy es el don de la maternidad de toda mujer, la posibilidad de engendrar una nueva vida. No se trata de un problema, un obstáculo o una carga, tal como se le quiere ver hoy a la maternidad y a los hijos. Un hijo es una bendición, no un problema. Hoy podemos apreciar en diversos países, especialmente “desarrollados”, la grave crisis que afrontan precisamente por no tener hijos. Prefieren tener mascotas que un hijo.

¡Celebremos hoy el don de la maternidad! ¡La grandeza de toda madre está en su maternidad! Felicito a todas las madres peruanas, humildes, valientes, trabajadoras, sacrificadas y amorosas, que le dicen ¡sí a la vida! y que luchan día a día por sacar a sus hijos adelante, frente a la crítica y presión de una sociedad materialista y egoísta que no quiere niños. ¡Feliz día de la madre para todas las madres peruanas! ¡Ustedes mamás peruanas son maravillosas, son la esperanza del Perú!

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Last modified: 8 de mayo de 2026
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