Escrito por 10:14 Opinión

Gabinete de gestión, por Alfredo Gildemeister

Finalmente, al mediodía del pasado 28 de julio asumió la presidencia de la República la Sra. Keiko Fujimori, quien luego de un mensaje esperanzador, conciliador, conciso, con objetivos muy concretos, la tarde de ese mismo día procedió de inmediato a la juramentación de su gabinete de ministros.

No bien habían juramentado los nuevos ministros, surgieron como cancha, como por arte de magia, un sinnúmero de “politólogos” y “opinólogos” —nueva profesión surgida de la nada y que nadie sabe en qué diablos consiste— opinando sobre los nuevos ministros y juzgando a machetazo limpio a cada nuevo ministro cuando ni siquiera han asumido el cargo y ocupado la oficina de su ministerio.

De un lado, estaban aquellos que aprobaban el nuevo gabinete y con mucha esperanza e ilusión confiaban en que el nuevo gabinete cumpliría con los urgentes objetivos trazados por la presidente en su mensaje a la nación. De otro lado, estaban los “expertos opinólogos” que, si bien aceptaban a la mayoría de los nuevos ministros, sin embargo, juzgaban implacablemente con cierta dureza a unos cuantos de estos que, según estos opinólogos, “no saben nada acerca de su cartera” o se preguntaban “¿cómo así se subieron al carro del nuevo gobierno luego que durante su pasado criticaron tanto a Fujimori”? o “¿Qué hace este señor en ese cargo?” y así cuestiones por el estilo.

Al parecer, lo que no entienden estos señores “politólogos y opinólogos” que pontifican a diestra y siniestra sus “verdades” cuales dioses del Olimpo, es que un ministro es un gestor, al igual que ocurre en una empresa privada, para ser mas concretos en una sociedad anónima, en donde tenemos a la gerencia general y a los gerentes de cada área de la empresa (Finanzas, Ventas, Recursos Humanos, Legal, Sistemas, Relaciones Públicas, etc.) —denominados gerentes de primera fila— que son los encargados de gestionar cada uno en su área o departamento, los problemas concretos y solucionarlos, logrando los objetivos o metas de su área, en un plazo determinado que por lo general se traza en trimestres, semestres o hasta el año inclusive. No necesariamente el ministro debe ser un profesional del ramo de la cartera ni un experto Suma cum Laude. Basta ser gestor y saber gestionar.

Así, por ejemplo, en Salud se requiere de un gestor que organice y solucione los problemas del sector, mas que de un médico neurólogo o cardiólogo. Muchos exministros del sector Salud no fueron médicos. Inclusive Luis Castañeda Lossio, sin ser ministro y no era médico, realizó una excelente gestión en el antiguo IPSS, hoy ESSALUD. 

Para mayor claridad, se entiende por gestión al conjunto de actividades, procesos y acciones que se realizan para alcanzar un objetivo de manera organizada y eficiente. Esto implica principalmente el proceso de planificar, organizar, dirigir y controlar recursos. De allí que gestionar significa realizar pues esas acciones, es decir, llevar a cabo las actividades necesarias para lograr un objetivo o resolver un problema. Así de simple y claro. De allí que un ministro es un gestor que debe llevar a cabo todas las actividades necesarias para resolver los problemas propios de su sector y lograr los objetivos trazados por la presidente, tal como los señaló en su mensaje a la nación.

Por lo que si, por ejemplo, el ministro del Interior tiene que resolver el problema de la inseguridad ciudadana, tendrá que tomar las decisiones pertinentes para llevar a cabo todas las actividades necesarias para resolver dicho problema; o si el ministro de Trabajo debe resolver el problema del desempleo, del mismo modo tendrá que tomar las decisiones pertinentes para llevar a cabo todas las actividades necesarias para resolver el problema del desempleo; o el caso de un ministro de Transportes que organiza un programa para mejorar el transporte público, construir las carreteras necesarias, administrará un presupuesto y tomará las decisiones que sean necesarias.

Es así como cada ministro deberá afrontar los problemas propios de su cartera y tomar las decisiones correspondientes, por muy duras o difíciles que puedan ser. Obviamente que, para ello, cada ministro cuenta con todo un equipo de asesores, funcionarios y, especialmente, uno o varios viceministros que constituyen su apoyo fundamental para el logro de los objetivos trazados y que, por lo general, son los que llevan la mayor carga de trabajo. Adicionalmente, cabe mencionar que cada ministro también de alguna manera debe afrontar los problemas de orden “político” que afecten a su cartera y gestión. En todo caso será el presidente de la República quien es el comandante de esta nave que constituye todo gobierno, y que actúa también como gestor, pero especialmente como gestor político que realiza “gestión política”, esto es, el proceso de planificar, organizar, dirigir y ejecutar acciones y decisiones en el ámbito público para atender las necesidades de la sociedad civil y alcanzar los objetivos de bien común, mediante el uso responsable de los recursos y el ejercicio del poder dentro de las instituciones. La gestión política constituye pues todo un conjunto de acciones que realizan, en general, las autoridades y servidores públicos para diseñar, implementar y evaluar políticas y programas que buscan mejorar el bienestar de la sociedad.

En resumen, podemos concluir que todo ministro es un gestor. Y un gestor toma decisiones o debe en todo caso tomarlas. Un ministro que no gestiona y no toma decisiones —al igual que un gerente de finanzas que no toma decisiones o las evita o las patea en una empresa privada y no resuelve problemas— simplemente no sirve para nada y se le debe de reemplazar de inmediato. De allí que juzgar a un gabinete o a un ministro cuando solo tiene uno o dos días de juramentado, constituye -por decir lo menos- un disparate, ya que aún no ha realizado acción alguna por la cual pueda ser evaluado. Entonces ¿Qué es lo que están juzgando estos “opinólogos y politólogos”? ¿Sobre qué argumentos, aspectos o puntos basan sus juicios? Pues simplemente en meros aspectos subjetivos como pareceres, intuiciones, presentimientos, antipatías, complejos, envidias, resentimientos pasados, etc.

Como a todo nuevo gerente en una empresa privada, debemos darle el tiempo o plazo suficiente y necesario al nuevo gabinete y a cada nuevo ministro para que trabaje, conozca a fondo los principales problemas de su cartera y tome las decisiones que deba de tomar para solucionar dichos problemas con eficiencia. Para esto están y no para otra cosa. En este caso, tenemos pues un “gabinete de gestión” con un gran reto que es solucionar los urgentes problemas que aquejan a nuestro país. Le deseamos el mayor de los éxitos al nuevo gabinete. De ustedes depende mucho. A ser valientes y a tomar las decisiones que deban de tomarse, sin miedo y con miras al bien común, esto es, al bien de las mayorías, para el bien y desarrollo de nuestra patria.

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Alfredo Gildemeister

Alfredo Gildemeister

Abogado

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Last modified: 2 de agosto de 2026
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