Escrito por 07:41 Opinión

Un mensaje de esperanza, por Alfredo Gildemeister

El pasado miércoles 15 de julio, la presidente electa Keiko Fujimori recibió las credenciales correspondientes de manos del presidente del Jurado Nacional de Elecciones, que la acreditan como presidente de la República. Luego de la entrega de la credencial, procedió a leer un discurso muy emotivo que de alguna manera constituye un adelanto del contenido de lo que será su mensaje a la nación, cuando asuma la presidencia el próximo martes 28 de julio.

Cabe destacar que su discurso comienza agradeciendo a Dios, cosa nada común en los políticos de hoy, los cuales —siguiendo el nihilismo tan de moda hoy en día que rechaza que la vida tenga un sentido o significado, propósitos y valores absolutos, incluyendo a Dios— mantienen un ateísmo, agnosticismo o un claro paganismo, olvidando a Dios y cualquier aspecto trascendental en general.

Así mismo, su discurso también comienza mencionando la humildad y el agradecimiento, virtudes también no muy comunes hoy en día. A continuación, cosa curiosa, procedió a expresar su sincero reconocimiento a los miembros de su partido “y especialmente a los líderes de las distintas fuerzas políticas” que al margen de las diferencias existentes han comprendido la “trascendencia del momento” para el país y la defensa de la democracia. Sea cierto o no, en todo caso constituye una muestra de humildad efectivamente, este reconocimiento a los demás partidos políticos que durante tantos años la criticaron, atacaron, culparon de todos los males e inclusive difamaron, e inmediatamente comenzó a señalar los que serán los vectores centrales, fundamentales, de su próximo gobierno, señalando de arranque que comienza una “nueva etapa, un nuevo rumbo” para el país —o al menos es lo que todos los peruanos que amamos el Perú esperamos—, y menciona las metas generales a tomar en cuenta tales como el progreso, la paz, el reencuentro de todos los peruanos y la recuperación de la confianza en las instituciones —síntoma muy actual de una democracia tan alicaída como la peruana, principalmente por la corrupción— y una verdadera inclusión de los peruanos “históricamente postergados y permanentemente olvidados”. Metas pues centrales, estrellas Norte que marcarán las decisiones y acciones a seguir del nuevo gobierno: un Perú mas inclusivo en donde la “prosperidad sea compartida por todos los peruanos”.

Se trató de un mensaje de esperanza para todos los peruanos, para “construir un futuro con mayor tranquilidad” y sin desigualdad. Y luego denuncia algo que repetirá a lo largo de todo su discurso: la ausencia del Estado ante la difícil realidad de la mayoría de los peruanos: “hemos convivido con un Estado que llega tarde…”, si es que llega. Lo estamos viendo hoy con los damnificados por el reciente sismo en el centro del Perú. Por lo que “esa realidad tiene que cambiar”. Es un clamor que tiene años: una verdadera y urgente reforma a fondo del Estado peruano y que ningún gobierno en los últimos veinte años, ha tenido el coraje ni la valentía de realizar.

Efectivamente, con una visión más empresarial que política -tal como lo haría el gerente general de una gran empresa ante los problemas de esta- se trata de buscar soluciones que resuelvan con urgencia los graves problemas del país. De allí que el Perú “no necesita un Gobierno que explique los problemas, necesita un gobierno que los resuelva… hemos venido a recuperar el sentido de urgencia del Estado”.

Con una visión práctica, mas de gestión que -repito- política, nos recuerda un poco la manera practica de gobernar de su padre en su primer gobierno, afrontando y solucionando los principales problemas del país en aquellos años 90, de una manera práctica, sin políticos tibios que todo lo “negocian”, sino con empresarios y técnicos que encuentran y aplican soluciones concretas a los problemas del país, sin cálculo político ni mezquindades. De allí el objetivo concreto de “acelerar las decisiones que el país viene esperando desde hace mucho tiempo con orden, con responsabilidad, con eficiencia y, sobre todo, con sensibilidad humana”. Por lo tanto, el objetivo fundamental de su gobierno será “construir un Estado que funcione. Un Estado que proteja, que acompañe y que genere oportunidades.” Esto se manifestará en un país en “donde la seguridad permita vivir sin miedo, donde el crecimiento económico se traduzca en mejores oportunidades para todos, donde la inversión genere empleo de calidad, donde el progreso deje de ser un privilegio de algunos y se convierta en patrimonio de toda la Nación.”

Algo muy importante que cabe destacar es que la presidente electa no viene a cambiarlo todo, tal como suelen hacer los nuevos gobernantes que asumen un nuevo gobierno, pues “no venimos a cambiar lo que está funcionando, venimos a asegurar que los beneficios del crecimiento sí lleguen a todos los rincones de nuestro país”. Lo que está funcionando bien, es lógico y de sentido común que se mantenga e inclusive mejore, pero no se le cambia. La idea es que los beneficios de un país en crecimiento beneficien a todos, especialmente a los mas pobres y necesitados. Un país no se transforma con discursos, de eso ya hemos tenido bastantes, sino con una visión practica que solucione los problemas, con resultados concretos, reales y palpables.

La visión practica de la presidente electa es clara —¿herencia de su padre?— repito, solucionar ya los problemas nacionales. De allí que “un Gobiernono se mide por la cantidad de anuncios, sino por las soluciones que entrega”. Totalmente cierto. Y anuncia algo que en una empresa privada es algo perfectamente normal y práctico: el trabajo por objetivos concretos y medibles de cada gerencia o departamento de la empresa. “Quiero anunciar que instauraremos una nueva forma de gestionar el Estado. Cada ministeriotendrá objetivos concretos, cada autoridad conocerá las metas que debe alcanzar, cada ciudadano podrá evaluar nuestros avances, porque gobernar significa rendir cuentas”. Una visión empresarial, práctica y concreta. Un objetivo real: El Estadotiene que recuperar esa capacidad de resolver y resolver a tiempo, con “decisión, coraje y voluntad política”, con “rigor técnico”.

 Se trata de un mensaje que anuncia una esperanza y descarta la división y el odio que tanto daño ha hecho y continúa causando en el Perú. Mas que un país dividido -que tanto les gusta a los izquierdistas y comunistas repetir, típico en ellos, dividir- es un país que clama soluciones a sus problemas y que quiere vivir en paz, sin violencia ni divisiones. Por ello deberá recuperar algo fundamental: la confianza de la ciudadanía. Y esto solo se logra con soluciones concretas, firmes y eficientes. Las promesas no bastan. Se trata de un mensaje de unidad y -repito- esperanza. Solo unidos saldremos adelante y eso a la izquierda le cuesta entenderlo o, mejor dicho, no le interesa ni le conviene entenderlo. Por ello anunció la “reconciliación nacional”, superar la confrontación y buscar lo que une, la “unidad en la diversidad… La reconciliación nacional no significa olvidar nuestras diferencias, significa aprender a construir sobre aquello que nos une”. Por ello la presidente convoca acertadamente a todas las fuerzas políticas democráticas. Pues esto constituye una tarea de todos los peruanos y no solo de un gobierno.

En resumen, la presidente electa nos adelanta una visión practica y casi empresarial de gobierno, en donde los ministros actuarán como gestores y técnicos, no como políticos, tomando las decisiones correspondientes cuyos objetivos serán encontrar y aplicar sin titubear, soluciones inmediatas a los graves y urgentes problemas del país, con miras a “una economía que genere prosperidad, inversión y empleo”. De otro lado la presidente es consciente que la tarea no será fácil: “Habrá desafíos, momentos difíciles, decisiones complejas, pero pueden tener la seguridad de una cosa: durante cinco años habremos logrado construir un Perú más seguro, más justo, más próspero, más unido”.

Ella es consciente que no tiene mayoría en la cámara de senadores y de diputados; sabe que la extrema izquierda y los simpatizantes de Sendero Luminoso, que odian a su padre y por ende a ella, le harán la vida imposible pues no les importa el Perú, su odio y resentimiento es lo primordial. Siendo ella consciente del difícil panorama que afrontará, su decisión es clara y firme. Le deseamos el mayor de los éxitos. Forme y haga su gobierno como mejor le parezca, con su propio equipo, asesores y personas de su confianza. No haga caso de tantos adulones y ayayeros que ahora la buscan, la rodean, la aplauden -cuando hace poco le arrojaban piedras- y le sugieren -o desean imponer- el cómo gobernar. No será tarea fácil. Sin embargo, todos queremos un país mejor en donde todos los peruanos puedan vivir dignamente, con calidad de vida y ser felices en la tierra que los vio nacer, sin necesidad de dejar este país bendito. Buena suerte presidente. Dios la bendiga. Le deseamos el mayor de los éxitos en su gestión de gobierno.

Compartir esta nota:

Facebook X LinkedIn WhatsApp
Alfredo Gildemeister

Alfredo Gildemeister

Abogado

Ver todos sus artículos →
Last modified: 26 de julio de 2026
Close