Escrito por 07:14 Opinión

Una nueva enfermedad: la presidencialitis aguda, por Alfredo Gildemeister

De un tiempo a esta parte, debemos anunciar que una extraña fiebre se ha desatado en el Perú. ¿Se tratará acaso de una nueva epidemia? ¿quizá una especie de plaga? Nadie lo sabe. Sin embargo, es una realidad que un extraño fenómeno está afectando a hombres y mujeres, pero de manera selectiva en el Perú pues esta fiebre no afecta a todo el mundo. Tampoco contagia a los niños y adolescentes. Solo a los adultos. Los biólogos e investigadores científicos la han denominado “presidencialitis aguda 2026”, más conocida como PA26.

Es una enfermedad que una vez que se contrae, dura para toda la vida. Los científicos están muy preocupados y pareciera que solo se da en el Perú, sin conocer aún las causas exactas de su origen. Algunos ya están trabajando en una vacuna para evitarla, pero sin éxito hasta el momento. El síntoma más saltante y característico de la enfermedad radica en el afán de la persona de querer ser presidente de la República a como dé lugar, con ansiedad y desesperación.

De otro lado, ante esta avalancha de candidatos presidenciales nunca vista en la historia de nuestra república, algunas universidades ya están estudiando la posibilidad de crear la carrera de presidente. El objetivo principal por no decir fundamental de la mencionada carrera sería la de formar personas que sepan gobernar y que destaquen por sus virtudes como la honestidad, humildad, vocación de servicio, sacrificio, amor por el país, entre las virtudes más importantes. Ante tantos “presidentes” desastrosos y corruptos, por decir lo menos, —paradójicamente la gran mayoría sin haber sido elegidos siquiera o productos de un bochornoso fraude— que han gobernado el país en los últimos años, se hace imprescindible pues la formación de presidentes con estas características. Así lo han determinado algunas universidades que están considerando la creación de la carrera de presidente de la república. Sin embargo, en una reciente reunión del rector y principales autoridades de una reconocida universidad privada en Lima, ante la consideración de la creación de la referida carrera, el decano de la facultad de filosofía levantó la mano pidiendo el uso de la palabra. Con toda humildad y hasta con cierta timidez, señaló un pequeño inconveniente para la creación de la carrera de presidente. Recordó a las autoridades universitarias una conocida viñeta de Mafalda en donde aparece ésta conversando con Miguelito. En la viñeta se puede apreciar como Miguelito señala que según dice todo el mundo, nadie sabe gobernar. Entonces le propone a Mafalda la genial idea de la creación de la carrera de presidente, de tal manera que los tipos que vayan salgan sabiendo cómo se debe gobernar y listo. Mafalda lo mira calladamente y solo le hace una simple pregunta: “¿y quiénes serían los profesores?” Los dos se quedan mirando en silencio y a continuación Miguelito comienza a conversar sobre otros temas: “¿Quieres una pastillita de menta? Mi abuelito me compró un paquete…”. El decano de filosofía terminó su intervención y se sentó. El rector y las autoridades universitarias se miraron unos a otros haciéndose cada uno la misma pregunta que hizo Mafalda a Miguelito: “¿y quiénes serían los profesores?” Ante el largo e incómodo silencio, el rector concluyó la reunión declarando inviable la propuesta de carrera de presidente, ordenando su archivamiento definitivo.

Volviendo a nuestra realidad, pareciera que los peruanos no se han enterado de que dentro de dos meses nada menos, tendremos elecciones generales para elegir presidente de la República, vicepresidentes, senadores, diputados y parlamento andino. Casi nada. Lamentablemente, pareciera que el electorado no tiene la menor motivación e ilusión por el próximo proceso electoral. Nadie diría que el Perú vive un proceso electoral. ¿Acaso los peruanos esperan que las próximas elecciones del 12 de abril “solucionen” como por arte de magia, la horrorosa situación de inseguridad ciudadana y corrupción generalizada que afecta al país? El electorado ha perdido toda esperanza en la clase política actual.

Si uno aprecia la ingente cantidad nunca vista de candidatos a la presidencia —por no mencionar los candidatos a senadores y diputados— podrá apreciar que un buen porcentaje son los mismos candidatos fracasados de los últimos diez años, por no decir más; así como los mismos candidatos en algunos casos con historiales de corrupción y acusaciones o con diversos cuestionamientos que en cualquier país civilizado les impediría ser candidatos; en resumen, la gran mayoría de candidatos son viejos reciclados por enésima vez, que creen que el pueblo peruano carece de memoria y se “reinventan” tratando de pasar por una nueva “esperanza” y “solución” a los graves problemas de los peruanos, como si los peruanos fuéramos tontos redomados que nos pueden vender el mismo cuento de hace cinco años. De otro lado, ¿Quién nos asegura que tendremos unas elecciones limpias y transparentes? ¿La misma ONPE, JNE y RENIEC que ocultó actas y datos falsos en las últimas elecciones, permitiendo que votaran miles de fallecidos o de menores de edad como bebes y niños, y que impusieron el “triunfo” de Castillo y luego Boluarte? Muchos ingenuamente creen o tienen la esperanza de unas elecciones limpias y transparentes. Otros desconfían, pero prefieren creer en ello. Sin embargo, el panorama electoral para el 2026 es totalmente incierto. De allí que nos encontremos ante un año de incertidumbre en todo sentido. Por incertidumbre el Diccionario de la RAE entiende lo siguiente: “Falta de seguridad, de confianza o de certeza sobre algo, especialmente cuando crea inquietud”.

Por lo pronto, ante la gran cantidad de candidatos, el candidato que triunfe lo hará con un porcentaje muy bajo. Estamos ante un voto totalmente atomizado. Definitivamente se ira a una segunda vuelta en donde —para variar— se le hará el típico cargamontón al ganador de la primera vuelta, siendo elegido presidente el perdedor, esto es, el que quedara segundo en la primera vuelta. ¡Paradojas de la democracia! Una vez elegido, los “partidos políticos” —si se puede llamar así a estas agrupaciones de amiguetes con intereses comunes en su mayoría— se “recompondrán y los clásicos “tránsfugas” se reacomodarán según su conveniencia y mejor parecer, con lo que tendremos un Congreso bicameral con “micro partidos” en abundancia como cancha, sin una mayoría clara y un gobierno con una muy baja representatividad.

En todo caso, seamos positivos y esperemos que las cosas mejoren, pero por el momento, el proceso electoral 2026 que se nos avecina, en donde la presidencialitis aguda 2026 ya es pandemia, se viene caracterizando por una incertidumbre absoluta. De nosotros peruanos dependerá que esto cambie. En las próximas elecciones —Dios quiera limpias y transparentes, soñar no cuesta nada— hay que primero informarse muy bien sobre cada candidato para luego elegir bien, no queda otra. No nos dejemos llevar por una sonrisa, un abrazo, una payasada, un llaverito, un bailecito, un kilo de azúcar o una gorrita o un polo, que esto no es el “Trampolín a la fama” de Augusto Ferrando, aunque algunos crean que una campaña presidencial es eso. Después no se quejen ni lloren, que no podemos estar revocando presidentes como quien cambia de pañales a un bebe… con el perdón de la comparación.

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Etiquetas: , , , , , , , Last modified: 8 de febrero de 2026
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