Cada vez mas sorprendido por la magnitud inimaginable del ingreso de la Inteligencia Artificial (IA) a nuestro mundo cotidiano, cada vez mas presente, muchos mas útil, pero también peligroso. Es “normal” ver ahora muchos utilizan la IA para casi todo lo que ya no quieren hacer: estudiar, investigar, leer, escribir, construir, desarrollar el cerebro, hablar, o simplemente, pensar. Como todo en la vida, cada nueva aparición de estos mecanismos impensables, tienen sus pros y sus contras. No puedo decir que no sirve, ni tampoco desconocer su utilidad. El temor que tengo es que la IA se convierta en una “prótesis” del ser humano, y que este algún día dirija nuestras vidas aun contra nuestra voluntad.
Algunos estudios indican que los jóvenes leen menos que antes, pero no solo por causa exclusiva de la IA, sino también por otros factores como el uso de las redes sociales o la sofisticación de los videojuegos, o también por la necesidad de obtener resúmenes mas rápidos o sintetizados. Las consecuencias para el futuro de esta (des)inteligencia aun no puede medirse, pero para quienes venimos de una formación con mucha incidencia lectora, creemos que el futuro de los jóvenes con poca lectura no es auspicioso. Es por eso que es necesaria una actitud vigilante sobre la relación de nuestros hijos con la IA, ver su utilidad pero combatir una perniciosa dependencia que lo inutilice.
Sucede también con quienes quieren incursionar súbitamente en el mundo de las letras y se convierten en “escritores” o “expertos” de Papers sobre tal o cual tema, que envían con “entusiasmo” a todo el que puedan. Basta una revisión sobre el porcentaje del uso de la IA de estos documentos, para recibir la vergonzosa noticia que, en varios casos, es una creación al 90% “no humana”. Una grosera estafa, un insulto a la inteligencia y una falta de respeto a quienes se les envía esos “lindos, cultos, informados y muy bien hechos” mamotretos, como si fueran creación intelectual de un ser humano. Es seguro que muchos de esos Papers o estudios o simples artículos tengan información válida; sin embargo, vienen cargadas y revestidas de una deshonestidad intelectual y moral para el olvido, que, como es obvio, terminan en mi basurero.
Posiblemente usar la IA se vuelva parte indesligable de nuestras vidas, que espero no termine por ahogarnos, pero ojalá que encontremos la fina línea que separa al mundo real y a la humanidad de la máquina, que separa los sentimientos, la pasión, la creación intelectual con la “construcción” automatizada de narrativas, “ideas” o “mensajes” que no provienen del corazón, del cerebro humano, sino de cables o algoritmos. No renunciemos a ser seres humanos pensantes, no renunciemos a ser naturales, a la lozanía del amor, o al dolor real, o a la infinita imaginación de mundos increíbles que no se respaldan en esos cables o algoritmos, sino, en la bella inspiración del alma y del intelecto que la IA no tiene.
