Es increíble escuchar a la derecha política coreando a una sola voz junto a sus rivales encarnizados, la izquierda, un “cargamontón” irracional contra el director de la Policía Nacional del Perú, General Óscar Arriola Delgado, responsabilizándole del crecimiento del fenómeno criminal en el país. Con estos actos solo se ve la traición al aliado de ayer, la ignorancia para el juicio racional y mezquindad absoluta contra quienes todos los días defienden a la patria hasta con sus vida, nuestra policía nacional. La actitud de Yarrow, Bazán, Sheput y otros será de triste recordación cuando los hechos demuestren que lo que hoy vive el país no depende sólo del jefe de la policía, sino, de factores exógenos en el que Arriola no tiene alcance ni capacidad de accionar.
En nombre de la “bendita” estabilidad política se pretende “calmar las aguas” sacando al líder policial para lanzarlo a las fauces hambrientas de la izquierda que tiene sangre en el ojo por los años de la lucha contra el terrorismo y por haber enfrentado a Pedro Castillo jurándoles públicamente que el terrorismo no pasará más en el país.. El fantasma de la oclocracia parece revelarse en portadas y podcasts, en televisión nacional y los puestos de periódicos, pidiendo la cabeza de quien hoy, posiblemente, es quien mas conoce sobre lucha contra organizaciones criminales. Este espíritu cainita que mueve a ignorantes, desperados y oportunistas, podría poner, mas aun, en grave riesgo a la democracia por causa de una criminalidad que será inmanejable si se toman medidas equivocadas como debilitar la institución policial.
El cambio del General Oscar Arriola no detendrá la compra de oro de la minería ilegal del Perú por parte de países árabes y asiáticos ni el flujo de ingentes recursos económicos que el crimen produce. Tampoco detendrá la “coladera” y la “tierra de nadie” en la que se han convertido algunas cárceles administradas por el INPE, o que el nuevo detendrá la “puerta” giratoria en la que se han convertido el Poder Judicial y Ministerio Público para los criminales. Mucho menos controlará la voluntad política de los países afectados por el fenómeno criminal y los obligará a articular una lucha continental contra el crimen (Salvo los EEUU como ya hemos comprobado). Si Arriola no controla ninguna de estas circunstancias que generan el crecimiento desmedido de la criminalidad, entonces, ¿cómo se pretende pedir que resuelva el problema? ¿Arriola trayendo agua en la canasta?
Por estas razones no es correcto ni realista poner al gobierno en la disyuntiva de “estabilidad política” o “seguridad ciudadana” pidiendo la cabeza del líder de la mayor fuerza de seguridad interna del país, eso es perverso; porque este asunto no se trata de inteligencia policial, patrulleros, marrocas o pistolas, no. El asunto del fenómeno criminal requiere una estrategia del Estado, y el Estado no solo es la policía, sino, todos sus organismos que guardan relación. Lo que falta es una cabeza con visión estratégica que entienda el fenómeno, que le haga comprender al gobierno que, haga lo que haga en materia social, económica, política, comercial e internacional no le servirá de nada si el mal gangrenoso (fenómeno criminal) se sigue extendiendo. Cambiar de “médico” no cura una enfermedad.
Se debe fortalecer la institución policial dándole estabilidad dotándoles de toda la tecnología y los recursos económicos y logísticos disponibles, así como establecer una verdadera estrategia del Estado, en especial en el campo de la inteligencia nacional. Cuidado con dispararse a los pies. Cuidado con actuar por “recomendación” de ayayeros, pitonisos, oportunistas e ignorantes, cuidado. Hay mucho profesional experto en estos temas, recurran a ellos.
¡Vamos con todo!
