Escrito por 20:29 Opinión

¡De Soto, si fallas, se cae todo!, por Tony Tafur

Hernando de Soto ya está donde siempre quiso estar. En Palacio. Con cargo, con poder formal y con firma. Después de décadas orbitando el Estado como asesor brillante, conferencista global y arquitecto de teorías sobre propiedad y formalización, ahora le toca administrar la realidad. Presidencia confirmó su designación como jefe del Consejo de Ministros y la juramentación quedó fijada para este martes 24 de febrero de 2026.

Hasta ahí la foto. Ahora viene la película.

Porque De Soto no llega a un gobierno fuerte ni a una luna de miel institucional. Llega al interinato presidencial de Jose Balcázar nacido de una tercera destitución de este quinquenio (Pedro Castillo, Dina Boluarte y José Jerí), a un Congreso fragmentado y a un país que vota este 12 abril con el ánimo cansado. Eso significa que no tiene tiempo para experimentos ni margen para romanticismos. Tiene semanas. Y cada semana en el Perú equivale a un terremoto político.

Su misión es sencilla de explicar y difícil de ejecutar. Mantener el gabinete en pie. Evitar que el Congreso lo convierta en blanco móvil. Sostener cierta calma económica. Y llegar a las elecciones sin incendios adicionales. No es la épica del reformador. Es la gimnasia del sobreviviente.

Partamos de la idea de que De Soto no es un técnico inocente que aparece por primera vez en la escena. Tiene historia. Y su historia reciente muestra una cualidad que incomoda. Flexibilidad política. Para algunos, pragmatismo inteligente. Para otros, plasticidad ideológica. En 2021 se reunió con Pedro Castillo en plena campaña, cuando ya existían señales claras de radicalismo e improvisación en su entorno. Él explicó que fue para advertirle sobre los riesgos de su plan y evitar errores mayores. Puede ser. Pero en política las reuniones no son neutras. Comunican. Y cuando el país está polarizado, cada gesto pesa el doble.

No se trata de satanizar el diálogo. Se trata de entender el contexto. En el Perú, conversar con alguien no solo es conversar. También es otorgar legitimidad. También es enviar un mensaje al mercado, al votante, al adversario. Y ese antecedente hoy vuelve a escena porque De Soto ya no es candidato ni comentarista. Es premier.

Ser primer ministro en un gobierno interino lo coloca en una posición delicada. Tiene poder real para ordenar agenda, definir prioridades y marcar el tono del Ejecutivo. En un proceso electoral frío y fragmentado, eso puede convertirlo en un actor de influencia, incluso si no lo busca abiertamente. No necesita declarar apoyo a nadie para incidir. Basta con ciertos énfasis, con ciertas reuniones, con ciertas palabras repetidas en el momento adecuado.

Ojo que la neutralidad electoral no se rompe solo con un mitin. También puede erosionarse con señales más sutiles. Un presidente del Consejo de Ministros con prestigio internacional puede legitimar narrativas, elevar perfiles o desactivar otros simplemente por la forma en que se posiciona frente al debate público. No afirmo que lo hará. Afirmo que tiene la capacidad estructural de hacerlo.

Por otra parte, recordemos que Balcázar asumió en medio de cuestionamientos y fragilidad institucional. Es decir, representa otro capítulo de inestabilidad política en el país. En ese escenario, la designación de De Soto también cumple una función simbólica. Es un mensaje hacia fuera. Un intento de transmitir calma y solvencia técnica. La pregunta es si será estabilizador real o escudo reputacional temporal.

Entonces, ¿qué es esta jugada?

Puede ser la madurez final de un economista que decide asumir responsabilidad directa cuando el país atraviesa otra tormenta. O puede ser una apuesta de alto riesgo en la que su capital simbólico queda expuesto al desgaste de un gobierno débil y breve.

La historia lo juzgará por dos cosas muy concretas. Si garantiza un proceso limpio hasta el 12 de abril. Y si mantiene coherencia entre su discurso liberal y su conducta política. Si lo logra, saldrá como el técnico que sostuvo la transición sin contaminarla. Si no, su paso por Palacio será leído como una intervención más en el ajedrez peruano, donde el poder siempre seduce y casi nunca perdona.

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Etiquetas: , , , Last modified: 22 de febrero de 2026
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