Habiendo concluido el proceso electoral —proceso más largo que parto de trillizos— y teniendo ya una presidente electa de la república, ahora para muchos —incluyendo los miembros de los partidos perdedores que no pasaron a la segunda vuelta— comienza el denominado “periodo del acomodo” con el poder.
Podremos apreciar como a la presidente electa, de la nada le aparecen cientos de “amigos”, “amigas”, “¿amigues?”, “compañeros” ¡cuasi hermanos y hermanas de toda la vida! Quien ayer te maldecía, criticaba, difamaba y hasta te acuchillaba, hoy te sonríe, saluda, da la mano, abraza y hasta te da un beso al mejor estilo de Judas. Pero así es la política y ya la presidente electa lo sabe por lo que esperemos que no pise el palito ante la larga fila de “pateros”, “ayayeros” y demás cófrades que hacen cola en la puerta de su casa para que —díganlo, reconózcanlo o no— todos quieren un carguito, un puesto, una cuota o al menos un alguito del poder, que ahora tiene la presidente electa y su nuevo gobierno.
Mientras transcurre este periodo del “acomodo” de muchos y la presidente electa va determinando quienes serán los próximos ministros y equipos que conformarán su gabinete, en otros horizontes tenemos las elecciones municipales y regionales el próximo 4 de octubre. Con relación a las elecciones municipales, curiosamente se ha presentado una especie de fenómeno de apego al cargo de alcalde al que he denominado: “síndrome de Zalamea”, en recuerdo a la obra “El alcalde de Zalamea” de Pedro Calderón de la Barca, en donde al final de la trama, el rey Felipe II de España nombra al personaje principal alcalde perpetuo de Zalamea. Al parecer, hoy muchos quieren ser alcaldes a perpetuidad ¡cuasi vitalicios!
Resulta que solo en Lima —por no mencionar otras municipalidades provinciales y distritales— existen 20 candidaturas en donde el síndrome de Zalamea a pegado fuerte. Obviamente que el caso más llamativo es ese repentino afán por volver a la alcaldía de Lima del excandidato a la presidencia de la república Rafael López Aliaga (RLA), el cual luego de un arranque de “alcalditis aguditis”, decidió que ya no aceptaría el mandato que 290 mil electores le dieron con su voto para que asuma una curul en el Senado, por lo que —ya que la ley impide la reelección inmediata al cargo de alcalde— decidió postular como teniente alcalde a la municipalidad provincial de Lima, al lado del candidato Luis Rubio.
De esa manera RLA sería “la mano que mece la cuna” actuando como alcalde detrás del telón con el rostro de Rubio ante la población de Lima como alcalde. Es lo que en la doctrina jurídica se denomina “fraude de ley”, esto es, una trampa legal. Consiste en usar una ley permitida, llamada “norma de cobertura”, para lograr un resultado que prohíbe otra ley, llamada “norma defraudada”. En apariencia la persona cumple la ley, pero en realidad está burlando el sistema. Así de simple y claro. Se utiliza una ley vigente (norma de cobertura), que permite algo: ser elegido teniente alcalde, con el objetivo de lograr algo no permitido o prohibido (“norma defraudada”): ser reelecto alcalde. Toda una simulación en regla. Simula ser teniente alcalde, cosa que la ley permite al exalcalde, pero su verdadera función es actuar como alcalde, lo cual está prohibido por la ley, y actúa como alcalde en la realidad.
Este “modelo” -mediante el cual, tenemos en Lima a veinte candidatos cuyos tenientes alcaldes (exalcaldes) de ser electos, serían en realidad los alcaldes en funciones detrás del telón- se está imponiendo hasta el momento. Solo por mencionar algunos casos, tenemos a los candidatos de distritos como Barranco, La Molina, Pueblo Libre, Lince, San Luis, etc. en donde el síndrome de Zalamea está presente. Esto ya parece una broma o una payasada. Lo mejor del caso es que existen situaciones de candidatos a alcalde y a teniente alcalde, relacionados hasta por vínculos conyugales y familiares entre sí, como si el cargo de alcalde fuera un cargo hereditario que se lo van pasando de uno a otro, como si se tratase de una especie de monarquía municipal o de un bien propio materia de herencia.
¡Todo queda en familia! En España, por citar un ejemplo, cómo en otros países, de acuerdo con su Código Civil, si un juez descubre un fraude de ley, el acto no tiene valor alguno. Cabe mencionar que en el caso de RLA, ya el JEE de Lima Centro ha declarado improcedente su candidatura a teniente alcalde. De seguro apelará al JNE y esperemos que el JNE resuelva lo mismo. Esta simulación o fraude de ley constituye no solo una burla de las leyes sino una falta de respeto al electorado mismo que vota por un candidato a alcalde, cuando en realidad será el teniente alcalde el que actúe como alcalde tras el telón, constituyéndose pues una reelección encubierta, asolapada, del alcalde anterior cuyo periodo “termina” pero solo en apariencia. A esto debemos agregar que la posible renuncia futura —¿planificada?— del alcalde electo dejaría al “teniente alcalde” —exalcalde anterior— como alcalde en funciones. ¡Fraude de ley en regla!
De más está decir que desde el punto de vista ético o moral, este accionar no tiene nada de ético ni de moral. Es un fraude no solo a la ley sino al mismo electorado como ya se mencionó. Del mismo modo que el accionar de RLA de no aceptar el mandato del electorado a asumir su función de senador. ¿Por qué no lo pensó antes? No se hubiera presentado como candidato al senado. Pero lo hizo y ya tiene un mandato del pueblo que lo eligió y que no puede eludir ni se le puede permitir hacerlo.
En conclusión, el síndrome de Zalamea es una realidad. El postularse a teniente alcalde para actuar como alcalde en la práctica es un ardid para hacer lo que la ley prohíbe y mantenerse como alcalde a perpetuidad como en “El alcalde de Zalamea”. Se me viene a la memoria unas palabras de Manuel González Prada en sus “horas de Lucha”, si bien referidas a los senadores y diputados, son perfectamente aplicables a las alcaldías. Puede decirse que las alcaldías… “dejan de ser cargos temporales y van concluyendo por constituir prebendas inamovibles, feudos hereditarios, bienes propios de ciertas familias, en determinadas circunscripciones”. No deberían permitirse estas “maniobras” legales para perpetuarse en una alcaldía. Ya estamos hartos de que ciertos candidatos se burlen del electorado y del pueblo peruano, queriendo hacer lo que les da la gana con las leyes y demás normas, de acuerdo con sus intereses en juego. Lo acabamos de ver con el candidato perdedor Sánchez en las elecciones presidenciales que no acepta el resultado electoral. Señores candidatos, los cargos públicos -en este caso las alcaldías- no son hereditarias como si se tratasen de monarquías. Vivimos en una democracia y en un estado de derecho. Sean coherentes con el sistema de gobierno que hemos elegido. No pretendan tomarnos el pelo manipulando el sistema…
