Escrito por 07:33 Opinión

Grau: Temperamento, Carácter y  Personalidad, por Juan Carlos Llosa Pazos

A 192 años de su natalicio —27 de julio de 1834— Miguel Grau, el héroe naval más grande del continente americano, es recordado comúnmente por su valor sin límites, por su capacidad profesional como as del mar, por sus virtudes ciudadanas, por su caballerosidad prístina, por su humanismo acendrado y por su entrega desinteresada a la Patria.

Sin embargo, poco reparamos en que, como ser humano, tuvo  temperamento,  carácter y  personalidad   que lo distinguian.

Es sabido que el temperamento es biológico e innato en el individuo; el carácter tiene que ver con las cualidades morales y éticas adquiridas a través de la experiencia y de la interacción social, y la personalidad reúne los rasgos innatos y relativamente estables que nos hacen únicos.

En estas líneas intentaré hacer una aproximación a la esencia humana del Hijo más querido de la Patria, para lo cual recogeré algunos testimonios de personas que fueron muy cercanas a él, comenzando por su esposa, Dolores Cavero, leal y amante compañera de su vida, madre de sus diez hijos.

En efecto, la revista Mundial del 9 de octubre de 1925 contiene una entrevista de Edgardo Rebagliati a la viuda del Gran Almirante del Perú, la que recientemente ha rescatado el historiador Rodolfo Castro en su obra “Dolores Cavero de Grau, vida y legado”  publicada por el Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú (2025).  Rebagliati le pregunta  a doña Dolores si era de buen genio el héroe, a lo que la distinguida dama responde: “Un hombre fino como pocos. Dulce, suave, nunca lo vi descomponerse ni poner en la casa la nota grave de su desagrado”.

Se puede señalar con exactitud que Grau fue una persona muy querida por su familia y sus amigos y muy respetada en la sociedad peruana desde mucho antes del guerra del 79. Su muerte causó un efecto devastador en su esposa y en sus hijos, que lo adoraban y, por supuesto, en el país, que se conmocionó con la captura del Huáscar. Al tener la certeza de que el cuerpo destrozado del Caballero de los Mares se había perdido para siempre en las aguas de Angamos, lugar asociado eternamente a su nombre como al del monitor que lo condujo a la gloria, el corazón de la Patria quedó partido. Existe la versión de que su hermana soltera, Ana Joaquina, que era menor por dos años que él, y que vivía con los Grau-Cavero, fue presa de tal tristeza que apenas le sobrevivió un año.

En 1880, al año siguiente de su inmolación en Angamos, escribió sobre Grau Fernando Velarde, poeta español radicado en Lima, quien fue uno de los más destacados representantes del romanticismo español del siglo XIX, y su profesor particular hacia 1854, poco antes de ingresar en la Armada. Velarde, que tuvo  importante influencia sobre Grau, en particular en la maduración de su finísima y sentida prosa; nos da algunos rasgos de la personalidad de su alumno:

“Nunca fuiste risueño, ni elocuente, y tu faz pocas veces sonreía, pero inspirabas un entusiasmo ardiente, cariñoso y de profunda simpatía” (A la gloria del Gran Almirante del Perú, Miguel Grau, Marina de Guerra del Perú, 2001)

Pero es Carlos Elías de la Quintana, destacada figura del Partido Civil, padrino de uno de los  hijos de Grau, quien da a conocer mayor información sobre la personalidad de su íntimo amigo. Esta información se halla incluida en un extenso artículo titulado Grau que fue publicado por su compadre en Guayaquil el 8 de octubre de 1880. En esas líneas que constituyen el más importante homenaje de la época al Hijo más querido de la Patria, dice Carlos Elías:

“Como padre de familia tenía idolatría por sus hijos, cuyo porvenir le preocupaba, Fue también modelo de hijo, de hermano y de esposo. Leal en la amistad, era consecuente hasta la exageración…..desprendido y generoso, el infortunio y la necesidad no apelaron nunca en vano a sus nobles sentimientos…..Miguel Grau era de carácter afable y suave en sociedad. Era la personificación de la modestia”

Su espíritu tenía inclinación doliente hacia la fatalidad, tal vez debido a la pronta cercanía a la muerte, al casi ahogarse en el naufragio del bergantín Tescua, su primer barco, cuando tenía  apenas 9 años. Pero lo más probable es que en su alma albergase una herida muy profunda por la temprana separación de su madre, al ser fruto de una relación fuera del matrimonio, lo que en esa época era un estigma social muy marcado. Es de suponer que eso influyó mucho en el carácter taciturno al que se refiere Velarde.

Dice también Elías que, cuando le hablaba de la buena suerte con que había iniciado la campaña, le contestó el héroe:

Pues esto es lo que me extraña y a veces me asusta. Yo en todos los lances de mi vida he tenido que luchar en contra del destino, que siempre hacía nacer a mi paso dificultades para todo. Desde mi niñez, si he salido bien en lo que me he propuesto, ha sido después de dificultades y luchas que ponían a prueba mi carácter y mi constancia… ¡He sido fatal en todo…!’

A continuación, me quiero detener en el Grau profesional, en el guerrero sin tacha y sin miedo, y en el comandante de buque.

Fue un hombre de carácter, de mucho carácter, y tuvo la oportunidad de demostrarlo en varias ocasiones, como en la cuestión Tucker, o en la rebelión de los Gutiérrez, o al mando de la escuadra de evoluciones, o en la rebelión de Aurelio García y García, con quien tuvo durante muchos años una conocida enemistad por razones políticas y de rivalidad profesional. En esas circunstancias y en otras similares, se puede apreciar la esencia de quien no estaba dispuesto a ceder ni un milímetro en asuntos de orden institucional y operacional, como sucedió con Prado en la campaña del 79, al punto de que nuestro héroe se convirtió en una amenaza para el director de la guerra en campaña en términos militares y en términos políticos sobretodo. Soy de la opinión, lo que se plasmará en un estudio al respecto que está en curso, que este personaje urdió una vil estratagema —que no le resultó— para deshacerse de Grau y reemplazarlo en el comando del Huáscar; su más que merecido ascenso a contralmirante fue visto como una oportunidad por el desertor y sus colaboradores para lograr su ruin propósito. ¿Sabía algo de esto Montero? ¿Lo alertó? Lo veremos más adelante en otro espacio.

Sobre su carácter, como marino de guerra, añade doña Dolores en la citada entrevista:

“en su barco era tremendo. La disciplina había de cumplirse a toda costa”.

Y continúa recordando Elías lo que podemos atribuir al temperamento del comandante del Huáscar:

“….para los que lo tratábamos más de cerca conocíamos que hacía esfuerzos para dominar la natural violencia, que era como instintiva en él, y así más mérito tenía esa afabilidad y esa dulzura que hacían el encanto de su familia y de sus amigos”.

La severidad de Grau era conocida y seguramente temida por aquellos que no caminaban muy derechos en el servicio. Su nombramiento como Comandante General de Marina fue una medida tomada por el Gobierno constitucional para poner orden en el interior de la Armada, ya que días antes había sido secuestrado el monitor Huáscar por un grupo de marinos y civiles rebeldes, siguiendo al avezado caudillo don Nicolás de Piérola. La rendición del monitor rebelde tuvo lugar el 31 de mayo de ese año. En efecto, el presidente Mariano Ignacio Prado recurrió al capitán de navío Miguel Grau, el marino de mayor carácter, en quien se podía confiar y a quien no le temblaría la mano para cortar las cabezas que pretendiesen “seguir las aguas”  de los rebeldes apresados.

Su temperamento se pone de manifiesto a bordo en repetidas ocasiones, en particular durante la campaña de 1879. Es un tipo audaz y osado que, en la hora de la adrenalina máxima, libera la furia contenida, batiéndose con el enemigo sin parpadear, cuando el estruendo aterrador de los proyectiles en el aire se adueña del viento y de la marea. Su serenidad en el peligro es prodigiosa; en ella se sostuvo la moral de la tripulación del Huascar durante semanas, meses, sobre el ingotable vaivén de las olas. Empero, tras el combate, su consabida inteligencia emocional da pronto espacio al sosiego y a la conmiseración.

Hay quienes sostienen que su audacia lo desbordó en algunas ocasiones. Al respecto, recientemente se ha ubicado una carta dirigida a Grau por José Eusebio Sánchez Pedraza, correligionario suyo en el Partido Civil y exministro de Manuel Pardo, muy cercano a él al punto que lo tuteaba. En esta misiva fechada el 9 de septiembre de 1879, que pertenece a un grupo de cartas inéditas recientemente ubicadas —ésta lo ha sido en un archivo en Chile— para un trabajo de recopilación del epistolario del Gran Almirante en repositorios del país y del extranjero que viene desarrollando la investigadora Leticia Quiñones por encargo del Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú. Dice Sanchez:

“Pero permíteme que te recuerde que la audacia no debe estar nunca en divorcio con la prudencia, y que te advierta de que en tus empresas debes tener siempre presente que el buque que montas es hoy toda la esperanza del país, porque al “Huáscar” está vinculada hoy la salvación de la Patria; y que el menor contraste en ese blindado haría flamear la bandera chilena en los mares del Perú sin obstáculo alguno, permitiendo al enemigo practicar operaciones y tomar decisiones con ventaja.”

Tu comportamiento en Antofagasta, combatiendo contra los fuertes y contra los buques, ha sido heroico, pero imprudente, porque ha podido serte desastroso.  Una vez más me creo autorizado para exigirte mucha cordura”.

Hasta aquí hemos presentado una apretada aproximación a algunos rasgos del Gran Almirante Grau; todavía hay mucho que investigar, pero sin duda las líneas maestras de su personalidad, carácter y temperamento expestas  estas líneas pueden acercarnos más  a quien es, irrefutablemente,   el Hijo más querido  de la Patria.

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Juan Carlos Llosa Pazos

Juan Carlos Llosa Pazos

Contralmirante (r) y Director General del Centro de Estudios Geopolíticos y de Seguridad Nacional (CEGESEN)

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Last modified: 26 de julio de 2026
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