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Pragmatismo político, por Franco Consoli

La espera ha acabado. Las elecciones más tristes y atípicas de nuestra historia republicana han llegado. Y ante ello, solo nos queda a los votantes apostar por el escenario más real y votar en unas elecciones donde realmente no tenemos ni la menor idea de qué pasará. El porcentaje de indecisos supera ampliamente a quien se coloque primero en cualquier encuesta, lo que significa que, por más que las encuestadoras tengan sus favoritos, la verdad se definirá en la cola.

La izquierda y derecha peruana, ante el bajo índice de convencimiento de su electorado, durante la presente campaña han optado por el pragmatismo político, el cual al final puede ser un factor clave para los resultados del 12 de abril.

Por un lado, el “Este Político” debe reconocer que ha hecho unas elecciones suicidas. La fragmentación “fumiorista-porkista” puede pasar factura. Pero, además, hay que reconocer que se han esmerado por ver quien hacía la peor campaña política. Desde Carlos Espá, haciéndole un harakiri a su campaña con la inclusión de Montoya, hasta José Williams, con una campaña desastrosa -ya esperada- tibia, sin personalidad, con sus propios candidatos dándole la espalda y básicamente rogando al electorado que voten por ellos al Congreso por más que no voten por el general. Sin dejar de lado la inocua campaña política del ex burgomaestre Rafael Lopéz Aliaga, quien no hizo una campaña inteligente (como explotando sus trenes) y no pudo defenderse debidamente de la campaña de desinformación general en su contra.

Por otro lado, en el “Oeste moderado” han estado rotando candidatos como si fuese probador de tienda. De López Chau hasta ahora Belmont, con Marisol Peréz Tello y Jorge Nieto en el medio. Viendo con que candidato le pueden robar votos a la derecha y pueden convencer a su contraparte castillista; porque en el fondo, a Roberto Sánchez -como muchos- le tienen miedo. No solo por emanar la misma putrefacción que Castillo, sino por tener como posible premier a Antauro Humala, asesino al que tanto la derecha como la cúpula social demócrata tienen miedo.

 Dos estrategias distintas, que claramente no han logrado el resultado esperado. No hay candidatos solidos de cara a segunda vuelta. Y con un 30% aproximadamente de indecisos bailando previo a las elecciones nos enfrentamos a una gran incertidumbre.

¿Debemos creer en las encuestas? Difícilmente.

Solo debemos recordar el panorama las elecciones pasadas. Ni Keiko ni Castillo figuraban entre los primeros y ya sabemos como terminó. Además, aun suponiendo que las encuestas no son manejadas, el porcentaje de indecisos es tan alto, que todo el panorama puede variar en un segundo.

No dudo que Carlos Álvarez, el comediante que siempre advertimos que no era de derecha, solo que era propagandeado por ésta, se encuentra inflado para quitarle votos “pragmáticos” a RLA, para que la izquierda radical no suba. No me sorprendería que otro candidato esté con un porcentaje menor del que en realidad tienen.

Cualquiera puede ganar y eso debe asustarnos.

Alguna vez el año pasado algunos contactos del APRA me comentaron que intentarían no aparecer en las encuestas, y hoy fuentes del mismo partido parecen estar optimistas, no tanto por Enrique Valderrama, pero si por los escaños congresales.

Votar a ciegas, como haremos, es un dilema. Uno puesto por nuestros propios candidatos. Lo que sí parece ser claro, y lo confirmaremos tras el domingo, es que cada vez los candidatos pasan a segunda vuelta con un menor porcentaje de votos. Evidenciando así la crisis democrática que estamos afrontando. Debería ser un reto para las nuevas cámaras poder interpretar esta situación y ver como se puede subsanar. ¿Habrá que hacer unas elecciones generales primarias para reducir candidatos? ¿O capaz debemos aprovechar la bicameralidad para promover unas elecciones parlamentarias? Claramente la presente formula no está funcionando.

Esperemos que este posible terror nos logre unir a la derecha antes de votar. No importa si desde antes o desde la cola de nuestra mesa de sufragio. Ya vimos que si nos unimos en segunda vuelta es muy tarde. En lo personal, por más que no me parece el candidato ideal, mi “pragmatismo político” me lleva a votar por RLA por segunda elección presidencial consecutiva, pero con mucha más convicción por sus senadores y diputados que por él. Así que esperemos sea el resultado esperado.

Last modified: 29 de mayo de 2026
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