El paso del tiempo hace que algunos insultos caigan en el olvido.
Uno de ellos es que te digan Quisling. Vidkun Quisling fue un político noruego cuya traición fue determinante para la conquista Nazi de su patria y que después la regentó como obediente peón de Hitler y sus secuaces.
En su defensa, poco convincente, podría argüirse que era un creyente real del fascismo y cuyo origen étnico lo dejaba favorablemente situado ante lo que entonces parecía como la inevitable victoria germánica y el ocaso de las democracias liberales de Francia y Gran Bretaña. Pero, al final, los nazis fueron derrotados y Quisling no sólo corrió la suerte reservada para el peor de los traidores, sino que su nombre se convirtió por muchas décadas en sinónimo de su conducta.
En las elecciones del año 2006, el humalismo se entregó a Chávez e indirectamente a sus patrones cubanos, como hizo en su momento con los nazis el noruego que da nombre a este artículo. La diferencia sería que el socialismo del siglo 21 nunca fue una ideología en ascenso cuya victoria parecía inevitable, siempre fue un embuste, una farsa, nada más que en esos sus primeros años, aún había recursos para ocultarlo.
El tan mentado nacionalismo de Ollanta era comparable al carterista que grita ladrón, ladrón mientras huye con lo robado. Alán García supo plantear bien esa elección, esto es, entre mantener la vida independiente del Perú y la subordinación ante Chávez, a lo que la incontinencia de este último ayudó muchísimo.
Años después, en la elección de 2011, se repitió un poco la historia, aunque con un nuevo patrón: el Partido de los Trabajadores de Brasil y su líder corrupto amigo de Odebrecht, Lula. Ciertamente mucho más seductor e insidioso que el chavismo, y, aunque, maquillado de moderación, encerraba un peligro particular, pues venía acompañado de la pretensión hegemónica de nuestro vecino brasileño. El gobierno de Humala pues tuvo esa espuria connotación que, de paso, contaminó todo de la corrupción de unas omnímodas constructoras cariocas.
Este año las cosas se plantean de una nueva y particular manera. La diferencia sería que el actor externo a favor del cual se ejecutan las infamias y la subordinación es menos evidente; parecería mas bien que se desea rescatar a los antiguos patrones de la desgracia en la que actualmente se sumergen, dándole a Cuba un nuevo país al cual parasitar y a Venezuela, si sobrevive a la era Trump, un acólito. También se busca el sometimiento a una cosa más mundana, las mafias de la minería ilegal, aliadas de estos. No olvidemos que nuestros marxistas contemporáneos son unos mercachifles, que ven en el comunismo un método de enriquecimiento personal perpetuo, a costas del presupuesto, de la destrucción del sector privado y del oro ilegal.
Viendo, así las cosas, ¿cómo se están comportando los candidatos que no lograron pasar a la segunda vuelta?
Pues bien, el señor López Aliaga quedó fuera, sea por las irregularidades dirigidas o con independencia de ellas. Padece de un distemper, muestra un descontrol emocional que es lo que probablemente le costó muchos miles de votos más que los perdidos por cualquier Morrocoy o travesura digital.
Nieto, el gran favorecido con los decepcionados de López Aliaga, ensaya el cinismo. Piensa que mirar de costadito lo favorecerá y que podrá utilizar la bancada de su partido para orientar a un eventual presidente sánchez (minúscula deliberada). Sánchez fue parte de un gobierno que pretendió hundirnos en la violencia y en la muerte. Grave error. Está aliado a lo más violento e insano de la izquierda, incluyendo al homicida Antauro Humala, que habrá purgado su condena pero que no ha dejado de ser asesino. Si piensa que puede ser el poder detrás del trono se equivoca, le pasarían por delante como si nada.
Nieto nada representa en realidad, sólo fue la válvula de escape de votantes que no sabían a donde ir. Tenía la oportunidad de representar la cordura y responsabilidad y sus intervenciones previas al llamado al voto nulo parecían apropiadas. Sin embargo, recordemos que, para anular una elección, las dos terceras partes de los votos tendrían que ser blancos o nulos, algo que Nieto sabe es imposible.
Entonces, ¿por qué lo hace? La funcionalidad de su convocatoria a la candidatura de Sánchez es evidente (aunque no impredecible).
¿Es que ya pactó y no le importa entregarnos al marxismo merca? Otra posibilidad es que simplemente sea el otro insulto que conforma el título de este artículo. En ese caso, el excandidato exageraría su autopercepción de inteligencia imaginándose gran manipulador. Veo difícil que tenga tan marcadas aptitudes.
Una vez encumbrado, Sánchez trabajará en la demolición institucional, con más sutileza que Castillo, quizá sin prisa, pero, definitivamente sin pausa. Y algunos vencidos que miran de costado, prometen ser sus primeros y más solapados colaboradores.
Etiquetas: 2026, Elecciones, Perú, Política, Rafael López Aliaga, Roberto Sánchez Last modified: 26 de mayo de 2026
