Escrito por 08:46 Editorial

Los votos de Lima y los votos del Sur

En toda elección presidencial peruana hay una tensión que nunca se resuelve del todo, pero que esta vez amenaza con desbordarse: la que enfrenta a Lima con el resto del país, y en especial
con el sur. No es solo una disputa electoral; es una fractura emocional, histórica y política que hoy pesa más que cualquier programa de gobierno.

Las cifras son claras y, por sí solas, determinantes. De los 27 millones 325 mil peruanos habilitados para votar en las Elecciones 2026, casi un tercio —8 millones 739 mil electores— se concentra en Lima. Ninguna otra región se le acerca siquiera. La Libertad y Piura, juntas, no alcanzan la mitad de lo que representa la capital. Lima no es solo una circunscripción más: es el gran campo de batalla. Ganar Lima no garantiza la presidencia, pero perderla suele ser una condena anticipada.

Sin embargo, el error histórico de muchos candidatos ha sido creer que Lima basta. Y ese error hoy puede costar más caro que nunca. Porque mientras la capital concentra votos, el sur concentra algo más volátil: resentimiento. En el 2021 existía distancia, desconfianza, una sensación de abandono. Hoy, a diferencia de entonces, lo que se percibe en amplias zonas del sur andino es abiertamente hostilidad hacia Lima y hacia lo que representa: poder, centralismo, desprecio, indiferencia.

Ese cambio cualitativo es clave. El distanciamiento puede corregirse con discurso; el odio, no siempre. Y en política, el voto resentido tiende a ser más disciplinado, más ideológico y menos volátil que el voto urbano de la capital, que se dispersa, se fragmenta y suele decidirse en las últimas semanas.

El sur del Perú no tiene los números de Lima, pero sí una capacidad probada de inclinar la balanza cuando actúa como bloque simbólico. Lo hizo en el 2006, lo hizo en el 2011 y, de manera decisiva, en el 2021. No se trata solo de porcentajes, sino de relato. El sur vota, muchas veces, contra Lima. Y cuando ese voto se articula con el desencanto de sectores populares de la capital, el resultado puede ser explosivo.

A setenta días de la primera vuelta, el escenario es particularmente delicado. Lima aparece fragmentada, saturada de candidaturas, con un electorado fatigado y desconfiado. El sur, en cambio, muestra menos dispersión emocional: hay una narrativa compartida de agravio, una memoria reciente de promesas incumplidas y una lectura muy clara de quiénes “son de allá” y quiénes “son de acá”.

La paradoja es evidente. Lima decide por cantidad, pero el sur decide por intensidad. La capital define quién pasa a segunda vuelta; el sur, muchas veces, define quién no vuelve. Ignorar esa dinámica es no haber aprendido nada de las últimas elecciones.

El desafío para los candidatos no es solo aritmético, sino político y moral. ¿Cómo hablarle a Lima sin profundizar la herida con el sur? ¿Cómo tender puentes cuando el clima no es de desconfianza, sino de abierta confrontación? En ese dilema se juega buena parte de la elección.

Porque si algo ha demostrado la historia electoral reciente es que el Perú no se gobierna solo desde Lima, pero tampoco se gana sin ella. Y cuando ambos mundos dejan de escucharse, la democracia no solo se polariza: se vuelve frágil.

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Etiquetas: , , , , , , , Last modified: 3 de mayo de 2026
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