¿De qué manera pueden la empresa, la cultura, la academia y los gobiernos construir una alianza sólida y eficaz que permita afrontar conjuntamente los desafíos que enfrentamos?
Europa está en un escenario internacional cada vez más complejo y cambiante debido a la fragmentación del comercio global, a una desaceleración económica respecto a Estados Unidos y Asia lastrada por un exceso regulatorio, entre otros, al envejecimiento demográfico, la crisis energética, unos niveles de crecimiento bajos que han reducido la competitividad europea y la falta de iniciativa. La productividad en la Unión Europea crece por debajo de las economías desarrolladas, lo que marca un elevado desempleo y un fuerte endeudamiento público.
Pero la relación que existe entre España e Hispanoamérica que adquiere, cada vez más, una relevancia estratégica, y que no proviene de la integración del poder político, sino de la iniciativa privada y de la cultura, podría salvarnos. España sirve hoy como puente entre las dos regiones además de ser un país “americano” por nuestra historia, nuestra vocación y por la presencia tanto de empresas como de ciudadanos en Hispanoamérica y viceversa. También tenemos una posición geopolítica privilegiada como nexo entre Europa e Iberoamérica, además de facilitar la transferencia de conocimiento, que actúa como base operativa internacional.
Por supuesto que también existe un progresismo puro y duro a costa de los dueños de las empresas. Los progres se sienten en deuda con el prójimo y pretenden solucionar esa deuda con el dinero de otros, con los que trabajan, se esfuerzan y se sacrifican. Sin embargo, son los emprendedores, quienes sí crean riqueza y compiten libremente como benefactores sociales, por eso son esenciales y merecen más oportunidades. El empresario es un constructor de prosperidad, libertad y cohesión social, es el verdadero héroe. Es muy importante reconocer que los negocios internacionales constituyen un ámbito imprescindible en la consolidación de Iberoamérica. España también es un país intermediario clave para la expansión global de las empresas.
La batalla que enfrentamos hoy en día no es solo política, también es cultural y por supuesto económica. Se ha construido una imagen distorsionada del empresario y muchas veces se le presenta como un sujeto obligado a compensar moralmente su éxito mediante agendas ideológicas ajenas a la naturaleza productiva de la empresa. Bajo esta lógica, generar riqueza parece casi un pecado que debe ser perdonado mediante gestos de culpa pública y obediencia a los dogmas de la ideología woke para ser “socialmente aceptado”, que nada tienen que ver con el mundo empresarial.
Por otro lado, resulta legítimo cuestionar quién contribuye de forma más efectiva a la solidaridad social, si el colaborador o voluntario de una ONG fuertemente ideologizada que recibe un sueldo por desempeñar una labor presentada como lucha contra la pobreza. O el empresario que invierte en esos países, paga impuestos y asume riesgos con la misión de generar empleo y riqueza, innovar, competir y crear valor para desarrollar sociedades que progresan de verdad, trabajadoras, profesionales, comprometidas, pero, sobre todo, para construir una sociedad de buenos principios.
Los empresarios son quienes convierten la confianza en puestos de trabajo. Entre todos, debemos favorecer la actividad productiva y defender el trabajo formal para hacer una Iberoamérica más integrada. Las empresas españolas llevan años acumulando experiencia, conocimiento y tecnología en sectores esenciales para Iberoamérica, por eso debemos facilitar la labor de los empresarios para que sigan construyendo certeza y oportunidades. Grandes empresas españolas y también numerosas Pymes han contribuido y lo siguen haciendo en el desarrollo económico de Hispanoamérica. Generan empleo, transfieren, por la vía de la innovación y el desarrollo, lo mejor que tienen de sí mismos y fortalecen los mercados locales. España tiene una oportunidad en la región para seguir fortaleciendo la cooperación empresarial iberoamericana. A sumar todo lo expuesto, España tiene la gran tradición de acoger ciudadanos de origen hispanoamericano lo que, por numerosos motivos, le hace tener más oportunidades, ventajas, y, en definitiva, ser un país con importante capacidad de actuación internacional. La inmigración hispanoamericana comparte, en general, la misma cosmovisión cultural, religiosa y la lengua, a diferencia de otras comunidades de distintas culturas o de diferente cosmovisión que, con una mayor dificultad de integración en nuestra sociedad pueden llevar al conflicto cultural, circunstancias que no suele suceder en el ámbito hispanoamericano en el que un español en Iberoamérica se siente como en casa y también en sensu contrario cuando son ellos los que están en España.
Debemos seguir siendo ese puente hacia Iberoamérica, y, al contrario. Puente, que debe basarse en relaciones de confianza, en fortalecer las relaciones económicas, comerciales e institucionales, y, por supuesto la seguridad jurídica que es la que permite atraer capital, generar riqueza y favorecer el desarrollo. Empresarios, emprendedores e inversores son quiénes han construido durante décadas una red de relaciones económicas duraderas que permanecen, mientras que los gobiernos y la política siguen cambiando elección tras elección. Los empresarios siguen siendo el factor clave porque funcionan como grandes motores de cohesión a ambos lados del Atlántico. España sigue siendo hoy líder en inversión extranjera en la zona superado solo por Estados Unidos, demostrando una posición de autoridad y ejemplo en las empresas Iberoamericanas, presente en la mayoría de los países iberoamericanos: México, República Dominicana, Panamá, Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Chile, Uruguay, Venezuela, Guatemala, Costa Rica y Perú, entre otros.
Además, hay una tendencia hacia el crecimiento con equidad. Iberoamérica no quiere seguir siendo una de las zonas más desiguales del mundo. Por eso, también es importante la integración regional desde el punto de vista económico. Procesos de integración en MERCOSUR o la Alianza del Pacífico, son un buen ejemplo. Aquí es donde España tiene que aprovechar una de sus grandes fortalezas estratégicas como puente entre Europa e Iberoamérica ya que mantiene una relación económica, empresarial y cultural privilegiada con los países iberoamericanos, lo cual se debe de aprovechar como un activo geopolítico para seguir reforzando esa alianza enfocada en la inversión, la estabilidad institucional y la empresa. Esta relación ya no puede ir en una sola dirección. Para muchas empresas iberoamericanas España es su puerta de entrada al mercado europeo también. Podríamos decir que Madrid se ha convertido en el centro financiero y empresarial desde donde muchas empresas expanden sus operaciones al resto del continente convirtiéndose en un centro de negocios, pero también para Iberoamérica a la hora de reforzar sus capacidades de internacionalización.
Iberoamérica, como conjunto, tiene enormes ventajas competitivas para poder convertirse en una de las grandes potencias económicas del mundo por su abundancia en recursos naturales, su reservorio alimenticio, su población joven, los minerales para la transición tecnológica y el creciente espacio empresarial. España juega un papel decisivo para conectar ese potencial con los mercados. La población total de habla hispana a nivel mundial se cifra en más de 600 millones de personas, y, por ello, un reto para el futuro sería poder crear una comunidad hispánica de naciones unidas por sus lazos económicos, culturales, de valores cristianos y el factor lingüístico.
La experiencia nos lleva a afirmar que la prosperidad nace de instituciones sólidas, mercados abiertos y del respeto a la propiedad privada. No de los populismos, ni de la inestabilidad política, ni de las regulaciones y el intervencionismo excesivo, ni tampoco de la inseguridad institucional, que lo único que consiguen es limitar las oportunidades de crecimiento en todos los sentidos. Así que se podría decir, como conclusión, que, en este sentido, España y los países de Hispanoamérica comparten desafíos parecidos, así como también comparten una lengua, una cultura, una historia común y, unos mismos principios y unas instituciones fuertes aparte de un potencial económico enorme que aún está por desarrollar. Iberoamérica es el nuevo escenario global en donde la diplomacia económica, el comercio y la inversión son esenciales para una nueva etapa de cooperación y recuperación.