A su ingreso a clase, el silencio se hacía absoluto. Me había matriculado en su curso de Derecho de Sucesiones. Era el mejor especialista peruano en dicha materia y un reconocido catedrático en la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Personalmente me sentía un poco incomodo que sea mi profesor, pues era nada menos que mi padrino de bautizo y el mejor amigo de mi padre desde el colegio. Pero, era el mejor catedrático del Perú en Sucesiones. En la clase éramos más de ochenta alumnos y pensé que yo pasaría desapercibido, pero fue cuando procedió a tomar la asistencia que se detuvo unos segundos en mi nombre, levantó la cabeza y me buscó detenidamente con la mirada entre tantos alumnos que abarrotaban el salón de clases, aún sentados como sardinas en las viejas largas carpetas de madera, en las también viejas barracas que conformaban las aulas de Derecho en aquellos años de mediados de los ochenta. Su mirada se detuvo unos segundos en mi persona. Me había encontrado. Sus ojos serenos, reflejando una seriedad y severidad mayúscula, me vieron sin reflejar la más mínima reacción. Luego inició su clase.
Hoy al recordar aquellos años, también me viene a la memoria la primera vez que vi a mi padrino y el mejor amigo de mi padre, compañeros del colegio Inmaculada desde la infancia hasta que mi padre se fuera a estudiar Derecho a San Marcos y Cesar Fernández Arce se fuera a la universidad católica. Desde niño mi padre nos llevaba de vez en cuando a mis hermanos y a mí a jugar a la casa de “Pinani” en Pueblo Libre, así le decía mi padre de cariño a Cesar desde que eran niños y nosotros lo llamábamos igual.
Su esposa Betsy nos recibía con mucho cariño y con sus hijos jugábamos de lo mas bien. Los años fueron pasando y Cesar —yo le empecé a llamar así con mucho respeto ya de estudiante de Derecho— nos visitaba en mi casa en Chorrillos, frente al mar, en su famoso automóvil Volvo de color plomo. Y siempre venía a finales de enero para hacer la caminata y subida al Morro Solar para bajar hasta La Chira con mi padre, ida y vuelta. Mis hermanos y yo los acompañábamos también. Estas caminatas agotadoras ya las he narrado en otra oportunidad en esta misma columna. Cesar había sido boga de joven y siempre fue un gran deportista. Trotaba cuando el trabajo se lo permitía, todas las madrugadas por el malecón del Club Regatas Lima, al pie del mar.
Cuando decidí estudiar Derecho, conversé con Cesar. Eran principios de los ochenta y Cesar acababa de ser nombrado presidente de la Corte Suprema. Cesar, una vez terminada su carrera de Derecho se había iniciado en la carrera judicial. Me contaba que ser juez era su vocación y que siendo juez de primera instancia contrajo matrimonio, y riéndose me confesó que tenía tanto trabajo, tantos casos que resolver, que tuvo que llevarse una montaña de expedientes nada menos que a su luna de miel, para terminar de estudiarlos y preparar las sentencias. Así era Cesar. Un hombre serio, de palabra desde joven y, sobre todo, siempre buscando la justicia en todos los casos que le eran sometidos.
Cesar fue un juez con una vocación muy marcada, su formación católica en el colegio de la Inmaculada y los valores cristianos que le inculcaron tanto en casa como en el colegio, lo hicieron un hombre de decisiones firmes y un juez cuya ética, corrección, decencia, honestidad y amor a la justicia nunca he visto en nadie ni lo volveré a ver. Cesar no se “casaba” con nadie. Cuando estudiaba un caso y elaboraba la sentencia, lo hacía con una seriedad, meticulosidad, dedicación y maestría jurídica impresionante. Dominaba el Derecho a la perfección. De allí que pronto se iniciara en la docencia. Como ya lo mencionara, Cesar estudió Derecho en la PUCP y posteriormente obtuvo su doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, España. Se inició en la docencia llegando a ser profesor principal en la Facultad de Derecho de la PUCP desde 1981. Sin sospecharlo siquiera, lo tuve de presidente de mi jurado en mi grado de abogado -lo cual me causo en un principio cierto nerviosismo por lo riguroso que era Cesar en los grados de abogados- y para colmo, en el expediente penal que sustenté, ¡Cesar era el presidente de la Corte Suprema que resolvió el caso en ultima instancia! Sin piedad alguna, me bombardeó con un sinfín de preguntas incisivas y meticulosas, respondiendo gracias a Dios, de manera correcta con lo que Cesar se sintió satisfecho.
De otro lado, Cesar fue un excelente magistrado por la excelencia de sus resoluciones o sentencias. Mas de treinta años de magistrado probo, intachable y siempre buscando la justicia en los casos que atendía. Llegó a ser dos veces presidente de la Corte Suprema. Ya con el segundo gobierno de Belaunde, el Congreso lamentablemente destituyó a todos los vocales y jueces que venían de la dictadura militar. Una gran injusticia se cernió sobre Cesar al cual le dolió mucho esa injusta destitución por razones políticas en donde él nada tenía que ver. Antes de terminar el gobierno de Belaunde, el Congreso reconoció el gravísimo error y la gran injusticia cometida contra Cesar por lo que nuevamente fue nombrado presidente de la Corte Suprema. Cesar fue reivindicado -cosa extraña en este país de tanto celo e injusticias- por lo que su honor y dignidad se mantuvieron incólumes. Aún recuerdo esa ceremonia. En esa misma época, Cesar efectuó valiosas contribuciones en el campo legislativo y constitucional llegando a ser vicepresidente de la Comisión Revisora del Código Civil de 1984. En 1983 yo comencé a realizar mis prácticas de Derecho con el doctor Jack Bigio Chrem, presidente de la mencionada comisión revisora del código Civil de 1984, por lo que pude ser testigo del trabajo de Cesar en dicha comisión y de la calidad de sus aportes, especialmente en el campo del Derecho de Sucesiones.
De otro lado, Cesar también incursionó en la política, pues fue elegido miembro del Congreso Constituyente Democrático (1992 a 1995), Congreso que además de legislar, elaboró la Constitución Política de 1993. De allí que podemos afirmar que Cesar fue coautor de la Constitución Política de 1993, especialmente en lo relativo a la administración de justicia. Adicionalmente, en dicho Congreso Cesar fue miembro de la Comisión de Constitución y presidió nada menos que la Comisión de Justicia en tres periodos. Además de escribir toda una diversidad de artículos académicos, debo destacar su excelente libro Derecho de Sucesiones, libro que coronó su quehacer académico y su vocación de jurista.
De mencionarse que, entre otras distinciones a lo largo de su carrera, Cesar fue distinguido con la Medalla Arrupe, otorgada por la Asociación de Exalumnos del Colegio Inmaculada en 1988; la condecoración de la Santa Sede con el título de Comendador de la Orden San Gregorio Magno, otorgada por el Papa Juan Pablo II en 1999; así como con la condecoración Faustino Sánchez Carrión, otorgada por la Universidad Nacional de Trujillo en 2006. En reconocimiento a su labor académica, en octubre de 2022 Cesar fue distinguido como profesor emérito del Departamento Académico de Derecho de la PUCP. En la ceremonia de distinción, Cesar declaró con toda humildad unas palabras que retratan de cuerpo entero lo que fue, es y siempre será Cesar en el recuerdo de todos los que lo conocimos: “Quiero agradecer a los amigos presentes que podrán constatar que sigue en pie, en lo que queda de mi vida, el espíritu de la PUCP. Ingresé como alumno a los 17 años, ahora, con 94 años, voy por más. Hoy estamos en constante pérdida de valores éticos. El crecimiento económico es fundamental, pero necesitamos luchar por la paz que nace de la justicia. Tenemos que comprender que la persona humana es un fin en sí mismo, no es un instrumento que puede manejarse según el capricho de los que tienen poder”.
Palabras muy ciertas y actuales. Cesar Fernande Arce falleció hace un par de semanas, el viernes 24 de julio, curiosamente a 98 años exactos del día en que naciera, un 24 de julio de 1928. Sean estas sencillas líneas en homenaje al excelente juez, jurista, maestro universitario, padre de familia, esposo y amigo que fue Cesar. ¡Hasta pronto Pinani! Y gracias por tus enseñanzas y ejemplo de juez probo que tanta falta hace hoy en el Perú.
