La lucha por la libertad no tiene fin, más aún cuando la acción militar norteamericana y la detención de Nicolás Maduro no han puesto punto final a la estructura de poder del chavismo en Venezuela.
Nicolás Maduro fue siempre un operador político de la Habana, formado políticamente por el Partido Comunista de ese país, demostrando especialmente compromiso y lealtad con la fracasada revolución cubana. Por su parte Hugo Chávez mostró algunos rasgos de nacionalismo, por ello no dudo que la dictadura cubana confió siempre más en Nicolás Maduro, que en Hugo Chávez.
Fidel Castro nunca se propusó emancipar económicamente a Cuba, enarboló falsamente las banderas de una supuesta revolución democrática que emergió en 1959 como un acto de rebeldía contra el tirano Fulgencio Batista.
Fidel Castro convirtió a Cuba en un país satélite del Krenlim e instrumento de propaganda ideológica y agitación política en América Latina. Hugo Chávez por su parte encubrió su discurso político con un lenguaje moderado y apenas algunos rasgos de demagogía. Sus fallidos golpes de Estado, su detención breve y la actitud cómplice del presidente Rafael Caldera le permitieron estar en libertad e iniciar una carrrera política hacía la presidencia de la República en las elecciones de 1998.
Por otro lado, Cuba sin el apoyo generoso de la URSS debió colapsar en la década de los noventa. La llegada de Chávez al gobierno en 1999, representó un hálito de esperanza para el castrismo. El llamado “período especial” permitió cierta apertura económica para hacer posible la construcción y modernizació del sector hotelero y turístico en un país urgido de divisas. Con gran habilidad Fidel Castro mejoró las relaciones con la Santa Sede, consiguiendo incluso que el Santo Padre Juan Pablo II realicé una visita pastoral a Cuba durante varios días.
Un tiempo después, los lazos entre la Habana y Caracas se estrecharían, con la puesta en marcha de las llamadas “misiones” de médicos y maestros a Venezuela, que serían compensados con el suministro generoso de petróleo.
Estados Unidos impulsó la Iniciativa para las Américas durante la administración Clinton. Los acontecimientos del 11 de Setiembre del 2001, marcaron la pauta de la política exterior norteamericana en los siguientes años.
Hugo Chávez pretendió convertirse en un líder continental, en un contexto de alza de los precios internacionales del petróleo que llegaron a superar los 150 dólares el barril.
Hugo Chávez se estaba seguro de que gobernaría Venezuela durante al menos treinta años. Sin embargo su muerte ocurrida en la Habana en el 2013, abrió paso a la presencia de Nicolás Maduro en el poder.
Las estrategías políticas y de inteligencia entre la Habana y Caracas se fueron estrechando. No cabe duda que la Rusia de Putin se convirtió en un actor importante en el nuevo período. El Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla fueron avanzando políticamente en la región. Lula da Silva y Dilma Rouseff en Brasil, Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, Daniel Ortega en Nicaragua, López Obrador en México, Néstor Kirchnert y Cristina Fernández en Argentina, sintieron que eran hegemónicos en América Latina.
La dictadura castrochavista se afianzó, la amplia mayoría alcanzada por la oposición en las elecciones legislativas del 2015, fue contrastada con la convocatoria innecesaria a una Asamblea Constituyente por parte del gobierno de Maduro. Ni el liderazgo de Henrique Capriles, ni el de Juan Guaidó en el 2019 lograron doblegar a Nicolás Maduro. El amplio apoyo de la comunidad internacional al gobierno de Juan Guaido, fue insuficiente.
Años después, el liderazgo de María Corina Machado fue puesto en evidencia en la campaña presidencial del 2024. La dictadura impidió que María Corina postule a la presidencia. Edmundo Gonzalez Urrutia logró vencer ampliamente a Nicolás Maduro. El fraude se consumó el 28 de Julio del 2024. Con la complicidad de Lula Da Silva, de Gustavo Petro y de personajes como José Luis Rodríguez Zapatero, la dictadura aseguró que había ganado los comicios, sin haber mostrado ninguna acta electoral. La OEA demostró su total inoperancia.
Nicolás Maduro sin respaldo popular asumió un nuevo período de gobierno en Enero de hace un año. Rusia, República Popular China e Irán nunca dudaron en respaldar al tirano de Caracas.
La economía venezolana colapsó no por culpa de las sanciones económicas impuestas. El chavismo dinamitó la economía, gestionó muy mal PDVSA, utilizando la renta petrolera para subsidiar ilimitadamente un gasto público desmesurado. Las expropiaciones sin control, las políticas en contra del sector privado, minaron la estabilidad del país. El gasto en armamento militar se multiplicó. Las Fuerzas Armadas y la Policía Bolivariana fueron politizadas y sometidas al poder político. La represión masiva, los presos políticos en el Helicoide y otras cárceles del país, la migración de alrededor de 8 millones de venezolanos y el empobrecimiento de la población han marcado la vida de un país con enormes reservas petroleras.
La prédica antimperialista de Hugo Chávez, mostró a un demagogo irresponsable aliado de grupos terroristas como la FARC y el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Hugo Chávez financió las Casas del ALBA y la campaña electoral del hoy sentenciado Ollanta Humala Tasso. Fue magnánimo con Cuba y sus aliados del Caribe. Más allá de Fidel Castro y Hugo Chávez, las dictaduras castrochavistas se han reinventado y sobrevivido. Son hábiles para actuar políticamente. Se victimizan siempre, no dudan en ser agentes represivos y promover e incluso liderar cárteles de la droga.
El castrochavismo conculca libertades y empobrece al pueblo. Nicolás Maduro acumuló una enorme fortuna, siguiendo el ejemplo de su líder Hugo Chávez. Su guardia pretoriana integrada por cubanos demostró su inoperancia. Militares y hombres de inteligencia cubanos fueron puestos al servicio de un gobierno extranjero. Cuba y su llamada revolucion carecen de autoridad moral. Durante décadas Cuba ha enviado a jóvenes a afrontar guerras en otras latitudes o ha adiestrado a los integrantes de movimientos guerrilleros o terroristas en América Latina. La influencia cubana ha sido nefasta a lo largo del tiempo.
Por su parte, Venezuela dejó de ser el país de las oportunidades y libertades, para convertirse en un país agobiado por una severa crisis económica. La pobreza no se reduce por mandato de una ley o por la voluntad de un demagogo. Venezuela aún no es libre. Hoy la estructura de poder chavista aún ejerce el poder. El gobierno que preside Delcy Rodríguez es un gobierno títere.
Estados Unidos bajo el liderazgo de Donald Trump ha sido capaz de detener al tirano Nicolás Maduro. La justicia norteamericana no está sometida al poder político. Maduro no es un preso político. La Corte Penal Internacional, las Naciones Unidas y otros organismos internacionales han demostrado debilidad y complacencia frente al dictador de Caracas.
El imperialismo está vigente. Estados Unidos sigue siendo un país con vocación imperialista. La Rusia de Putin y la República Popular China pugnan al igual que Estados Unidos por la supremacía mundial.
Seamos realistas, ni el comunismo internacional, ni los globalistas que defienden a ultranza la Agenda 2030 de Naciones Unidas, son capaces de defender la libertad en América Latina. Sin embargo hay que reconocer que Venezuela aún no es libre.
María Corina Machado es la lideresa de la oposición y el presidente electo es Edmundo Gonzalez Urrutia. El gobierno de Donald Trump no ha consumado una invasión, ha puesto una acción militar como parte de una política gradualista. Hoy, Estados Unidos somete a la “revolucionaria” Delcy Rodríguez al cumplimiento de ciertos compromisos políticos y tutelajes.
Los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez son marxistas leninistas de larga trayectoria política. Por ello afirmo que el chavismo está herido, pero no herido de muerte. La suerte de Diosdado Cabello y la del General Padrino López puede decidirse en cualquier momento. Por lo pronto la oposición está temerosa y no manifiesta su júbilo por la captura del tirano en las calles y plazas del país.
Más allá de que se haya producido cualquier traición en las altas esferas del poder, lo cierto es que el chavismo aún sobrevive. Sin embargo no descarto que se pueda producir un desenlace inesperado, que abrevie los plazos políticos y que tenga como protagonistas a la civilidad venezolana y a sectores militares/policiales dispuestos a poner fin a la estructura de poder cimentada desde 1999.
