Posiblemente el 12 de setiembre del 1992, día de la captura del cabecilla terrorista Abimael Guzman Reinoso (a) “presidente Gonzalo”, sea uno de los días mas memorables y recordados en la historia del Perú. Posiblemente se hable en plazas, calles, colegios universidades, se realicen ceremonias, se entreguen “diplomas”, “medallas”, se icen banderas, haya reconocimientos, aplausos y toda clase de agradecimientos para quienes estuvimos en esa gesta histórica hace 34 años. Sin embargo, me pregunto si valió la pena tanto sacrificio o si solo somos “la rana en la olla” siendo cocinados a “fuego lento” por quienes derrotamos militarmente en 1992, los terroristas de sendero luminoso y del MRTA.
Quienes vivieron aquella época de terror, de sangre y muerte perpetrados por los terroristas de sendero luminoso y del MRTA, los familiares de los policías, militares y dirigentes políticos asesinados, de las víctimas, vemos con absoluta decepción y con vergüenza, el hecho de no haber podido vencer a estos criminales en el campo ideológico ni político, que ya no era una tarea policial o militar, sino una tarea de los políticos, quienes se “embriagaron” con el triunfo, abandonaron sus partidos políticos y sus tareas partidarias, y no iniciaron la tan necesaria Batalla cultural contra el social-comunismo.
Es por eso que al ver que la gente vinculada al terrorismo senderista disfrazada de políticos en el congreso de la república, no dan ganas de celebrar, no dan ganas de alegrarse por lo que hicimos hace 34 años. Mas aun, este hecho demuestra que los peruanos y su clase política no han aprendido la lección, porque después de la derrota militar en 1992, llegó el 2021 y le dimos la presidencia al ignaro, corrupto y golpista Pedro Castillo, quien por un “pelito” casi nos mete a la vorágine socialista si no comete el “error” de dar un golpe de Estado fallido. Mas aun, permitir en el 2026, en estos tiempos, que estemos atrapados en un congreso con un margen milimétrico con la izquierda radical y los caviares. Eso dice mucho del “compromiso” (no adquirido) de quienes deben guiarnos por la senda de la paz, la vida, la libertad y la democracia.
Por eso en esta oportunidad no celebraré el 12 de setiembre, estaré penitente en algun ricón de mi hogar pensando en los errores que cometimos y en las estrategias que debemos implementar para evitar que esto siga pasando en el futuro. No estaré con mis compañeros que legítimamente celebran, no estaré en fiestas, cocteles, almuerzos y tampoco recibiré premios ni diplomas, esta vez no, esta vez toca reflexionar con seriedad y comprometerse que, hasta el último día de mi vida, seguiré luchando por la paz y contra el terrorismo en mi patria, como en 1992.
