Mientras Milton Keynes captura plusvalía, Villa Panamericana cambia de dueño cada año
Milton Keynes tiene hoy 300,000 habitantes. Crece al 1.3% anual mientras Inglaterra promedia apenas 0.98%. Es uno de los polos económicos más dinámicos del Reino Unido, con un PIB per cápita 25% superior al promedio nacional y sede de Red Bull Racing. Todo esto sería irrelevante si no fuera por un detalle: Milton Keynes no existía hace sesenta años.
En 1967, donde hoy hay una ciudad próspera, había granjas y aldeas dispersas. El gobierno británico decidió construir una ciudad desde cero. No ampliar una existente, no regular el mercado inmobiliario londinense hasta asfixiarlo: crear algo nuevo. La planificación estatal en su máxima expresión. Y funcionó.
Un diseño que piensa en décadas
La Milton Keynes Development Corporation fue la pieza central: una entidad pública con mandato claro y autonomía operativa. No una municipalidad improvisada, sino un developer urbano estatal. Adquirió suelo rural barato, planificó integralmente, invirtió en infraestructura, y vendió parcelas al sector privado. La plusvalía generada no se evaporó: fue capturada y reinvertida en la propia ciudad.
El diseño urbano refleja esa lógica de largo plazo. Una malla ortogonal de avenidas amplias, pensada para flujos altos sin el colapso permanente que hoy consideramos “normal”. Barrios concebidos como unidades
funcionales con vivienda, comercio, colegios y áreas verdes integradas. Parques y lagos artificiales no como ornamento, sino como infraestructura que reduce estrés, mejora salud y eleva productividad. Las Redways —circuitos de 230 kilómetros separados para peatones y ciclistas— atraviesan toda la ciudad sin interferir con el tráfico vehicular: menos accidentes, menos costos sanitarios, más movilidad eficiente. Externalidades positivas diseñadas ex ante, no parches ex post.
Villa Panamericana: el anti-modelo
Ahora comparemos con la Villa Panamericana de Lima. Bajo la dirección de Carlos Neuhaus, el consorcio Besco-Besalco construyó 1,096 departamentos en siete torres por S/ 405 millones. A tiempo. Como proyecto de construcción, fue impecable. Luego vino el desastre institucional.
Seis años después, los departamentos siguen vacíos. El Estado planteó venderlos a S/4,900 el metro cuadrado en una zona donde el precio de mercado es S/2,700. Imposible sin subsidio masivo. Durante la pandemia, EsSalud los convirtió en hospital temporal. Después pasaron de Comité Organizador a Legado, de Legado al MTC, del MTC a la PCM, de la PCM al IPD, y ahora al Ministerio de Educación. Seis entidades en seis años. Cero estrategia de captura de plusvalía. Cero horizonte de largo plazo. Las promesas de departamentos a deportistas medallistas siguen incumplidas.
Milton Keynes tuvo una corporación con mandato de 25 años. Villa Panamericana tuvo seis cambios de responsable en seis años. Milton Keynes capturó plusvalía para reinvertir. Villa Panamericana la dejó evaporar mientras discutía si vender, regalar o alquilar. Esa es la diferencia entre Estado empresario y Estado ideologizado.
La lección incómoda
La izquierda progresista ama hablar de “derecho a la ciudad” y “justicia espacial”. Discurso impecable, ejecución cero. Milton Keynes se construyó sin una sola mención a esos conceptos. Se construyó con ingenieros, economistas y urbanistas que entendían flujos, costos y retornos. No con sociólogos escribiendo manifiestos sobre el capitalismo tardío.
El problema nunca fue que el Estado participe en desarrollo urbano. El problema es cuando participa sin capacidad técnica, sin horizonte empresarial y sin captura de plusvalía. El problema es el Estado capturado por ideología que sabe diagnosticar pero no sabe ejecutar.
Milton Keynes es la prueba de que cuando el Estado actúa con foco técnico, los resultados llegan. Villa Panamericana es la prueba de que cuando la izquierda administra, hasta lo bien construido termina abandonado.
Somos expertos en ladrillos e ineptos en instituciones.
