OpiniónViernes, 10 de junio de 2022
Gracias Castillo..., por Berit Knudsen
Berit Knudsen
Analista en comunicaciones

Incompetencia y codicia, detonantes del caos

En uno de los Consejos de Ministros Descentralizados Pedro Castillo declaró: “se ha desatado una persecución política irracional a mi persona, al presidente de la República. ¿Y el resto de las gestiones? ¿Y los demás presidentes de la República y los demás ministros? ¿Fueron Santos?”. Primero, Castillo no se ha enterado de que los últimos 6 presidentes del Perú están inhabilitados, presos o muertos; y todo parece indicar que buscaría seguirles los pasos. Segundo, Castillo no entiende que “su persona como presidente de la República”, es un servidor público lo que implica el cumplimiento de deberes y responsabilidades, para lo cual es necesario autoridad moral.

Un presidente está al servicio del pueblo, sus cualidades garantizan el buen gobierno, compromiso con la sociedad, valores morales y espirituales: lealtad, honestidad, transparencia, respeto, humildad, sinceridad, dignidad, imparcialidad, sentido de justicia, visión de futuro y control emocional. Se rodea de hombres íntegros y competentes, es conciliador, evita la confrontación, tiene vocación de servicio, no miente, rinde cuentas de sus actos, defiende a las personas y respeta su dignidad, trata a todos por igual, escucha antes que hablar, vela por el orden y la seguridad. Parece ser que no tenemos presidente.

No se cuestiona la ignorancia o incompetencia de Pedro Castillo, tampoco su origen humilde o inexperiencia para gobernar; lo que es inadmisible es su carencia de valores morales y éticos, su incapacidad para compensar sus limitaciones rodeándose por profesionales competentes que puedan resolver los urgentes problemas del Perú. Castillo no comprende que está jugando con la vida y el futuro de 33 millones de peruanos.

Muchos advirtieron el peligro que representaba Perú Libre con su plan de gobierno importado de Cuba; otros ignoraron el riesgo de esa alianza entre la dictadura marxista-leninista del Castrochavismo y el pensamiento maoísta del Movadef vinculado a Sendero Luminoso. Ambos movimientos apostaron por aquel activista sindical creyendo que ejecutaría una buena representación del “profesor humilde y abnegado”; eligiéndolo para encabezar esa plancha Presidencial que resolvía el problema de Vladimir Cerrón, inhabilitado para ocupar cargos públicos. Lo que no calcularon fue que el entorno del sindicalista tenía organizada una red de corrupción meses antes de llegar al gobierno. Sabíamos que el crimen organizado era parte del accionar de Perú Libre, pero Castillo superó los límites de Vladimir Cerrón quien hoy declara que Pedro Castillo y Dina Boluarte son unos traidores: “Evidenciaron su ambición por el poder, la intensión de repartija”.

Pero no todas son malas noticias. Las dictaduras de Cuba, Venezuela, Nicaragua y los ex gobiernos de Ecuador, Brasil y Bolivia, suman 139 años, con un promedio de 23 años. Considerando que este tipo de régimen se enquista en el poder, podríamos llegar a sentirnos agradecidos por los errores políticos y la desmedida ambición con la que Pedro Castillo ha sacudido al país en tan pocos meses. Y si lográramos deshacernos de este gobierno en menos de dos años, implantaríamos un récord por el que podríamos sentirnos afortunados. Castillo no va a renunciar por temor a perder su inmunidad, lo que hace necesario recurrir a otras salidas a pesar de los indudables daños que sigue causando al país, pero así parece funcionar esa falsa democracia.

La población está cansada de esos gobernantes que no son elegidos por el Pueblo, sino por los partidos que eligen a los candidatos que luego formarán parte del gobierno, y tomarán decisiones respecto al país, sus ingresos y sus pobladores. En medio de esta coyuntura, la población civil debe exigir transparencia, mecanismos de control y supervisión que garanticen el buen gobierno.

Corrupción, que según su raíz latina significa literalmente “hacer pedazos “, es justamente lo que el gobierno está haciendo con el país. Castillo acusa a otros de corrupción y tal vez tenga razón porque pareciera necesario fumigar todas las instituciones del Estado, comenzando por el poder Ejecutivo y siguiendo con el Sistema Electoral.

Pero los problemas van más allá de nuestras fronteras, y las constantes y similitudes en Latinoamérica son demasiadas. Es por ello que debemos buscar alternativas de solución y coaliciones en las mismas esferas