OpiniónMiércoles, 22 de marzo de 2023
La injerencia imperceptible, por Patricio Krateil

Distintos, pues algo similar es lo que está ocurriendo con la nueva crisis financiera, que cada día escala con mayor rapidez. Hace un par de semanas veíamos cómo caía el Silicon Valley Bank junto con otros bancos gringos como el Signature Bank, caída ocasionada por la pronta subida de las tasas de interés hechas por el banco central estadounidense para tratar de apaciguar la enorme inflación que están sufriendo a la par del continente europeo. Inflación generada a través de políticas de estímulo gestadas por los mismos gobiernos en épocas de pandemia.

Esta semana fue el turno de Credit Suisse, banco con sede principal en Suiza, que perdió 70 mil millones de euros en depósito en menos de diez días. Esta fuga de depósitos se da al tener un activo de largo plazo y deudas de corto, las cuales los acreedores en forma de depositantes exigieron su recobro.

Dado que esta entidad financiera está dentro del GSIB (Global Systemically Important Banks), bancos supuestamente demasiado importantes para dejarlos quebrar, es que el gobierno y banco suizo han implementado ciertas medidas para poder vender Credit Suisse a UBS, otra entidad bancaria del país. Dentro de estas medidas están los 9 mil millones de euros en forma de protección de activos problemáticos y una línea de liquidez otorgada por el banco central de 100 mil millones euros, que se pagara en la medida que UBS logre no quebrar.

El rescate a costa del robo

Los salvatajes a los bancos son algo que se ha estandarizado en la política actual, hemos visto medidas similares a las del gobierno suizo en Estados Unidos con respecto a la última caída bancaria de Silicon Valley Bank, ofreciendo montos que puedan pagar las deudas para no dejarlo en bancarrota. Sin embargo, podríamos también remontarnos al 2008 en donde el gobierno norteamericano socializó las perdidas bancarias.

Desde un punto de vista ontológico si el capitalismo supone privatizar ganancias también supondría privatizar perdidas, pues el riesgo existe en toda inversión. Es un absurdo cuando la izquierda se queja de las salvadas bancarias atribuyéndole al sistema de mercado ese error inherente o corrupción, cuando esto no podría estar mas lejos de la realidad. Como ya se ha dicho, salvar bancos constituye que el resto de contribuyentes, ciudadanos que no desearon invertir ni apostar por determinada entidad bancaria, estén pagando los riesgos que otros tomaron y que no están pagando.

Además, desde un punto de vista más psicológico, este tipo de acciones son premios a la irresponsabilidad bancaria. Es fácil equivocarse cuando hay la seguridad que no voy a perderlo todo, cuando el que paga mis errores no soy yo. Existe un incentivo a la irresponsabilidad no solamente en el tema del salvataje, sino también en el tema de los intereses dados por los bancos centrales, los cuales bajan sus tasas ofreciendo la posibilidad que los bancos paguen deuda a corto plazo generando a través de prestamos intereses futuros. Sin embargo, esta dinámica al no estar amparada en una verdadera dinámica de mercado, puesto que nadie compite con un banco central de reserva y estos a su vez modifican los intereses dependiendo no de la posibilidad adquisitiva y demanda real de la sociedad sino en función de estimular ciertos sectores de la economía. Básicamente, generan políticas contra cíclicas creyendo que aquel ciclo natural de la sociedad respecto a lo que puede o no crecer o incentivarse, sea algo que sí o sí pueda planificarse mediante un conjunto de tecnócratas soñadores que juegan a ser deidades.

El monopolio predilecto del socialismo

Una de las grandes trampas en las que hemos caído y parece no tener ninguna solución, al menos en un corto o mediano plazo, es la injerencia del poder estatal sobre la moneda y su emisión. Si bien es cierto que en ciertos países ese control monetario es mucho mas prudente e incluso, países como el nuestro han destacado en su momento por su buena gestión; es sin lugar a dudas, un mal latente que termina siempre estallando. Si los bancos centrales tienen el monopolio de la moneda —que no es otra cosa que un bien de intercambio sujeto a los mismos mecanismos de oferta y demanda del mercado— genera un enorme incentivo a los bancos privados afiliarse a esa red mercantilista que les ofrece beneficios y favores manipulando al ciudadano mismo.

Por otro lado, los bancos centrales al no poseer ningún incentivo derivado del mercado, les da igual las eventuales perdidas que puedan autoinfligirse, más aun teniendo a organismos internacionales igual de defectuosos como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional que salvan de crisis a Estados totalmente irresponsables con el dinero de los contribuyentes de los bancos centrales afiliados del resto del mundo. El caso de Argentina es bastante emblemático, el cual ha sido ayudado por el FMI en varias oportunidades, pero aun así jamás hizo los ajustes pertinentes que se les solicitó. Esto solo nos demuestra que ese back up no es más que un premio al inmaduro del colegio, a ese que una y otra vez hace lo mismo esperando que ocurra algo totalmente diferente.

Por consiguiente, para esos planificadores económicos que se arrogan siempre el monopolio de la moneda y pretenden saber exactamente qué hacer con dicho poder; Friedrich Hayek les diría: “El curioso cometido de la economía es enseñar a los hombres lo poco que realmente saben sobre aquello que imaginan que pueden diseñar”.

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