En 1860 Dostoievski publicó la novela de carácter psicológico “Crimen y Castigo” que narra el asesinato de una vieja y despreciable usurera por parte de Raskolnikov y es una reflexión sobre el libre albedrío y que hay ideas que valen más que la vida humana.
Mas de 160 años después, vivimos tiempos de muerte y de banalización de la vida humana, acabamos de asistir al asesinato de un candidato presidencial en Ecuador aparentemente por su lucha contra la mafias de la droga, en el Perú el sicariato se ha vuelto una enfermedad endémica con asesinatos a diario por todo el país, la doctrina del abogado penalista Zaffaroni de nacionalidad argentina conocido en el Perú por pretender organizar la defensa judicial internacional de Pedro Castillo, cuya tesis habla de una responsabilidad de la sociedad en lacriminalidad, lo que hace que se victimice al delincuente y se recorten las penas, protegiendo al criminal en perjuicio de la víctima haciendo más rentable el crimen.
Las consecuencias de estas teorías garantistas se ven a diario en nuestras calles y han dado lugar a un código procesal penal que no sirve para nada, haciendo eternos los procesos y responsabilizando a la fiscalía la investigación penal, los fiscales no han sido preparados para investigar. La investigación criminal debe regresar a la policía, la que debe ser dotada de presupuesto, capacitación y normas legales que protejan su accionar en defensa del ciudadano.
El resultado de esta forma de ver la vida descrita por Dostoievski en donde se justifica la muerte de seres humanos para alcanzar fines mayores ha dado como resultado lo siguiente:
Este culto a la ideología hace que las ideas se vayan diluyendo.
Todas estas barbaridades, basadas en ideologías llevadas al extremo, lo único que han logrado es enterrar al ser humano en la libertad de sus ideas, bajo el pretexto de una igualdad que es contraria a la libertad.