La guerra en Ucrania podría estar llegando a su fin luego de tres años. La mediación de Donald Trump abre un nuevo escenario de negociaciones, con Arabia Saudí como posible sede para un acuerdo de paz, reconfigurando el tablero geopolítico global. Pero más allá del fin de las hostilidades, el proceso presenta implicaciones para Estados Unidos, Rusia, China y, sobre todo, Europa.
Las conversaciones entre Trump y Vladimir Putin, con la posterior llamada a Volodymyr Zelensky cambió el panorama de la guerra en Ucrania. Las negociaciones entre Estados Unidos y Rusia, dejando a Ucrania y la Unión Europea con un papel secundario, muestran un escenario cercano a la paz tras años de guerra, acercamiento nunca propiciado por Biden y que Kamala Harris no hubiera logrado.
En 2022, Turquía alcanzó negociaciones entre Ucrania y Rusia intentando un acuerdo de paz. Sin embargo, las conversaciones no prosperaron por el endurecimiento de la postura ucraniana tras el descubrimiento de crímenes de guerra y la presión de actores occidentales como el Reino Unido, cuyo entonces primer ministro Boris Johnson visitó Kiev expresando su rechazo a un pacto con Moscú.
Para Vladimir Putin el giro geopolítico es una victoria diplomática, resolviendo el aislamiento, sanciones económicas y la presión militar ejercida desde que invadió Ucrania en 2022, buscando sus propios términos.
La visión de Trump apunta a reducir la carga financiera y militar de Washington trasladando la responsabilidad en seguridad regional a Europa. Señala que Estados Unidos ha invertido más de 200.000 millones de dólares en Ucrania, mientras Europa 135,000 millones en calidad de préstamo; buscando compensaciones con Tierras Raras ucranianas.
Queda claro que Ucrania no recuperará el territorio previo a 2014, Crimea, Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón seguirían bajo control ruso. La única victoria para Kiev podría ser alcanzar cierta seguridad incorporándose a la Unión Europea pero no a la OTAN, con un costo económico y político incierto y un Zelensky buscando asegurar su futuro.
Pero las negociaciones directas con Moscú podrían rediseñar el equilibrio de poder global, con un escenario al estilo Yalta 2.0 donde Trump, Putin y tal vez Xi Jinping podrían establecer nuevas reglas de juego sin Europa.
Arabia Saudí como posible sede para el acuerdo refuerza la idea de que el poder mundial se desplaza hacia un eje alternativo alejado de las instituciones tradicionales occidentales. Rusia busca reconocimiento como potencia regional, detener la expansión de la OTAN en sus fronteras, recuperando su rol como proveedor energético de Europa.
Xi Jinping ha evitado involucrarse militarmente en la guerra, asegurando apoyo económico a Rusia para mitigar las sanciones y crear un sistema alternativo, viendo en esta coyuntura una oportunidad como mediador global.
Estados Unidos, Rusia y China parecen negociar un nuevo orden mundial, mientras Europa con su decisión de apoyar incondicionalmente a Ucrania, esperanzada en debilitar a Moscú, parece quedar vulnerable fuera del tablero con la urgencia de fortalecer sus capacidades militares frente a posibles amenazas.
La estrategia pragmática de Estados Unidos con negociaciones bilaterales, reduciendo compromisos militares, podría marcar el ascenso de un orden tripolar. Europa ve su liderazgo debilitado por la insistencia de prolongar el conflicto sin estrategias claras, quedando relegada. Con la paz en el horizonte, el futuro dependerá de cómo evolucionen las relaciones entre potencias. El modelo de seguridad de Trump podría traer estabilidad al escenario internacional o, por el contrario, generar nuevas tensiones. Puede promover el equilibrio del poder global o desencadenar enfrentamientos entre potencias.