Escrito por 20:31 Opinión

Hechizado por Dios, por Alfredo Gildemeister

Pese a ser un consumado actor de mucho prestigio y fama mundial, con toda una vida de experiencia actuando en teatro, cine y televisión; además de director de cine, cantante, productor, guionista y empresario teatral, con todo ese bagaje cultural, Antonio por alguna extraña razón se sentía muy nervioso, como cuando alguna vez hace varias décadas, allá por 1975 saliera por primera vez a un escenario. A cada rato miraba su reloj esperando a que le llegara la hora de salir a escena. Nunca se había sentido así.

Se le vino a su memoria su querida Málaga de la infancia, sus padres, su hermano, su tío Pepe que le enseñara a tocar la guitarra, en fin, toda una avalancha de recuerdos como si estuviera próximo a mirar su vida hacia atrás ante una nueva vida hacia adelante.

Llegó la hora. Comenzaba a atardecer aquel domingo 7 de junio. El Movistar Arena de Madrid estaba repleto de gente que gritaba, aplaudía, cantaba y gritaba vivas a toda voz. Se sentía un ambiente diferente, muy especial, casi sobrenatural.

Pero ¿Por qué se sentía tan nervioso? Solo tenía que leer un discurso dentro del encuentro “Tejer redes con el mundo de la cultura, la educación, la empresa y el deporte”. Nada más. Sin embargo, sabía que su participación era muy esperada por el público. Debía estar tranquilo. Ni siquiera tenía que actuar, ni cantar ni bailar ni nada. Solo leer su discurso. Un discurso que había preparado en donde hablaba de Dios, de su experiencia personal, la misión del arte, la dignidad humana y la fe.

Entonces ingresó caminando tranquilamente al gran escenario y lo vio.

El hombre vestido de blanco estaba sentado en una silla con un prelado a cada lado. El hombre de blanco lo miró con cariño, casi se podría decir que con cierta ternura y le sonrió tímidamente. Se trataba nada menos que del Papa León XIV.

Antonio se acercó al atril que estaba ya colocado para que leyera su discurso. El silencio en la sala se hizo sentir. Con voz un poco temblorosa -Antonio no lo podía creer, un actor con su experiencia debería mostrar más seguridad y aplomo, pensó- comenzó a leer su discurso.

“Autoridades. Queridas amigas y amigos. Hay encuentros que no se miden solo en el tiempo sino en su significado. Su presencia hoy en Madrid, Santo Padre, no es solo una visita. Es un gesto. Un gesto de escucha, de cercanía, de diálogo con la sociedad civil, y esta sin duda se lo agradece…

La relación entre la Iglesia católica y el arte no ha sido solo fructífera: ha sido determinante. No tememos equivocarnos al decir que la iglesia ha sido el mayor productor de arte de la historia de la humanidad”.

Antonio comenzó hablando del arte y su relación con la Iglesia para llegar a la figura central de todo, Jesucristo.

“En el corazón de ese impulso creativo esta quien atraviesa los siglos, los estilos y las culturas, y que con total seguridad ha sido la figura más representada en la historia del arte: se trata de Jesucristo. ¡El gran protagonista de la película de la vida!”

El público arranca en aplausos. Antonio siente una emoción muy profunda, especial, una emoción como sobrenatural. Luego se excusa al decir que no va a enumerar a los grandes artistas que con sus trabajos han engrandecido el mensaje proveniente de la palabra, ni tampoco va a mencionar una serie de datos que ilustren el camino recorrido entre iglesia, artistas, intelectuales y filósofos.

No, nada de eso, “…hoy, Santo Padre, siento una cierta obligación a ofrecer una pequeña reflexión en voz alta sobre mi propia experiencia.”

Y comienza a contar a todos su vida desde su infancia en Málaga y las semanas santas que en su niñez veía en donde “lo artístico y lo espiritual se funden”. Y abre su corazón a todos diciendo que “…fue ahí, Santo Padre, en ese marco de arte popular anónimo, cuando con tan solo 4 o 5 años de edad, nació en mí una pregunta que solo contenía una palabra: ¿Dios?

Poco a poco fui encontrando respuestas, algunas tan simples como la que reconocí en los ojos de mi madre mientras esta le clavaba su mirada y su corazón devoto a la Virgen de La Esperanza que pasaba en su trono frente a nosotros en aquellos lejanos años. O a través de la voz que rompía el aire claro de primavera de los cantaores o cantaoras de saetas. O entre la gente humilde y buena de mi ciudad que cada año salían, y salen a la calle con su barrio a cuestas, portando sus imágenes que les ayudan a buscarse a sí mismos mientras buscan a Dios.

Y lo hacen dejando tras ellos el yo, para agarrarse al nosotros… del nosotros pasan al ellos, del ellos al todos, del todos al mundo, del mundo al universo, del universo a Dios, para después volver a tomar tierra intuyendo que Dios puede estar en cada partícula, en cada molécula de cada gota de agua, de cada mar, de cada pétalo de rosa, de cada palpito, de cada suspiro”.

La gente le aplaude nuevamente entusiasmada.

Antonio comienza a emocionarse, la voz lo traiciona a veces, muchos recuerdos y sentimientos profundos invaden su corazón. Señala que el arte no es solo belleza, sino también pregunta, reflexión, contraste y transformación social. Para Antonio, el arte ayuda a comprender mejor la complejidad del ser humano.

“El arte ha sido —y debe seguir siendo— el espejo que refleja vidas que pasan de largo ante el prójimo herido. Es también la denuncia de credos vacíos que olvidaron el amor. Es la voz de alerta para sociedades que se acostumbraron a la injusticia”.

Luego hace referencia a la violencia, tema muy sensible hoy en el mundo por todas las guerras y cientos de muertes que vemos a diario:

“El arte debe ser una alternativa a la violencia. Todas las violencias. Así como lo hizo el propio Cristo, el artista debe actuar con valentía y no abandonar el ser instancia critica a la sociedad, al propio arte, y a la propia religión”.

El auditorio estalló en aplausos. Antonio mira al público, mira al hombre de blanco que lo mira con mirada profunda y cariñosa.

Antonio continúa y toca la nota sensible, profunda, de todo ser humano. Las preguntas fundamentales que toda persona debe hacerse y que hoy, en un mundo tan materialista, egoísta y hedonista, evita hacerse:

“Santo Padre… hemos de compartir una obligación. Estamos obligados a mirar, y a ver, y a tratar de entender las complejidades del alma humana. Todos los seres humanos nos enfrentamos a los grandes interrogantes de nuestra existencia: ¿Quiénes somos? ¿Qué sentido tiene la vida y el dolor? ¿Qué significa amar… de verdad… al prójimo…como a uno mismo? ¿Qué hay más allá? Y en ese ejercicio de búsqueda, todos nosotros nos acercamos, quizá sin saberlo, a lo trascendente”.

Antonio se va emocionando cada vez más. Se nota en su voz, en su mirada. Ya va terminando. Ya quiere que esto termine y que no termine. Esta desnudando su alma y su corazón al público, al mundo, pero no le importa.

“En un mundo que corre, que se fragmenta, que a veces se simplifica en exceso, el arte nos ayuda a recuperar la profundidad y el alma que está tratando de ser robada por inteligencias artificiales que deben estar al servicio del ser humano y no al revés.”

Nuevamente el público aplaude casi con locura.

Antonio no guarda silencio, continúa:

“Un alma que nos susurra que hay algo más. El constante susurro de la esperanza de ese algo más. Este encuentro entre la iglesia y la sociedad civil no es solo oportuno: es necesario. Necesitamos seguir creando y compartiendo. Seguir preguntando. Seguir buscando belleza, sí… pero también verdad”.

Y lo dijo, se refirió a la Verdad, así con mayúscula. Y entra a matar, como al toro al final de la faena, se lanza con todo:

“Porque allí donde nos atrevemos a preguntar en profundidad, siempre, siempre, comienza un camino, un camino que nos puede conducir hacia lo espiritual, que no es más que la fraternidad que late en el corazón de todo ser humano y en el misterioso corazón de Dios. ‘Decís vosotros que los tiempos son malos. Sed vosotros mejores y los tiempos serán mejores. Vosotros sois el tiempo. Decía San Agustin”.

Finalmente, la estocada final al alma:

“Santo Padre yo estoy aquí por Godspell. Godspell es una obra de teatro musical creada en su país de origen. La traducción de Godspell al español es ‘El Hechizo de Dios’. Yo estoy hoy aquí confesando haber sido víctima del hechizo de Dios. Muchas gracias”.

Los aplausos del público son de locura. No terminan. Antonio se acerca a saludar al Papa, se funden en un largo saludo. Se cruzan palabras que solo él y el Papa sabrán. Se despide del hombre de blanco emocionado profundamente.

Definitivamente, Antonio ya no será el mismo… ya no será el mismo Antonio Banderas.

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Alfredo Gildemeister

Alfredo Gildemeister

Abogado

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Last modified: 20 de junio de 2026
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