Los lamentables y trágicos terremotos ocurridos en Venezuela el pasado 25 de junio, trajo a mi memoria lo que mi madre me contara del terrible terremoto que sufriera Lima el 24 de mayo de 1940. Si bien mi madre tenía tan solo nueve años, se acordaba perfectamente de ese día. Me contó que el terremoto ocurrió a las 11.35 de la mañana. Fue terriblemente fuerte y luego los medios informaron que asoló no solo a Lima sino también al Callao y toda la zona costera del departamento de Lima. Fue tan fuerte que hasta se sintió en Guayaquil y Arica.
Después del terremoto que destruyó Lima en 1746, durante el virreinato, ha sido el terremoto más fuerte hasta ahora. Tuvo una magnitud estimada de 8.2. Adicionalmente, el terremoto provocó un tsunami en el Callao, pues el mar se retiró unos 150 metros causando grandes destrozos cuando el mar volvió a su nivel. Desde el punto de vista económico, los daños se estimaron en unos 3.6 millones de soles de la época. Cabe mencionar que el terremoto duró unos 45 segundos. El diario El Comercio resumió lo ocurrido así: “A esa hora un sordo rumor anunció la llegada del fenómeno, el que continuó con extraordinaria violencia hasta sacudir las paredes de los edificios. Segundos más tarde era fácil advertir cómo las molduras, cornisas y aplicaciones se desprendían de las casas para caer con impresionante estrépito. A la vez se levantaba una polvareda, consecuencia del material arrancado de las construcciones de quincha y tierra”. Cabe agregar que la nube de polvo provenía también de los acantilados derrumbados de la zona costera.
Efectivamente, lo que más recuerda mi madre fue cómo quedaron de destruidos los distritos de Chorrillos y Barranco especialmente, además del centro de Lima y otros distritos. Chorrillos le impresionó más pues sufrió una destrucción casi equivalente a la destrucción causada por los invasores chilenos durante la guerra del Pacífico. La gran mayoría de las casas que daban al mar al borde del acantilado, incluyendo sus elegantes bajadas hasta la playa de piedritas de abajo, se derrumbaron como naipes. Aún hoy pueden verse los restos de aquellas elegantes escaleras, con gruesas barandas y maceteros, que bajaban por el acantilado hacia las playas. De allí que hoy en Chorrillos solo tengamos un hermoso y gran malecón mirando al mar donde antes hubo elegantes mansiones veraniegas y miradores con hermosas y cómodas bancas mirando al mar. Cuando mi madre me contaba esto, yo pensaba en los hoy enormes edificios construidos prácticamente al borde de los acantilados de la Costa Verde, en Barranco, Chorrillos y Miraflores. Hasta yo recuerdo que cada vez que había un temblor -peor un terremoto- en Lima, los acantilados de la Costa Verde sufrían de grandes derrumbes debido a la tierra blanda de aluvión que contiene, tierra que a la menor vibración se desmorona. Mi madre recordaba que este terremoto quedó en la memoria de toda la población de Lima pues muchos hermosos edificios emblemáticos, casonas e inclusive iglesias del centro de Lima como las torres de la catedral, así como las iglesias de Santo Domingo, San Agustín y La Merced, sufrieron terribles daños por el terremoto.
Cabe mencionar que el Callao quedó prácticamente en ruinas. Ello debido al ya comentado tsunami que luego de retirarse el mar, volvió con gran fuerza lanzando olas de hasta tres metros de altura sobre los malecones, casas e instalaciones del puerto. Se contaron unos cien muertos, unos 2,000 heridos y cinco mil casas destruidas. La Iglesia Matriz quedó severamente dañada: una de sus torres se derrumbó y la otra quedó con riesgo de caer. El balneario de La Punta sufrió el embate del maremoto, pero los daños no fueron tan cuantiosos porque las casas habían sido construidas recientemente. En el Terminal Marítimo el piso se hundió y el agua salía detrás del edificio de la Aduana. Muchas calles se resquebrajaron y se podía observar la salida del agua de mar. Pero los mayores estragos se dieron en los callejones y casas de la gente humilde, pues casi todas quedaron en ruinas.
Posteriormente, el centro de Lima cambió en algunos aspectos debido al terremoto pues se aprovechó de ensanchar algunas calles y avenidas, y modernizar el sistema de construcción de inmuebles a fin de hacerlos mas resistentes a los terremotos y temblores, tan comunes en Lima. En resumen, las zonas de Lima más afectadas por el sismo fueron el centro de Lima, Chorrillos (donde el 80% de las viviendas quedaron colapsadas y el malecón hundido en tramos), Barranco y La Molina. Se contabilizaron aproximadamente 179 muertos y 3500 heridos en la ciudad.
Por mi lado, he vivido cuatro terremotos fuertes (1966, 1970, 1974 y 2007) y recuerdo especialmente el de octubre de 1966, pues vivía frente al malecón de chorrillos en una buena casa de material noble propiedad de mi abuelo y al quedarme solo viendo por la ventana de mi habitación frente al mar lo que ocurría, pues tenía seis años y no sabía lo que era un terremoto, fui testigo de cómo se derrumbó una gran parte del malecón y parte de la pista frente a mi casa, llevándose al vacío a la gente que paseaba a esa hora (3.30pm. de la tarde de un día soleado), pescadores reparando sus redes, raspadilleras con sus carritos de raspadillas, etc. Una inmensa columna de tierra subió hasta el cielo, en donde alguna vez había existido un hermoso malecón. Hoy desde la playa de Pescadores y Agua Dulce, puede verse la sección del malecón que se derrumbó que hoy está reparada y sostenida por unos pilotes sobre el acantilado. Debo mencionar que años más tarde, en el terremoto del 3 de octubre de 1974, la casa en donde había vivido en Chorrillos frente al mar -ya vivía en aquél entonces en Miraflores- quedó literalmente partida en dos, como cortada por un cuchillo gigante, corriéndose la mitad superior de la casa unos dos metros hacia la izquierda. Así quedó y cuando la fuimos a ver con mis padres y mi abuelo minutos después del terremoto, agradeció al cielo que hubiera estado deshabitada pues estaba buscando inquilino para alquilarla. Mi abuelo la reconstruyó en los meses siguientes. Hasta el día de hoy, allí sigue la casa, frente al último parque y al malecón de Chorrillos.
He traído a ustedes estos recuerdos personales debido a que los terribles terremotos ocurridos en Venezuela pueden también darse en Lima. Ya toca. Cuando era niño viví tres terremotos con un intervalo de cada cuatro años. No debemos olvidar, aunque parece que las nuevas generaciones no tienen la más mínima idea de lo que es un temblor y menos un terremoto, que vivimos en una ciudad que durante siglos ha sufrido continuamente de temblores, terremotos y hasta tsunamis. Es como vivir en Kansas, Estados Unidos, y no tener ni idea de lo que son los tornados, fenómenos que ocurren todos los años atravesando dicho estado de lado a lado y destruyendo todo a su paso. Tomemos las precauciones debidas, más aún hoy que en Lima la construcción informal es una realidad, especialmente en los conos, cerros y periferia de la ciudad. Así mismo, Lima se ha llenado de edificios -formales e informales-, y algunos muy altos, por cierto, construidos en algunos casos, superando el máximo de pisos permitido -bajo la teoría del hecho consumado y pagando la multa correspondiente y ahí queda- o bajo licencias de construcción, conformidad de obras, etc. obtenidas de forma dudosa pues la corrupción lamentablemente es una realidad que campea en todas partes, por lo que debemos tomar las precauciones debidas. Miren lo ocurrido en Venezuela con las construcciones realizadas por el Estado, entre otros casos, y como se han derrumbado. En fin, mejor es estar prevenidos ya que es un hecho que en cualquier momento sufriremos un fuerte terremoto. Simplemente prefiero prever. No soy fatalista ni tampoco profeta o adivino, solo hablo en base a nuestro pasado, la experiencia y, porque no decirlo… al sentido común.
