Escrito por 10:08 Opinión

La seguridad puede unir a América, por Berit Knudsen

Marco Rubio cerró su primer año como secretario de Estado en diciembre de 2025, presentando una política exterior que devolvía al hemisferio occidental un lugar prioritario. Sus declaraciones vincularon al narcotráfico, organizaciones terroristas, migración irregular, lavado de activos y la expansión del crimen transnacional con la seguridad nacional de Estados Unidos. El diagnóstico serviría de base para iniciativas posteriores. Los grupos criminales fueron señalados no como amenazas locales, sino como estructuras internacionales que atraviesan fronteras, penetran instituciones y controlan territorios.

El 7 de marzo Donald Trump y Marco Rubio reunieron en Doral, Florida, a doce países latinoamericanos y caribeños, lanzando el “Escudo de las Américas”. Convocaron a gobiernos dispuestos a coordinar acciones conjuntas contra cárteles, pandillas y organizaciones criminales transnacionales. El propósito: intercambiar inteligencia, interrumpir rutas de tráfico, perseguir financiamientos ilícitos y lograr cooperación para desmantelar estructuras logísticas que operan en varios países simultáneamente.

El Escudo de las Américas puede lograr lo que la Cumbre de las Américas o la OEA no ha conseguido, al introducir una innovación política importante. No intenta reunir a todos los países del continente, sino formar una coalición con gobiernos que reconozcan la urgencia del problema y compartan voluntad para enfrentarlo. Frente a una región fragmentada por disputas ideológicas, la inseguridad es el eje de coincidencias. Para países latinoamericanos, el crimen, extorsión, narcotráfico y pérdida de control territorial son la preocupación central.

En julio, esa agenda comenzó a conectarse con mecanismos regionales amplios. La Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas, celebrada en Cusco con delegaciones de 33 países, acordó fortalecer la cooperación frente al crimen organizado, terrorismo, economías ilícitas, amenazas cibernéticas y desastres. La declaración incluyó intercambio de información estratégica, protección de infraestructuras críticas, ejercicios conjuntos y coordinación ante amenazas transnacionales. Sin pertenecer al Escudo de las Américas, comparten iniciativas y un mismo diagnóstico: ningún Estado puede enfrentar aisladamente a organizaciones operando en múltiples jurisdicciones.

Rubio presidió en Washington la Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político, con delegaciones de 66 países. El enfoque ampliado, más allá de cárteles o grupos terroristas tradicionales; incluyó a redes de violencia política, fuentes de financiamiento, organizaciones de apoyo, conexiones internacionales y mecanismos de lavado de dinero. La participación peruana subrayó la relación entre terrorismo, narcotráfico y delincuencia organizada, necesidad de reforzar la inteligencia, cooperación policial y control fronterizo.

Estas iniciativas responden a la verdadera naturaleza del crimen organizado internacional en fronteras americanas extensas y porosas. Cuando un país ejerce presión sobre una organización en forma aislada; los dirigentes, rutas y capitales se trasladarán al territorio vecino. Sin operaciones simultáneas, inteligencia compartida, cooperación judicial y persecución financiera, una victoria nacional desplaza geográficamente el problema.

La principal dificultad es política. Algunos gobiernos rechazan las alianzas por desconfianza hacia Washington; otros interpretan la seguridad regional desde afinidades ideológicas, posiciones ambiguas frente a guerrillas, grupos armados y economías ilícitas. No significa apoyo abierto al crimen, pero paraliza mecanismos de coordinación rápida y confianza interestatal.

Las alianzas superpuestas promovidas por Rubio resultan relevantes. Un país puede integrarse al Escudo de las Américas, participar en la Conferencia de Ministros de Defensa, asistir a reuniones contra el terrorismo o cooperar bilateralmente con Estados Unidos con compromisos distintos.

Tal vez América no logre unirse alrededor de una sola ideología. Pero puede unirse para enfrentar una amenaza que desconoce fronteras, destruye instituciones y debilita la soberanía de todos. En esa convergencia, la seguridad puede convertirse en el eje común para construir esa unión que la región no ha conseguido por otros caminos.

Compartir esta nota:

Facebook X LinkedIn WhatsApp
Berit Knudsen

Berit Knudsen

Internacionalista

Ver todos sus artículos →
Last modified: 19 de julio de 2026
Close