Escrito por 07:23 Opinión

Juntos (Aliados) Por El Perú, por Juan Carlos Llosa Pazos

Todo parece apuntar a que tendremos una segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. Se repite la película de terror. Nada aprendemos. Otra vez el enemigo de la prosperidad, de la paz y del desarrollo del Perú se está posicionando como uno de los contendores del balotaje. Si los resultados que anuncie el JNE son a favorables al marxista-leninista camarada Roberto Sánchez, nuevamente estaremos ante la enorme posibilidad de que un partido comunista alcance el gobierno. Increíble. Dudo que otro país en el planeta este tan cerca de cometer la misma insensatez: elevar dos veces seguidas a un comunista al poder por las urnas.

¿Qué nos pasa?

Es altamente probable que en la elección anterior haya habido fraude electoral. Y, ¿quién estaba a cargo del proceso en ese momento? Nada menos que el inefable Piero Corvetto, a quien hoy -nuevamente- se vuelve a señalar como responsable de otro un muy posible fraude electoral, del cual existen indicios y circunstancias muy sospechosas, que habrían buscado quebrar la voluntad de buena parte del electorado. Hasta el momento la ha librado bien Corvetto, con abogado rojo, sin mostrar el menor atisbo de responsabilidad. La izquierda cosmopolita (caviar) a la que pertenece, se mueve con habilidad, cuyo oráculo se  ubica en la facultad de sociales de la Universidad Católica (PUCP) -y bien que lo sé- donde él fue alumno predilecto de Fernando Tuesta, en la maestría de ciencia política hace más de 20 años. Lo han cubierto judicial y mediáticamente. No ha de extrañar que pronto lo veamos trabajando fuera del país en un organismo internacional de esos cuya principal bandera es su odio a Trump.

A pesar de los antecedentes del 2021, poco o nada hicimos para impedir que ese sujeto, soberbio y caradura, permanezca en la ONPE, es decir, en la institución que cuenta los votos, la que, de actuar incorrectamente, está en capacidad de torcer la voluntad popular.

Es importante recordar, que el almirante Jorge Montoya presidió una comisión que encontró muchas irregularidades en el proceso del 21. Se sometió al Pleno el informe final de la comisión y el rojerío, los caviares y sus tontos útiles lo archivaron. Con ese espaldarazo, Corvetto se aseguró el puesto y siguió avanzando, libre, feliz, directo al próximo entuerto. laissez faire, laissez passer, lo dejamos hacer, lo dejamos pasar. A llorar al río.

Esta vez ha sido más sutil, más difícil de demostrar que la vez anterior, pero lo cierto es que la sospecha, la duda de la legitimidad se ciñe sobre la ONPE, que tendrá que ser totalmente restructurada. Es la ONPE otra de las instituciones públicas dominadas por la izquierda cosmopolita. Y en nuestras narices. ¡No importa pues!, porque lo que sí importa es la macroeconomía, que Julio Velarde siga al frente del BCR, que la tasa de interés, que los bonos, con eso se arregla el Perú…

Durante 26 años hemos escuchado la misma monserga, “el milagro peruano”, frase con la que se han llenado la boca, entre otros los tecnócratas neoliberales, seudo derechistas, mientras la educación nacional estaba  en el nivel más bajo de la región  lo mismo que la salud, la seguridad etc,  y a la vez que la izquierda cosmopolita imponía la agenda política  en el país, sin hacerle ascos al modelo económico —como en su momento también lo hizo el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez en Venezuela tras el famoso caracazo—, llevándonos muy dignos —eso sí— e inmaculados  derechito  al despeñadero.

Tropezamos de nuevo con la misma piedra, como dice la canción de Julio Iglesias, una y otra vez. Si llegase Sances al poder finalmente, merecido lo tendremos, qué duda cabe. Nos gusta el flagelo, nos gusta el desorden, aunque no lo admitamos, y nos encanta echarle la culpa a todo el mundo de nuestras desgracias: a los españoles, a los chilenos, a los terroristas, a los árbitros, en fin. Siempre hay una buena excusa para accionar la palanca de retroceso.

A pesar de toda esta carga pesada, tengo la convicción de que Keiko Fujimori sabrá ganar el balotage. Tengo fe en ello. De alcanzar el poder, fácilmente obtendrá mayoría en las cámaras, y la mesa estará servida para que el fujimorismo haga un buen gobierno, por el legado de don Alberto, preso político por años de carcelería  inaudita —con la indiferencia de  la gran mayoría—  por la injusta persecución a muchos de los  miembros   de las FFAA —que muy poco o nulo apoyo les dieron en 26 años, deslealmente,   los fujimoristas— por la continuidad de su partido político, en fin, por el Perú, que no puede volver a ser gobernado por comunistas sinvergüenzas, incompetentes y trasnochados. Con Castillo tuvimos más que suficiente. Tal vez este por llegar el tiempo de ajuste de cuentas. Ojalá. No será venganza, sino justicia.

El fujimorismo, guste o no a muchos, es la fuerza política más importante del Perú, pero a la que le falta aún mucho por consolidarse. En el año 2008, el director de La Razón de ese entonces, me publicó un artículo titulado: ‘Los fujimoristas tienen el reto de construir un partido permanente’. Lo hice con el seudónimo de Alcides Albente, un personaje que la imaginación de mi niñez creó. En ese artículo insistí en la necesidad de que el fujimorismo debería afirmarse como una derecha popular, patriótica y nacionalista. Pareciera que están dando señales de eso, por lo menos de lo primero; lo segundo y tercero, más importante aún, tendrá que ser demostrado ahora más que nunca, si llegan a ser gobierno.  

Por su parte, los líderes de Renovación Popular (RP) deben considerar; a pesar de que, como muchos peruanos, pensamos que ha habido fraude en las dos últimas elecciones presidenciales; que el resultado que han obtenido   en esta última, es muy similar al del 2021. Esto tiene el agravante de que tuvieron cinco años para mejorar su desempeño. A ello se suman las torpezas y los malos pasos de Rafael López Aliaga,  —em pleito con todos incluida su sombra— quien afirma “no ser político” como si se tratase de un mérito. La política es para los políticos, y ahí están los resultados. Nadie puede sostener, sin caer en profunda contradicción, que quiere entrar a la cancha para jugar fútbol, y al mismo tiempo afirmar que no quiere patear la pelota.

RP tendrá un papel protagónico en un próximo gobierno fujimorista y debería apuntar a las elecciones regionales de octubre, si es que no lo está haciendo ya. Sin embargo, soy de la opinión que deberían trabajar de la mano con Fuerza Popular (FP), en esto último  y claro en el parlamento. El fujimorismo, por su parte, tendría que mostrar   madurez política para aceptar que no podrá solo. Más allá de los exabruptos de RLA, en Renovación Popular habrá con quién entenderse, no sólo para asegurar la gobernabilidad, sino para proyectarse a largo plazo, cual sean los resultados del balotage.  Juntos por el Perú, verdaderamente y en alianza.

​Si los líderes de RP, dados los casi idénticos resultados obtenidos en la dos últimas elecciones presidenciales, no entienden esto, más temprano que tarde terminarán como el PPC: un partido fundamentalmente limeño, pero sin el talento de los “sabios de la tribu” de antaño, como el “Tucán” Bedoya, Ernesto Alayza Grundy, Mario Polar, Roberto Ramírez del Villar y muchos otros cuadros.

Precisamente eso es lo que necesita RP: cuadros políticos. Sobre todo, jóvenes, que los hay y muy talentosos, a los que se les dé la oportunidad de hacer carrera en el partido político, en vez de que busquen abrirse paso en la vida política  en las mypes electorales que hoy fungen de partidos, cuyos nombres, en su gran mayoría suenan a adorno rimbombante, muy lejos de lo que significa un partido político que define con claridad la ciencia política en  teorías como la  del famoso politólogos Giovanni Sartori, y que se caracterizan  por  ser “una estructura organizativa jerárquica, con líderes y miembros que ocupan diferentes roles y responsabilidades” y “tienen un conjunto de ideas y objetivos políticos que buscan implementar si acceden al poder”..

Es decir que, como en toda organización, la jerarquía la dan los años de militancia basados en la lealtad, la experiencia y la lid en la arena. De ahí que, a golpes, Keiko Fujimori haya comprendido que los fundadores de su movimiento —que en esencia es un populismo conservador— debían volver a tener cabida figuras notables como Martha Chávez, aguerrida y lealísima lideresa de esa derecha popular que tiene un reto grandísimo el próximo quinquenio.

Por otra parte, lamentablemente la última elección ha dejado fuera a muchos derechistas destacados como Adriana Tudela, joven   inteligente que tiene un gran futuro político. Si en vez de partidos se tratase de empresas exitosas, ya se estarían peleando por ese talento.

Existen muchos otros derechistas destacados que iban por la reelección o postulaban por primera vez, y han quedado fuera de la contienda, como Carlos Espá, Jorge Montoya, José Williams, Fernán Altuve, Juan Carlos Liendo, Milagros Bellido, Alejandro Cavero, Jean Pierre Jáuregui y varios más que todavía pueden hacer mucho por la política peruana y, por ende, por el país.

Para ello tiene que darse un encuentro entre conservadores y liberales —a pesar de que estos últimos siempre tienden al individualismo— para que por fin tengamos una derecha sólida en el Perú.  

Ahora FP y RP tienen que caminar juntos. Se requiere desprendimiento y dejar de lado la soberbia. En suma, ser patriotas y, como bien dijo Keiko Fujimori, tener claro que el enemigo es la izquierda. Solo así se podrá hacer frente al desmadre en el que vivimos.

Es tiempo de dejar de lado las “medias tintas” del centro o la centroderecha (que no son ni chicha ni limonada). Se necesita construir una derecha   conservadora-liberal, valiente, nacionalista y patriota. No la tenemos; realmente nunca la hemos tenido, salvo excepciones como la Unión Revolucionaria (UR) y la Unión Nacial Odriista (sucesor del Partido Restaurador del Perú).

Por otra parte, sería buena señala que ciertos sectores de buena posición social y económica muestren algo de patriotismo por alguna vez y dejen la insensatez -tantas veces puesta de manifiesto-de creer en personajes “de lujo” que resultan ser mercenarios fracasados, como Pedro Pablo Kuczynski o Hernando de Soto, asociados erróneamente a las derechas, y esto incluye  a los caviares solapas  como Jorge Nieto. Como bien dijo alguna vez PPK (en declaraciones al diario Correo): “Es una estupidez decir que yo soy de derecha”. Y tenía toda la razón, y añadiría que estupidez -siendo generoso con el termino- fue precisamente su paso por la presidencia. No olvidar, país amnésico.

Uno de los temas más importantes que deberá abordar el próximo Congreso —el cual esperamos cuente con una mayoría de derechas a partir del 28 de julio— es la derogación de la nefasta ley electoral vigente. Esta norma ha permitido una vorágine de candidaturas irrelevantes cuyo desborde ha causado desconcierto y saturación en el electorado.

Se ha caído en una suerte de ‘democracia participativa’ que es de esencia socialistoide   y que resulta ser la peor enemiga de la democracia representativa, al ocasionar el debilitamiento del vehículo fundamental de representación nacional: el partido político, distinto a la mype electoral que esta generalizada. Si bien el partido es imperfecto, es la base de, más que de las democracias, de las poliarquías (término acuñado por el famoso politólogo Robert Dahl) que, hasta hoy, constituye el mejor sistema de gobierno, parafraseando la célebre frase de Winston Churchill.

Una nueva ley electoral también debería poner fin a  los movimientos regionales o mypes electorales caudillistas, formadas únicamente para elevar a un sujeto, muchas veces inepto y sinvergüenza, en su postulación a la jefatura de gobiernos regionales. Deben existir únicamente partidos de orden nacional; ya no estamos para mypes, para empresitas electorales que desestabilizan, atomizan y dificultan el proceso electoral y, más que ello, a la democracia representativa. ¡Basta de experimentos!

Esta nueva ley deberá comprender a las organizaciones vigentes, pero también debería incluir a partidos históricos como el APRA, el PPC y Acción Popular (AP). A estas instituciones nunca se les debió exigir recolección de firmas, pues su trayectoria —con la que se puede estar a favor o en contra— es indiscutible. Su credencial para competir en cada elección es la Historia, en algunos casos centenaria, respaldada por una militancia y doctrina que se mantienen vigentes.

Asimismo, ¿por qué no plantear también el resurgimiento del Movimiento Libertad? Esta fue la mayor, aunque efímera, agrupación política liberal de masas de la historia del Perú. Su retorno podría estar liderado por Lucas Ghersi, un político joven y talentoso con un gran futuro por delante.

Un futuro gobierno fujimorista, tendrá que, entre otras acciones, reivindicar el rol de Alberto Fujimori en la salvación del país. Sin olvidar   los errores que cometió, en las sumas y restas el saldo es positivo, muy positivo: salvó al Perú de la debacle a la que lo condujo Alan García en el que fue —junto al de Mariano Ignacio Prado— el peor gobierno de la historia republicana.

Tendrá también que desvincular al Estado peruano del ruin informe de la CVR, reformar la educación, descaviarizandola, desrojizadola y ‘deswokizándola’, y transformar la administración de justicia. Se requieren castigos implacables contra la subversión y el sicariato, además de aplastar la corrupción que nos putrefacta. En fin, la tarea es ardua: 26 años de ‘República Caviar’ requerirán un esfuerzo titánico para desarmar toda la ignominia y recuperar nuestro país de las garras del desorden y la ineficiencia. Será una oportunidad de oro. Que no se deje pasar.

Visited 6 times, 6 visit(s) today
Etiquetas: , , , , , , , , , Last modified: 3 de mayo de 2026
Close