Escrito por 20:48 Opinión

Aprendices de brujo, por Víctor Andrés Belaunde Gutiérrez

Muchos recordarán la fábula del Aprendiz de Brujo. En ella el perezoso ayudante de un hechicero desea ahorrarse el sudor de algunas tareas que le han encomendado y con los conocimientos aún limitados que le ha transmitido su maestro, instruye a una escoba que realice sus trabajos. El resultado es que desencadena un verdadero desastre, incontrolable, que sólo culmina cuando retorna el Brujo y pone orden en la situación, revocando los hechizos imprudentes de su aprendiz.

Algo así ha venido sucediendo con el sistema político y electoral peruano. Cierto sector político creyó, vana ilusión, que podrían manipular las reglas a su favor para alcanzar y mantenerse indefinidamente en el poder. No es que las elecciones fueran grotescamente fraudulentas, a lo Maduro en Venezuela, simplemente el sistema quedaba torcido para facilitar que los resultados se orienten en una determinada dirección.

Las elecciones de 2016, por ejemplo. Las pequeñas manipulaciones eran el ingrediente final que aseguraba el resultado deseado. Ciertamente, no fueron el único factor, pero si el puntillazo final. Pero, a partir de ese momento, las cosas empezaron a suceder como en la famosa fábula, la manipulación funcionaba demasiado bien para sus propios objetivos.

Vizcarra resultó ser un personaje sociopático y carente de frenos morales, además de inepto (mala fe e incompetencia, mellizos frecuentes). Pero continuaron manipulando. Una famosa ONG, dedicada a cuestiones jurídicas y periodísticas, devino en omnipotente, siendo apodada “La Nave Nodriza”, produciendo encantos sin descanso. La persecución judicial y prisión de la señora Fujimori y la muerte de Alan García fueron algunas de las consecuencias de la febril actividad de estos aspirantes a brujos.

Uno de los malhadados conjuros de la época fue la mal llamada reforma política de Vizcarra, que fraccionó aún más el ya dividido y atomizado espectro político peruano, resultado que experimentamos a cabalidad recién en la primera vuelta de este proceso electoral.

Antes de ello, acabamos con Castillo. Una semana antes las encuestas planteaban un escenario totalmente distinto, pero cuando la realidad habló las cosas fueron diferentes. Castillo ciertamente no era el resultado que esperaban los aprendices, pero, pensaron que lo manipularían vía nuevos y más sofisticados conjuros que lo mantendrían a raya, en la cómoda ilusión que ellos serían los poseedores reales del poder.

Se equivocaron de cabo a rabo y si la aventura de Castillo fracasó fue por su propia torpeza. Para entonces, además, los hechizos habían ingresado al territorio de beneficios declinantes, en una curva bastante pronunciada.

Los conjuros de la reforma política buscaban encumbrar a la izquierda progre urbana. El resultado fue otro, fortalecer a las minorías organizadas y los partidos políticos con organicidad. La izquierda, o para ser más exactos, el desencanto del Perú rural y provinciano cuya representación ha secuestrado la izquierda, es la primera minoría organizada del país. En un ambiente de extrema atomización, es muy probable que desplacen a los demás grupos políticos, como en efecto ocurrió.

Al mismo tiempo, el único partido político con una verdadera organización nacional y adeptos por todo el territorio es Fuerza Popular. Es predecible que también desplacen a otros grupos y pasen a la segunda vuelta para enfrentar a los que se irrogan la representación del descontento rural.

El cálculo de los progres incluía el segundo elemento, pero no el primero. Pensaron que ellos serían los beneficiarios de ese descontento y que, en una segunda vuelta, siempre le ganarían a Fuerza Popular, con un poco de ayuda, si fuera necesario.

Un elemento interesante es la extraña conducta de los encuestadores ¿hechiceros también? Propalaron resultados técnicamente correctos, pero con el orden de llegada invertido. Mientras ellos anunciaban que en el conteo rápido Roberto Sánchez se imponía, una serie de personas privadas, armadas de sólo conocimiento de estadística y premunidos de la data pública disponible para todos en el portal de la ONPE anunciaban con matemática precisión el resultado que estamos observando.

Me preguntó que pretendían estos encuestadores y si es que realmente no estaban leyendo lo mismo que estas personas. El más famoso de ellos declaró al día siguiente en televisión que los colaboradores de su empresa, viendo el trabajo de estos estadísticos aficionados, de forma individual, habían hecho números y corrido escenarios, en los que la señora Fujimori salía favorecida casi todas las veces, por lo que probablemente sería la ganadora.

Cabe preguntarse si la presentación de sus resultados, en especial la forma en que lo hizo fue un amago de conjuro, o, simplemente, desprolijidad.

¿Qué pasó? ¿La realidad superó el alcance los conjuros? Aquí, ciertamente no hubo revocatoria de embrujos, como en el famoso encanto, quizá estos simplemente, se agotaron, expiraron, dejando para siempre de funcionar. Ojalá.

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Víctor Andrés Belaunde

Víctor Andrés Belaunde

Abogado

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Last modified: 20 de junio de 2026
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