Escrito por 09:28 Opinión

Indulto, memoria y perdón, por Víctor Andrés Belaunde Gutiérrez

La izquierda que vociferó durante largos años en contra del indulto humanitario a favor del expresidente Fujimori ahora reclama como condición para la paz social, el otorgamiento de dicho beneficio al señor Castillo. Más allá de no cumplirse, aún, los presupuestos legales y procesales para la concesión de dicha gracia, nunca deja de sorprender el doble rasero de la progresía, a veces de proporciones suicidas.

En el caso del presidente Fujimori, además, concurrían circunstancias especiales, ausentes en el de Pedro Castillo. La primera es que venía cumpliendo sentencias, contra las que ya no cabía impugnación alguna y que, dada su edad, suponían, en la práctica cadena perpetua, o algo muy cercano a ella.

La salud del expresidente, además, se deterioraba, lenta pero sostenidamente, sufriendo diversos males, entre ellos uno oncológico, que, aunque controlado se mantenía presente. Los opositores al indulto querían que el expresidente este agonizante para recién entonces considerar siquiera la posibilidad de su salida de prisión. Su misión en la vida parecía que Alberto Fujimori muriese en Barbadillo o mejor aún en alguna cárcel común.

En el ámbito político, la hoy presidente electa Fujimori, cuidó, además, de no relacionar la concesión de una gracia presidencial humanitaria, con algún tipo de pacto político, el camino erradamente escogido por PPK. Al adoptarlo, sus propios aliados lo traicionaron y la izquierda que antes lo había protegido de la vacancia, dejó de hacerlo, permitiendo su caída pocos meses después.   

La respuesta inmediata de estos al indulto navideño que PPK concedió, fue apersonar un tumulto en la puerta de su casa en la calle Choquehuanca de San Isidro, fregándole el festejo a todo el vecindario. El sentimiento cristiano y el espíritu navideño, ciertamente, no tienen porqué habitar en el corazón ateo de los filo marxistas, pero, la protesta en la misma Nochebuena que montaron dice mucho de la falta de nobleza que los anima.

La gestión del presidente Fujimori, además, independientemente de la justicia o injusticia de sus condenas, tuvo aspectos que no pueden soslayarse:

Estabilización económica, control de la hiperinflación, sometimiento de Sendero Luminoso y del MRTA y el establecimiento de una paz largamente elusiva con el Ecuador; para mencionar los más importantes. Nos gusté o no, el Perú volvió a tener futuro y empezó a ser visto con admiración por la forma en la que había escalado desde las profundidades de la fosa del desastre en la que nos encontrábamos sumidos.

El señor Castillo, por el contrario, no tiene mayores ni tampoco menores logros que exhibir. Simplemente dejó al Perú en el caos y pretendió establecer una dictadura, aliado de los remanentes políticos de Sendero Luminoso. Una dictadura para lo cual el señor Jorge Nieto Montesinos, uno de los proponentes del dislate materia de comentario, sería tan o más enemigo que cualquier derechista recalcitrante y quizá más. Los marxistas de a de verás, desprecian profundamente a los que consideran de mentirillas, como los habitantes del universo caviar.

En todo caso, que la ejecución del golpe castillista fuese escandalosamente torpe e inefectiva, no aminora su responsabilidad.

Si el señor Castillo estuviese en la ancianidad, con la salud quebrantada, imposibilitado en la práctica de participar mayormente en la política activa, hubiese cumplido ya una porción importante de sus condenas y la plena ejecución de estas implicase su fallecimiento en un presidio, entonces la cosa sería distinta, pero el día de hoy no lo es.

Todo lo contrario, su liberación es un objetivo político con el fin mediato posterior de derribar al actual régimen constitucional. Un eventual indulto a su favor se asemejaría a la suicida liberación de Hugo Chávez por parte del presidente Rafael Caldera en 1995, tres años después de su fallida (y sangrienta) intentona golpista y que permitió que se agrupen a su alrededor todos los descontentos que en ese entonces había en Venezuela. El resultado fue el establecimiento de la feroz dictadura que padecen, que ojalá este en su etapa final.

El señor Castillo no debe ser tratado con crueldad ni ser objeto de venganzas. Debe ser tratado con justicia. El primer paso de esta es que sea condenado, cuente con sentencia firme y se avance en su cumplimiento. Si en años posteriores surgen circunstancias, como las que se plantearon en el caso de Alberto Fujimori, podrá entonces evaluarse un indulto humanitario; pero de ninguna manera para que salga de prisión para dedicarse al derrocamiento de la Constitución.

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Víctor Andrés Belaunde

Víctor Andrés Belaunde

Abogado

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Last modified: 19 de julio de 2026
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